Son bipolares

Son Bayer leverkusen Foto:  LG전자

Empatar en el campo del Stuttgart podía ser un buen resultado, pero esta lectura queda invalidada en el momento en el que dejas escapar una ventaja de 0-3 y estás cerca de perder el partido. No es la primera vez que le ocurre algo así al Bayer Leverkusen, especialista en generar decenas de ocasiones y desperdiciar la mayoría de ellas para terminar sufriendo o incluso perdiendo. Tampoco será la última. En cierta medida lo vimos contra el Hertha, Werder Bremen e incluso ante el Mónaco en la Champions League. Aunque quizás no de manera tan acusada, con una bipolaridad preocupante.

El planteamiento inicial de Roger Schmidt fue muy ofensivo, con Çalhanoglu acompañando en el doble pivote a Reinartz, con Brandt y Son partiendo desde las bandas y Bellarabi y Kießling en punta de ataque. Después, Hilbert y Jedvaj (lateral izquierdo en Stuttgart) recorrían la banda y Son y Brandt se movían en zonas interiores. Terminaban flotando hasta cinco futbolistas entre líneas, que desbordaron por completo al Stuttgart en los primeros compases. Una combinación brillante terminó en el 0-1 de Son, que repitió pocos minutos después con un potentísimo disparo lejano que superó a Kirschbaum, demasiado lejos de su portería tras un mal despeje. El propio atacante surcoreano, que rajaba la defensa local como el cuchillo que corta la mantequilla, pudo anotar el tercero en el minuto 11, pero su vaselina se topó con el larguero. La primera mitad fue un recital de juego ofensivo, dinamismo, movilidad y ocasiones falladas ante una defensa extremadamente blanda y poco contundente. Aun así, sin acierto en el remate ni la mejor versión de Çalhanoglu, el Bayer Leverkusen generó tanto peligro que Bellarabi anotó el tercero poco antes del descanso. Si bien al Bayer Leverkusen le cuesta mantener un alto ritmo durante los 90 minutos, era una distancia demasiado amplia como para que se escapara. Más tras mostrarse tan superior.

Son Bayer leverkusen Foto:  LG전자

 Son Heung-Min jugó un primer tiempo espectacular. Foto:  LG전자

Pero, al mismo tiempo, el Bayer Leverkusen necesita moverse en el frenesí. Necesita partidos rápidos, vibrantes, de constantes intercambios de golpes, en los que la intuición se imponga a la reflexión. Cuando se trata de ejecutar jugadas de memoria, sin pensar, el Bayer Leverkusen exhibe su mejor fútbol. Pero cuando el guion del partido no le favorece, le cuesta muchísimo más controlar el juego. Con el paso de los minutos, el Stuttgart fue creyendo que marcar era posible. El Bayer Leverkusen, pese al amplio marcador, se exponía lo suficiente como para que Timo Werner atacara con peligro a la espalda de Toprak y Hilbert. Fue el propio delantero adolescente de los locales quien recortó la diferencia con un buen remate de cabeza tras un preciso centro de Klein desde el lado derecho. A partir de entonces, el miedo recorrió el cuerpo del Bayer Leverkusen, que dio entrada a Papadopoulos para fortalecer el centro del campo y liberar a Çalhanoglu, pero dio varios pasos hacia atrás. Entonces el Stuttgart creyó que empatar era posible. Werner creció con el paso de los minutos y Klein enganchó un balón en la frontal para marcar un golazo. 2-3. Y, mientras tanto, los visitantes estaban desorientados, partidos, desorganizados.

Sin control, con la peor parcela del equipo exigida ante un equipo volcado y sufriendo en cada acción a balón parado, el Bayer Leverkusen se bloqueó. Cada vez llegaba menos al área rival. Kießling no cazaba ningún balón largo, se agotó el combustible del activo Bellarabi y la entrada de los frescos Maxim y Kostic supuso un problema extra para Roger Schmidt. Al final llegó el empate en una acción de estrategia y Leno salvó en dos ocasiones el 4-3 en el tiempo de descuento, ante un Harnik tan desacertado como en el último choque disputado con su selección. Minutos espectaculares y fases de juego decepcionantes cuando pierde el control del partido. Pasan las semanas y el Bayer Leverkusen muestra unos defectos crónicos que costará erradicar. La primera mitad del Stuttgart fue un desastre, pero al menos el tramo final, más dulce, la camufla. Ambos necesitan competir mejor si quieren alcanzar una meta ambiciosa.

Stuttgart  Landeshauptstadt Stuttgart

Final feliz para el Stuttgart, aunque pudo ser incluso mejor. Foto: Landeshauptstadt Stuttgart

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