Esperaban un artista, se encontraron un currante

Foto: Brandsgym

El 16 de enero de 2013 transcurría con bastante intrascendencia: no tenía pinta de que fuera a pasar a la historia. Seguramente a alguno le había cambiado la vida ese día, pero no parecía que fuera a ser una de esas fechas que uno iba a encontrar después en una página de Wikipedia. Como casi siempre en el invierno muniqués, hacía frío, creo que nevaba incluso y yo me estaba tomando un kebab en la kilométrica Dachauerstrasse mientras miraba a mi móvil, signo distintivo de los tiempos que vivimos: casi todo lo relevante te pilla mirando a tu teléfono. De repente, Twitter se incendió: el oficialista diario Bild colgó una noticia confirmando lo que Sky Italia había anunciado días antes y poca gente se había tomado en serio: Pep Guardiola sería el entrenador del Bayern de Múnich a partir de la siguiente temporada. Poco después, la cuenta oficial del club confirmó la noticia. La bomba había estallado: de repente, y sin que la gente fuera consciente de ello en ese momento, Múnich pasaba a ser el epicentro del mundo, el lugar al que viajaban al unísono las mentes de los aficionados del fútbol para fantasear con lo que allí iba a ocurrir a partir del próximo verano.

La primera reacción que sentí por parte del país fue de orgullo: el entrenador más codiciado del mundo se había decantado por un club de la Bundesliga, pudiendo elegir cualquier otro. Alemania perdía ese complejo respecto a otras ligas: se sentía atractiva, glamourosa, observada, apetecible. Su liga ya no era algo tan local, tan nativo, tan propio, tan sólo del gusto de los alemanes sino que se globalizaba, pasaba a ser interesante incluso para el espectador de otro país y a cobrar relevancia en el ámbito europeo. Messi y Cristiano, iconos globales, ya no parecían extraterrestres de otras galaxias.

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La segunda: la incertidumbre. ¿Un hombre de fuera, sin ninguna vinculación con el club, en algo tan nuestro como es el Bayern? ¿Guardiola, visto como el paradigma de la estética, del juego ofensivo y lúdico, en un club tan pragmático, guerrero y prosaico como el gigante bávaro? ¿Xavi, Iniesta y el tiki-taka (odio usar este término, pero hay que rendirse: ha trascendido y ya simboliza internacionalmente toda una forma de jugar) donde Hoeness, Beckenbauer, Effenberg y Schweinsteiger? ¿Va a ser un señor de Santpedor capaz de transmitir su mensaje, de involucrar y seducir a sus jugadores, de imponer su particular forma de jugar en un entorno tan particular como es el del bávaro? Había dudas. Más allá de la excitación por que una rockstar del fútbol mundial como el catalán llevara el uniforme del Bayern, mis amigos bávaros se mostraban escépticos. “Yo creo que un hombre que conoce el fútbol alemán como Mirko Slomka hubiera sido más apropiado. Guardiola es un artista, seguramente un genio, pero sumergirse en el entorno del Bayern no es nada fácil. Me temo que fracasará.” Así pensaban más de uno y más de dos. El entorno muniqués, crudísimo cuando las cosas van mal, se había comido ya a muchos entrenadores que venían con nombre. Pep se los ganaría con algo que cualquier alemán valora: con trabajo y esfuerzo.

 Guardiola-Bayern-Focus

Pep aterrizaba en Múnich con un camino por recorrer repleto de expectativas e incertidumbre. Foto: Focus Images Ltd

Guardiola aterrizó en Múnich hablando un alemán correctísimo (increíblemente correcto, de hecho) para los que conocen la complejidad del idioma. Se preparó un discurso meditado, se rindió al trabajo de Jupp Heynckes y confesó que gente de su confianza de su confianza llevaba meses elaborando informes sobre el club bávaro. En sus primeros partidos de pretemporada, amateurs, ante equipos semiprofesionales y con casi toda la plantilla de vacaciones, sorprendió llamando a los chavales de la cantera por su nombre de pila, dando órdenes, gritando, corrigiendo con intensidad desde el primer minuto y extrayendo utilidad de partidos que estaban pensados para ser una fiesta: allí probó por primera vez a Lahm en el centro del campo, a Müller de delantero e implantó por primera vez el 4-3-3 que sería a la postre el sistema más utilizado por Pep. Alemania entendió el mensaje: Pep había venido aquí a currar.

