VolksIbra

Eintracht Frankfurt - butcher.christian

En “Profesor Schön”, André Schön expondrá mensualmente sus opiniones más personales sobre temas relacionados con el fútbol alemán.

Al aficionado español no le sonará este nombre y tampoco le va a llamar demasiado la atención. Él, Alexander Meier, es un jugador que firmó una gran primera vuelta en la Bundesliga -llegó a ser el máximo goleador- y tan solo Arjen Robben (16) ha conseguido superar su registros (14) con sus brillantes actuaciones en las últimas fechas. Pero esto no solo pasa en España, incluso en Alemania no todos los aficionados lo conocen suficientemente bien. De hecho, yo conozco su nombre por una razón, una búsqueda, que compartí (creo) con muchos de mis compatriotas alemanes.

Hasta hace unos años, en la Bundesliga todavía reinaba la idea del delantero puro. No había nadie que pudiese reemplazar lo que representaban Klose o Mario Gómez, en el caso de que ambos se ausentaran (por lesión u otro motivo). Rara vez aparecían nueves de gran calidad y enseguida se podía comprobar que los que triunfaban no eran alemanes. Este jugador no es “nuestro“, pensaba la gente. Gekas, Dzeko, Mintal, Grafite, Ailton, o Luca Toni, sin ir más lejos. Había un gran vacío.

Esta dolorosa ausencia creció, cuando mi generación escuchaba los nombres de Thierry Henry, Dennis Bergkamp, Raúl González o Ibrahimovic. Con un poco de suerte, el equipo que tú animabas jugaba la Champions y continuamente estos dioses aterrizaban entre semana en tu campo cuales extraterrestres que pisaron Egipto para construir los pirámides. Le parecerá exagerada al lector la comparación. Sin embargo, no habrá vivido la emoción de los aficionados del Bayern cuando un tal Roy Makaay llegó al Bayern. Si la llegada de Roy Makaay fue una fiesta, la noticia del fichaje de Robben -a quién tildaron de “fracaso“, o de “jugador de cristal“ por sus continuas lesiones- desde el Real Madrid fue un terremoto en la capital bávara.

makaay -riazororg Makaay llegó al Bayern tras ser Bota de Oro en el Dépor. Foto: Riazor.org

No había nadie que pudiese reemplazar lo que representaban Klose o Mario Gómez, en el caso de que ambos se ausentaran (por lesión u otro motivo). Rara vez aparecieron nueves de gran calidad.

He olvidado muchísimas noticias en mi vida. Sin embargo, nunca olvidaré aquel día. Estaba en el Camino de Santiago, a la altura de Asturias. Tomaba café en un albergue de madera y buscaba algo para esperar a que los otros alemanes (también peregrinos) tomaran distancia. De esta forma podría seguir el camino a mi propio ritmo. Así fue. Cogí un periódico deportivo y al hojear leí la noticia del fichaje de Robben por el Bayern. Nada más verlo, temblé, y el café tembló conmigo. No fue lo único que sucedió, acto seguido superé a los alemanes que me llevaban 30 minutos de ventaja en el camino hacia la Catedral de Santiago. La reacción inmediata fue la de euforia, o no… quizás fue más la sensación de susto la que recorría mi cuerpo. Yo era un poco diésel pero ese día esa noticia me dio una gran inyección de gasolina. Una sensación agridulce porque el dolor por la ausencia de un nueve seguía presente. “¡Ojala tengamos uno de ellos un día con pasaporte alemán!”, exclamé para mis adentros.

El fichaje de Robben por el Bayern fue una sensación agridulce porque el dolor por la ausencia de un nueve seguía presente.

Pero no lo teníamos. Sólo teníamos a Miroslav Klose. Un delantero que no pasaba por su mejor momento en el Bayern. Me desesperé al pensar: ¿si un delantero alemán no destaca ni en el Bayern… cómo podrá hacerlo en el extranjero? ¿Cómo se va a comparar con los Ibrahimovic, Raúl o Dzeko?

Siendo consciente de esto, durante años me puse a escanear las tres primeras categorías del fútbol alemán (Bundesliga, 2.Bundesliga y la 3. Liga). Nombre que veía, nombre que apuntaba tras hacerme las preguntas a mí mismo, en silencio, pero al mismo tiempo extasiado por querer encontrar un delantero que cumpliera con esas características: “¿Quién marca los goles? ¡Este! ¿Tiene nombre alemán? ¿Sí? ¿Cuántos años tiene?”

