Tiesos de frío

Simeone Atlético de Madrid focus

La Champions es uno de los torneos más glamourosos del mundo, pero el empate a cero entre el Atlético de Madrid y el Astana no tuvo el ambiente -fuera del estadio- que uno se imaginaría en un encuentro de la máxima competición continental. En contraste con lo que hemos asumido que es el fútbol moderno, la organización tuvo que priorizar lo práctico frente a lo comercial. El partido arrancó a las cuatro de la tarde en la mayoría de Europa y con temperaturas bajo cero en Astana, no existía la posibilidad de comenzarlo mucho más tarde de las nueve de la noche (hora local). Esta decisión le otorgó una atmósfera un tanto extraña a esta cita para todos aquellos que están acostumbrados al horario habitual. De hecho, seguramente muchos aficionados se sorprendieron al llegar a casa después del trabajo y comprobar que un partido de Champions ya había finalizado, pero lo cierto es que no se perdieron demasiado si analizamos los méritos de ambos conjuntos sobre el césped artificial kazajo. Ninguno consiguió abrir el marcador y hubo pocas acciones de peligro claro en las inmediaciones de ambos porteros, más allá del arreón final rojiblanco.

Los colchoneros fueron recibidos por un estadio repleto y entusiasmado con la posibilidad de medirse a un oponente de semejante entidad. El Astana es un club joven, fundado en 2009, y vive estos acontecimientos con una pasión desbordante. La afición lo disfruta al máximo no solo por acoger a un club tan poderoso como el Atlético sino también por el éxito que supone convertirse en el primer club del país en competir en la máxima competición europea. A pesar de las condiciones climatológicas adversas en el exterior del recinto, el empate cosechado ante el Galatasaray (2-2) permanecía en la mente de todos como un precedente para creer en la posibilidad de repetir la hazaña.

En el primer tiempo, las ocasiones brillaron por su ausencia. El partido tuvo un ritmo plano, sin grandes dosis de imaginación en ninguno de los dos ataques. Si algo caracterizaba al equipo de Simeone en los últimos años era la capacidad para morder y transitar rápido, pero el Atlético se atascó por completo en Kazajistán a la hora de trasladar la pelota. El futbolista visitante más desequilibrante, Antoine Griezmann, parecía ausente. En esta tesitura, el Astana multiplicó su confianza y Junior Kabananga, el futbolista más entonado, comenzó a incomodar con su velocidad al espacio. En el otro extremo del campo, al Atlético le ofrecieron una oportunidad única para hacer el 0-1 cuando una falta de comunicación entre Erić, el guardameta local, y su defensa dejó a Fernando Torres solo delante de la portería, pero el punta español no la aprovechó y desperdició una ocasión de oro.

Con Torres desacertado, Diego Pablo Simeone buscó soluciones introduciendo a Jackson Martínez, algo que seguramente no hubiera decidido en circunstancias favorables. La medida no dio los frutos esperados y el colombiano pasó de puntillas por el terreno de juego una noche más. La entrada de Yannick Ferreira Carrasco sí dio a los rojiblancos mayor mordiente ofensiva. La relación entre el internacional belga y Griezmann en la banda izquierda encendió una luz, pero entre ambos no consiguieron prender la mecha y acabaron diluyéndose. Con el pitido final la instantánea más repetida contaba con sonrisas en las caras kazajas. Al fin y al cabo, este partido entra de lleno en la historia deportiva del país.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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