Un magnífico gestor de recursos, un obsesivo preparador de partidos, un genial lector de lo que sucede en el campo

Hace falta personalidad para llegar de fuera, coger al capitán del equipo que lo ha ganado todo y decirle que cree que juega mejor en otra mejor posición. Ahora lo aceptamos con naturalidad, pero juguemos a imaginar qué hubiera pasado si no hubieran salido las cosas tan bien al principio, algo que no estuvo tan lejos de pasar. Guardiola aceptó con humildad desde el primer momento las particularidades del club bávaro y se integró en sus costumbres y peculiaridades, pero no le faltó valentía para hacer lo que sentía: cambió por completo la idiosincrasia del campeonísimo Bayern de Heynckes. Implantó el 4-3-3 frente al consolidado 4-2-3-1 de la última época del Bayern, cambió la salida lateral por la salida central, apostó por el fútbol control como base de todo, la posesión la iban a tener ellos y desde ahí construyó su sistema: Neuer perfeccionaría muchísimo su juego con los pies, Boateng y Dante se prepararían para superar líneas con el balón o salir en largo, Alaba y Rafinha aprenderían a jugar como interiores (los falsos interiores, quizá el gran legado táctico de Pep hasta ahora), Lahm sería un mediocentro que diera estabilidad atrás, que no la pierde bajo ningún tipo de presión, Kroos matizaría su fútbol hacia un estilo de toque, Robben, Ribery y Müller se integrarían en la particular nueva forma de jugar, sin por supuesto cambiar sus virtudes sino tratando de explotarlas al máximo… La posesión sería suya, el control lo tendrían ellos y el balón permanecería siempre lejos de su área. Eso era innegociable. A partir de ahí, un mundo de posibilidades.

Las lesiones lo complicarían todo en un principio. Bastian Schweinsteiger, el hombre pensado para ser el mediocentro posicional de su proyecto, se lesionaría hasta finales de Febrero. Thiago Alcántara y Mario Götze, sus fichajes estructurales, los dos futbolistas que Pep eligió para tratar de implantar su fútbol, no estarían al 100% y con continuidad hasta la segunda mitad de la temporada. A Guardiola le tocaba utilizar las riquísimas piezas que tenía a su disposición para tratar de paliar sus bajas: Se destapó como un magnífico gestor de recursos, consiguió seguir compitiendo, seguir ganando pese a que faltaran jugadores capitales. Para ello, se inventó al Lahm mediocentro, redescubrió a Rafinha, al que integró en su sistema y convirtió en un jugador superútil o devolvió a Javi Martínez a la posición de central. Además, consiguió (no sin tener disputas) mantener a la plantilla comprometida, unida y tener más o menos contentos a todos sus jugadores. Que  todos se sintieran parte de un algo y sacrificaran su ego en beneficio del colectivo. Ahí hay mucho trabajo detrás, mucho detalle en el día a día, mucho “no me olvido de ti, eres importante y te valoro, pero tienes que comprender tu rol.” Para muestra este vídeo.

Van Buyten: Lo especial de Pep es que no deja a nadie en la estacada. Conmigo habla siempre, me pide que no me relaje, pese a que no juego.

No salió todo bien desde un principio. Hasta que sus jugadores interiorizaron sus conceptos, el equipo concedía mucho cuando la perdía y se le pudieron escapar varios puntos a principio de temporada que hubieran complicado la etapa de Guardiola en el Bayern. Pep pudo tener su Numancia alemán. No fue así. Los resultados fueron inapelables desde el principio, gracias, en algunos casos, a la suerte.