Durante años estuve escaneando las primeras divisiones del fútbol alemán en busca de ese delantero que no teníamos. Estaba extasiado por querer encontrarlo.

La decepción era la reacción más frecuente a mis inquietudes. Siempre que encontraba a alguien que encajara con mis demandas tenía nombre alemán pero apellido eslavo. O ya tenía 29 años y era “solamente” un buen futbolista que marcaba goles en una categoría inferior. Nada comparable a Rudi Völler, Jürgen Klinsmann o, bajando un poco el nivel, Carsten Jancker.

Y de repente, un nombre y un apellido alemán: Alexander Meier, del Eintracht Frankfurt. Es joven, marca muchos goles, tiene 22 años y ya lo han convocado para la selección nacional de 2006 (llamado Team 2006). Este Team 2006 lo había formado la Federación Alemana de Fútbol con el propósito de probar a más jugadores para la selección. Al disputarse la Copa del Mundo en casa, tomó un cariz más competitivo y, por extensión, más relevante a nivel internacional. Sería parecido a una especie de “draft” en la selección de Estados Unidos: prueban a jugadores susceptibles de entrar en una convocatoria con la selección nacional. Desde fuera puede tener poco sentido, pero al final algunos entrarían en la lista de 23 para aquél mundial que se celebraría en el país a las órdenes de Jürgen Klinsmann. Al resto, nunca los volveríamos a ver.

Alex Meier parecía uno de esos que no volveríamos a ver… hasta que esta temporada llegó Thomas Schaaf. Si comparas el número de goles que marcó Alex Meier, hoy en día con 31 años, con su carrera futbolística (en declive y casi terminada), ves que sólo en los últimos años -bajo la dirección de Armin Veh- anotó una cantidad de tantos a tener en cuenta: 48 en 96 encuentros. Una media de un gol cada dos partidos. Algo que parece empeñado en batir bajo el  “Schaafismo”.

Thomas Schaaf (Steindy) La llegada de Schaaf ha relanzado la carrera de Meier. Foto: Steindy.

Para muchos aficionados del Eintracht Frankfurt quizá no sea demasiado extraño esto que sucede con Meier, pero para mí sí es significativo. Es uno de los muchos “nueves” que no iban a llegar al primer nivel, o al menos eso parecía. No obstante, con entrenadores como Friedhelm Funkel (su técnico en Frankfurt hasta 2009) costaba creer que pudiera destacar. Un preparador que siempre priorizó lo defensivo antes que lo ofensivo: “tenemos que ser fuertes en defensa y si tenemos suerte y acierto podremos marcar algún gol a la contra”. Con esa visión, un delantero que no sea autosuficiente pasa mucha hambre en el área. En Frankfurt no contaban con más delanteros: buscaban la estabilidad después de haber bajado a segunda división y haber perdido el nombre (y prestigio) de ser uno de los “dinosaurios” de la  Bundesliga. El director del Club, Heribert Bruchhagen, aprobó las ideas de Funkel durante 5 años. Fútbol sin demasiados riesgos. Los hinchas del Eintracht no estaban satisfechos con este entrenador. La presión de la hinchada contra la directiva, amén de la opinión pública, terminó pudiendo más que los deseos de Bruchhagen: Funkel fue destituido como técnico del club. Pese a la etapa del renano en el club, una estrella fugaz llamada Alex Meier empezó a brillar con luz propia. Eso sí, en esas temporadas sus estadísticas hablan por sí solas: 144 partidos y 37 goles.

Llegó Skibbe y tampoco parecía que la cosa mejorara demasiado: 60 partidos, 13 goles. El Eintracht Frankfurt en la Bundesliga era un equipo pobre, sin alma, y sin la competitividad de antaño. Se conformaba con no descender. Esa estrella fugaz parecía apagarse paulatinamente. Tan sólo Armin Veh haría cambiar de rumbo el destino que iba a tomar la carrera de Meier. Pero la mejoría todavía no era suficiente. De hecho, algunos habíamos aceptado que él nunca sería una estrella alemana. En el mejor de los casos emulaba a Martin Max: tres veces máximo goleador de la Bundesliga, que jugó un sólo partido en la selección.

