Kimmich y el instinto de Guardiola

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La de Joshua Kimmich me parece una de las historias del año en el fútbol europeo. Una de esas que el desenfrenado ritmo al que nos lleva este deporte no nos permite apreciar con la perspectiva adecuada ni perfilar la narrativa que merece. Paremos el balón y levantemos la cabeza: se trata de Pep Guardiola, el entrenador más prestigioso del mundo. Como toda persona de éxito, tiene a mucha, mucha gente esperándole. Gente ansiosa preparada para saltar en el momento que falle, que fracase, que se tropiece y puedan imaginar en su rostro el gesto de sufrimiento que les consuele. Su ambiciosa andadura en Múnich, en uno de los mayores colosos del fútbol mundial, no permite en el ecuador de su tercer y último año realizar valoraciones rotundas sobre su desempeño. Es el desenlace de esta temporada, se opina mayoritariamente, el que va a definir las evaluaciones generales que se hagan de su trabajo allí. Así pues, llegados al caliente periodo del año en el que se decide la gloria, Pep se está jugando mucho. Y está poniendo todo el peso de su éxito, de su prestigio, de su imagen ante los ojos del planeta que le observa y le juzga, sobre las piernas de un menudo centrocampista lampiño de 21 años recién cumplidos que no suma más de un puñado de partidos en la élite. En Alemania, el país en el que Beckenbauer, Breitner o Sammer han marcado hegemónicamente la posición, el central diestro del Bayern de Múnich es un chico de 1.70 metros y 70 kg con cara de niño bueno que pasa el balón como los ángeles. Y Guardiola asume toda la responsabilidad de ello. Responde por él. No es un veterano de este deporte, ni un perro viejo curtido en mil batallas que confías que sabrá salir de la situación por pura experiencia, es un niño tierno, verde e inocente pero que conecta con el juego que siente su entrenador. Y el de Santpedor está matando por él. Pese a que en el trascendente partido ante la Juventus su nombre quedó señalado flagrantemente al aparecer en las dos fotos de los dos goles juventinos, su confianza no ha variado. Revolucionariamente, en contraposición con la opinión mayoritaria y con las ideas preestablecidas de este juego, Pep cree en el chaval. Ni el ruido, ni los miedos por el qué dirán, ni la tentación de aferrarse a los estigmas han provocado que Guardiola cambie un ápice su confianza en el puro juego, en la pelota, en el césped. Me parece bellísimo. E inspirador.

En el Westfalenstadion, el Bayern de Múnich enfrentaba su partido más difícil de lo que le queda de Bundesliga. Ante el equipazo descomunal que es el Borussia de Dortmund de Thomas Tuchel, que sería un candidato indiscutible a la Champions si formara parte de los que la disputan, una derrota obligaría al conjunto bávaro a no fallar más para alzar el título que todos dan por sentado. El encuentro iba a ser incómodo. Le esperaba una presión y un encuentro de transiciones como marca el alma de la institución que enfrentaban. Y un planteamiento diseñado con mimo por uno de los mejores estrategas del fútbol europeo. Mas Pep, que tenía a Benatia y a Tasci plenamente a su disposición, siguió con su particular apuesta: Kimmich formaría la zaga junto a David Alaba. El ex del Stuttgart no sólo, como se esperaba, ofreció una salida de balón limpia y ágil situándose con un 97% de acierto en los pases, sino que, lo que es más significativo, firmó al menos media docena de acciones defensivas decisivas en el área propia de verdadero mérito. Salvó goles. Le aguantó varias carreras sostenidas al delantero más veloz del mundo, le rebañó a Reus dos o tres internadas hacia meta que parecían gol y en definitiva, como corrector de emergencia, compareció. Joshua, cuyo aspecto de jugador liviano y delicado quizá equivoca la percepción, se ha formado durante dos años en el RB Leipzig y se notó: allí se sigue el método Rangnick, donde aspectos como la velocidad y los choques se perfeccionan con neurosis cada día. Si Bürki fue uno de los principales responsables de que el Bayern se marchara de vacío, el 32 del club muniqués fue su homónimo en el área rival. Es cierto que su posicionamiento en general era bastante antiacadémico y que no se sabe hasta qué punto es sostenible, pero el mundo, pendiente de lo que pasaba en el corazón de Dortmund, hubo de justificar lo que Pep había visto antes que nadie. El niño en el que había confiado ciegamente había respondido con fútbol. Guardiola no había jugado a no equivocarse, a no fallar, se la había jugado a seguir valientemente a su instinto y el tiempo le había dado, al menos hasta ahora, la razón. Por eso no podía esconder cierto orgullo en la rueda de prensa. Había puesto su destino en manos del juego. Y el juego se lo había devuelto.

Guardiola: “Os doy a los periodistas un consejo: nunca más digáis que Kimmich no puede jugar de defensa.”

Foto de portada: Edu Ferrer Alcover. Todos los derechos reservados.

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6 comments

Indudablemente el jugador del partido. Guardiola le tiene demasiada confianza y el chaval ha contestado con una actuación soberbia: le sacó 2 pelotas a Reus claves. Saludos

Despues de ver “se trata de Pep Guardiola, el entrenador más prestigioso del mundo”, inmediatamente deje de leer el articulo, seguramente ha de tener mas incongruencias

Enorne artículo, se agradecen artículos que te permitan pararte a pensar en momentos únicos que pueden pasar desapercibidos.
En el Barça ya se revolucionó la idea de como debebser los centrocampistas de un equipo. Crees seriamente que Pep con Kimmich puede revolucionar el concepto del defensa-tipo? Lo más normal es que a partir del año que viene vuelva al medio.

Osea que le pone dos veces en una posicion que no es la suya, das a entender que la caga contra la Juve y sin embargo hace un partido en Dortmund? Osea que ha arriesgado y le ha salido bien a medias.

Guardiola el tecnico mas prestigioso del mundo? El Borussia hipotetico candidato a ganar la champions si la jugara?? En fin.. Esperaba un poco mas de objetividad.

Lo de Kimmich es un parche de Guardiola que simplemente busca dar una salida limpia de balon mientras que la otra parte, Alaba, corre “haciendo de Varanne”.

Cuando veamos a Guardiola en el City y a Ancelotti en el Bayern se os caeran algunos mitos, como el endiosamiento que teneis con este hombre.

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