Una vez el sistema estaba más o menos asimilado, los jugadores tenían sus ideas conceptuadas  y el equipo rodaba solo, Guardiola dejó de hacer pruebas. Se dedicó a competir de forma salvaje. Por supuesto que seguía implantando pinceladas, pero dejó de invertir tiempo en probar soluciones y fue pragmático en sus decisiones: estudiaba con minuciosidad, con obsesión a los rivales y trataba de hacerles daño en base a sus debilidades. Su adecuación al rival fue algo que sorprendió a un país que veía con cierta rareza que una estrella del fútbol mundial visionara tres veces un partido del Eintracht de Braunschweig, o que en la rueda de prensa previa ante un partido ante el Augsburgo se declarara un admirador de un semianónimo Baier. Si el rival le iba a encimar, utilizaba ciertos tipos de salida, como la de los falsos interiores o los balones largos a Mandzukic. Si se encerraba atrás y pensaba que no iba a hacer falta demasiada elaboración en el medio (como en el Mundial de Clubes), utilizaba el 4-2-3-1 con Götze o Thiago entre líneas. Si intuía que el rival le iba a hacer daño con sus transiciones, utilizaba el recurso Javi Martínez de mediocentro o interior. Por el camino, dejó varias exhibiciones (vs City, vs Leverkusen o vs Schalke 04), pero el fútbol del Bayern no era uno. Eran muchos distintos, todos con unos patrones en común, pero que podían variar dependiendo del rival, o de los jugadores que estuvieran sobre el campo: El Bayern de Guardiola ha sido hasta ahora un equipo muy versátil. Las repetidas rotaciones serían otro de sus signos de identidad: Müller ha sido delantero, mediapunta, extremo diestro e interior dependiendo de la situación. Thiago Alcántara ha sido extremo zurdo, mediocentro, interior y mediapunta. Todo es volátil, nada es fijo.

Phillip Lahm: Guardiola es un loco del fútbol, en el lado positivo de la palabra. Es un fan, un experto y un entrenador todo en uno. Estudia a todos los oponentes minuciosamente y nos muestra las soluciones: dónde están las soluciones, dónde están las oportunidades, cómo debemos jugar. Muchos entrenadores trabajan de esta forma científica, pero dudo que muchos trabajen así de duro.

Si su trabajo antes de los partidos ha sido clave para que su equipo se encuentre en situaciones ventajosas, su lectura de campo durante los partidos ha sido lo que le ha dado el título tan pronto. Podemos decir sin temor a equivocarnos que los cambios de Guardiola le han dado al Bayern alrededor de 10 puntos que sin él no tendrían. El de Santpedor podrá ser mil cosas, pero nunca será un inmovilista: si algo no le gusta, lo cambia. Si se le ocurre una buena idea, la ejecuta sin temor. Sus ajustes y cambios en partidos que no iban bien, su lectura del contexto, de lo que necesitaba el partido, de lo que requería la situación ha sido crucial: en Dortmund, en el partido que le distanció de su mayor rival, cambió hasta 4 veces el esquema del partido para acabar ganando, frente al Stuttgart, el día de la chilena de Thiago, remonta un 0-1 en 20 minutos o el otro día ante el Mainz son sólo algunos de los ejemplos de cómo Pep ganó partidos desde su dirección de campo. Pizarro en la mediapunta para tirar apoyos y fijar centrales, el comodín Thiago para acercarse al gol, Götze para asentarse en el centro del campo, Javi Martínez para defender transiciones: Guardiola le encontró la utilidad a sus piezas en el momento preciso.

Manchester City v Bayern MunichUEFA Champions League

El Bayern 13/14 ha sido un equipo muy coral, con el protagonismo muy repartido. Foto: Focus Images Limited

Heynckes trabajó muchísimo en ese aspecto, pero con Guardiola se ha reforzado más si cabe: el Bayern es un muro psicológicamente. Ni con 20 puntos de ventaja dejó de concentrarse, de salir con el cuchillo entre los dientes, de jugar intensamente y de implicarse emocionalmente en cada partido, ya fuera un poco estimulante viaje a Braunschweig como un partido en casa ante el Leverkusen. No desconectaron en ningún momento: viajaba a cada campo con autoridad militar, los objetivos muy claros, sin bajar nunca el listón competitivo, pese a que en la carrera del título nadie les hacía sombra. Nada les desesperó para ejecutar su plan con calma: ni rivales encerrados, ni presiones asfixiantes, ni relojes que corrían en su contra.