Ese perfil de nueve que tanto se demanda en el fútbol moderno (que cubra mucho terreno de juego sin descanso) ya lo tenemos en Kiessling, quien -dicho sea de paso- tampoco tiene ningún papel en la selección. Así que no quedó más que la simpatía por un jugador que pasó desapercibido muchos años. Sólo se le mencionaba con compasión y melancolía. “La envidia te la curras, la compasión es gratis”, eso decimos en Alemania. “Lo que pudo ser y no fue”. Mucha decepción y frustración. Frustración porque tenía toda la pinta de que sería como Markus Schroth (delantero por el cual perdí una apuesta). Un día alguien me dijo: “Este no marca ni 20 goles en  Bundesliga”. No me lo podía creer y dije que marcaría, al menos, 30 goles.

Gracias a los smartphones e Internet, no me ocurriría lo mismo (hoy por hoy) con Alex Meier. Más que nada porque, viendo que él, (nacido en las afueras en el sur de Hamburgo) marcó ya 13 goles esta temporada, me decidí a contrastar más información. Entré en Transfermarkt y observé lo siguiente: en 12 años de carrera el  “Fussballgott” superó los 100 goles entre primera y segunda división, cifra que superó la pasada semana. Más concretamente el miércoles diecisiete tras marcar dos goles contra el Hertha. Un hecho de lo más significativo el haber marcado en 2. Bundesliga, porque ahí siempre marca una tonelada de goles. Pero no pasó suficiente tiempo en la 2. Bundesliga para tener más goles en total. Sólo en los últimos años ha llegado a estos números en la 1. Bundesliga. Este, parece que va a superar sus propios récords…

En Frankfurt lo llaman “Fussballgott” y la razón es que sus goles en la 2. Bundesliga hicieron subir al Eintracht de Frankfurt. Pero ojo con el nombre “Fussballgott”. El apodo no deja de ser irónico. Al primero que llamaron así fue a Jürgen Kohler, campeón de todo aquello que se puede ganar (Mundial, Eurocopa, Champions League, Copa de la UEFA, Bundesliga) pero un jugador poco estético con el balón en los pies; es decir, técnicamente limitado. El origen del apodo de “Dios del fútbol” llegó con Thomas Linke, un jugador del Schalke que tenía las mismas características que Kohler. “Fussballgott” quiere decir lo siguiente: “Eres un apasionado, como nosotros los fans, pero peleaste más por conseguir tus sueños y nosotros sentimos cómo estás luchando día tras día para mantenerte en el primer nivel. Como eres la prueba que los sueños se cumplen, te amamos. Y te amamos más cuando haces algo bueno para nuestro equipo”.

Alex Meier, con sus dos metros de envergadura, se asemeja a Zlatan Ibrahimovic. Quizás porque, como a cualquiera de nosotros, le faltan las capacidades extraordinarias del magnífico Zlatan, surgió su apodo. Consiste en ser como Zlatan sin serlo realmente.

Sin embargo, hay un gran “pero” al apodo. Más que el hecho de llamarle “Dios del fútbol”, Alex es una realidad. Ya es demasiado bueno para ser uno de nosotros. Habría que agradecérselo a Veh, o al Schaafismo. Aun sabiendo que sus vídeos no los van a ver millones de personas por Youtube o Vine, creo que hay un punto medio entre “Fussballgott” y Zlatan. Quizás tendríamos que darle un nombre nuevo. Un apodo que reúna estas características, pero que marque cierta distancia con un jugador de la dimensión de Zlata. Ese nombre es “VolksIbra”: el Ibra del pueblo.

A Alex Meier le quedan como máximo tres o cuatro años en la Bundesliga. Deseo que supere los 100 goles (solo) en la Bundesliga en estos años. Si sigue como hasta ahora no le será difícil. Su estrella nunca va a lucir como la de Ibra pero la gente lo va a recordar como “uno de los nuestros”.

Corrección y traducción del texto desde el alemán realizada por el equipo de Underground Football,adaptación de Marcador Internacional.
Foto de portada: butcher.christian.

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5 comments

Muy bueno el post. Echo de menos una mención a Patrick Helmes, que también comenzó a despuntar -si podemos usar esa palabra- en la misma época que Kiessling y Meier.
Por cierto, creo que Martin Max solo fue máximo goleador dos veces, y formó, ya casi a punto de retirarse, la delantera del 1860 que descendió por última vez (snif), junto con Schroth.

correcto! pichichi 2000 y 2002. 2003/04 mejor goleador ALEMÁN con 20 goles. gracias por corregirme.

Lo de Helmes es cierto: Pudo ser mucho más que un “Volksibra”. Sin sus lesiones infinitas podría haber sido más que Gomez creo.

Solo hace falta que escribas sobre VolksIbra para que haga doblete y casi triplete. La carrerilla del tercero es de clase, pero falla, ya que no es dios. Es VolskIbra

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