Y en la jornada 27, por fin llegó el título: el Bayern de Pep se proclamaría campeón antes que ningún otro lo haya hecho nunca. No habrá un MVP claro: no hay un Cristiano, un Messi, un Ibrahimovic, un Hazard (aunque pronto habrá un Lewandowski) que resalte sobre el resto. Es un título muy coral, muy cimentado en el colectivo, sin grandes protagonistas, pero con individualidades muy poderosas: hemos visto al mejor Robben de su carrera, un Ribéry que durante el primer tramo de la temporada se echó el equipo al espalda, a Thiago encontrando la regularidad que él siempre había echado en falta, a Lahm y Kroos en su mejor y más maduro momento de su carrera, a Alaba siendo un puñal y además un jugador mucho más complejo que el que habíamos visto hasta ahora, a Mandzukic y Müller siendo regulares en el gol… Todos han rendido a un nivel muy alto, la mayoría de ellos han rozado el mejor nivel de su carrera…

Pero esto acaba de empezar. Sólo hemos visto la superficie de la dinastía que quiere implantar Pep en el Bayern de Múnich. Talento tiene todo el del mundo, pero no desperdicia ni una gota porque trabaja como si no lo tuviera. La inspiración siempre le pilla trabajando. En su primer año ya lleva 3 de 4, ha batido casi todos los récords y no sería una sorpresa que ganara algo más. El mundo le teme y Múnich ya le conoce y le siente como suyo.

Foto de portada: Brandsgym

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7 comments

Viendo al bayern este año, tenía siempre antes de que empezara el partido la curiosidad de que nuevo cambio táctico metería pep y siempre sorprendía con algo

Willy yo es que no terminaré nunca de entender la salida de luis gustavo, por muy suculenta que fuese la oferta de wolfsburgo

La verdad es que yo tampoco. El brasileño demostró con Van Gaal que llevaba la polivalencia por bandera (jugó como pivote, interior, lateral izquierdo y central), y con Heynckes se convirtió en el jugador número 12. Supongo que él mismo sabía que con Guardiola no iba a ser fijo (la competencia en el mediocampo era tremenda: Schweinsteiger, Javi Martínez y Kroos para empezar, a los que se unió Thiago, llegaba Götze para la mediapunta, asomaba la cabeza en pretemporada Hojberg, estaba también Emre Can…). Así que nada, una buena oferta económicamente del Wolfsburg, muchos efectivos (luego llegaron las lesiones) para paliar su marcha, y la titularidad asegurada en año de Mundial, nada menos que en su casa, Brasil.
A mí al que me gustaría ver de verdad regresando al Bayern la próxima temporada es a Emre Can. El chaval tiene madera de crack.

Muy bueno y completo el articulo como siempre, Guillermo. Es incuestionable el talento de Pep como entrenador y todo lo que hizo y hace por el fútbol, pero tengo que decir que en mi opinión a veces se sobrevalora mucho los cambios que hace durante en partido y le dan puntos…tengo la sensación que muchas veces lo que pasa es que sale con el planteamiento equivocado, y lo que hace es ajustar y corregirlo. Sí, al fin y al cabo es un cambio que él promueve, pero originado por un error inicial del que poco se habla. Un saludo

Gran resumen de la era Pep en el Bayern hasta la fecha, completísimo, veremos como continúa la historia… Si no ganamos la Champions, la temporada acabará por ser un poco amarga me temo…

Una barbaridad de análisis, Guillermo, veracidad total. Preciso, minucioso y maravillosamente escrito. Una gozada de lectura.

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