Con el alma de Ramos y las manos de Kroos

Atletico Madrid v Real MadridUEFA Champions League

Al campo saltaron 22. El Vicente Calderón, como se esperaba, también hizo acto de presencia, ejerció su influencia y ardió. Pero cuando pitó el árbitro el inicio, había uno distinto a todos. Mientras que el resto de hombres pensaba colectivamente, administraba esfuerzos, se sentía parte de un todo, Sergio Ramos se alzó y le gritó a Europa que ya bastaba. Con una mezcla de arrogancia sevillana y talento gitano, el de Camas se abstrajo de ambientes, complejos y planteamientos tácticos, y se guió por la fuerza que más empuja dentro de su interior: su incombustible ansia de grandeza. Como el torero que acepta coquetear con la muerte a cambio de una incomparable sensación de trascendencia, Ramos siente su profesión como una viril búsqueda de la gloria y últimamente hay un rival vecino que le viene frustrando cada una de sus aspiraciones. Pero a él lo que le sale en este momento de su vida en el que su talento y su madurez se han cruzado definitivamente, lejos de amedrentarse o agachar la cabeza, es erigirse y liderar la epopeya. Las singularidades de su posición en el campo no le van a frenar las directrices de su alma: si hace falta la reinventa. Durante los primeros 10 minutos de partido, cada vez que el Atlético quería establecer un ataque se cruzaba con el aliento del de Camas, que iba al encuentro impetuosamente como el que acude a luchar a una guerra asumiendo que va a morir y sólo quiere llevarse enemigos por delante. ¿Aguantaba, cubría, encimaba? No. Iba al cruce, a la acción definitiva, al todo o nada. ¿Qué ocurrió? Que su talento respondió al complicado reto que su personalidad le había planteado. Se las llevó casi todas. El Atlético se encontró de inicio con un inesperado valiente que iba a su bola y le frenaba los ataques cuando estos se estaban empezando a acercar al campo rival. O lo que es lo mismo, el conjunto que ha hecho de la defensa posicional un verdadero arte se veía sufriendo un robo intimidante tras otro que daba lugar a transiciones. Después, con los locales algo desorganizados, el andaluz remataba mandando la posesión blanca hacia arriba con agilidad, perspicacia y precisión. El 4′ iba a por las dos orejas y el rabo.

FIL ATLETICO MADRID 33Sergio Ramos lideró al Real Madrid durante el inicio. Foto: Focus Images Ltd

Empujados por el arreón emocional que supuso la llama de Ramos, el Real Madrid se desató cuando el encuentro empezó a templarse. Con James (un big match player indiscutible) y Modric cerrados para recibir cuando Griezmann y Mandzukic salían al encuentro de Kroos y Ramos, el Real encontraba el camino para avanzar y obligar a la segunda línea rojiblanca a salir a su paso. Una vez el ataque posicional blanco se había establecido en el campo del Atlético (con James como enlace habitual), los de Ancelotti desplegaron un fluido, inspirado y veloz passing-game que tuvo en Kroos a su motor y que siempre encontró oxígeno frente al acordeón atlético. El alemán mezcló agudeza, agilidad y genialidad a la hora de articular la posición blanca e ir aprovechando con frialdad de psycho-killer las ventajas que le llegaban. Los encuentros que se ha marcado este señor en los campos de Barcelona y Atlético son de centrocampista gigante. Y lo escribe uno que era muy escéptico con la adecuación a su nueva posición. Entre Marcelo, James, Modric, Kroos, Ramos y Carvajal formaban triángulos precisos que servían para superar las marcas, y por delante Benzema, Cristiano y Bale apoyaban y permutaban para evitar caer en la trampa de Simeone y acudir al tentativo centro ante la falta de opciones de pases interiores. Aquello fue sinfónico. Rara vez un madridista se encontró acorralado en el campo del Atlético, siempre tenía una opción de pase con la que avanzar y esa avalancha de asociaciones desbordó a la estructura colchonera. El equipo blanco ponía en ventaja repetidamente a sus hombres de banda, especialmente en la derecha para explotar la basculación sobre Marcelo, James, Cristiano y un inspiradísimo y móvil Karim. Además Ramos por arriba y Varane en carrera impedían cada (poco elaborado) intento colchonero de salir a la contra. Ocurre que el fútbol es un estado de ánimo y los rojiblancos nunca se sintieron intimidados ni bajaron la mirada al partido. Su alma es la de campeón y cubiertos por su hinchada jamás sintieron vértigo, jamás ahorraron un esfuerzo, jamás perdieron la confianza. Supieron sufrir. Vertebrados por el coraje y corazón que le recordaban los suyos cuando parecía que se les podía olvidar, afloró el talento defensivo de Godín, Miranda y Oblak (gobernó su área con tiranía militar) y supieron achicar cada uno de los temibles balones que se paseaban por su área pequeña. Pese a que estaban siendo superados, no hicieron falta milagros para que no les hicieran gol. En parte por la deficiente pegada merengue y en parte porque el Atlético de Madrid es un equipo que es capaz de sobrevivir cuando parece que se les está cayendo el mundo encima. Nunca dejó de creer. Pasó el tornado y la casa seguía firme.

carvajalcarvajalCarvajal fue habilitado en repetidas ocasiones. Foto: Focus Images Ltd

Que el Madrid tenga un delantero tan raro a veces es bueno y a veces es malo. A la hora de convivir con extremos tan acaparadores como Cristiano y Bale, juntarse a altísima velocidad con ellos, construir ataques posicionales y ejecutar contraataques, su sensibilidad, talento y altruismo es una bendición. Ayer, sin ir más lejos, fue un vértice troncal en la armonía asociativa blanca. Sin embargo, cuando la dependencia determinativa recae sobre él, su falta de mordiente es una pega. Cuando las ocasiones son escasas y estás en el área pequeña, casi siempre es mejor un punterazo a la jaula que otro pase más y Karim Benzema no siempre lo acabó de entender. Recibía en situaciones francas y buscaba rizar el rizo, lo que daba tiempo a que Godín y Miranda aparecieran para frenar la ocasión. Está bien ser un gran conversador cuando tienes una novia con la que satisfacer tus instintos, pero si estás soltero y lo que quieres es mojar en una noche, necesitas ese impulso de bravura cuando aparece la oportunidad. Benzema casi siempre invita al gol a otra copa. Aunque claro, si el francés encima tuviera el olfato de Luis Suárez estaríamos hablando de un delantero perfecto.

FIL ATLETICO MADRID 27 Benzema tuvo varias ocasiones para hacer gol. Foto: Focus Images Ltd

Decíamos que el Atlético había conseguido salir intacto emocionalmente de lo sucedido en la primera parte y eso lo aprovechó Simeone para instaurar otro chip en la mente de los suyos como si esta estuviese virgen, como si no recordara nada de lo ocurrido en el primer periodo. En vez de la pasividad en la defensa posicional, les pidió a los suyos más agresividad a la hora de buscar el robo, periodos continuados con balón y buscó de forma exagerada el enfrentamiento aéreo Carvajal vs Mandzukic (tanto que Ancelotti tuvo que recurrir a Arbeloa para tratar de evitar la sangría). Mandzukic ganó muchos más balones y la posesión empezó a dividirse más. Entre que el juego comenzó a detenerse, el cambio de actitud rojiblanco y que el Madrid no consiguió mantener su nivel de inspiración (la comentada agresividad produjo algunos errores peligrosos de Ramos en salida), vimos un segundo tiempo mucho más parejo, mucho más ferozmente competido. Pura Champions League. De hecho, las interacciones entre un finísimo Torres y Raúl García pudieron acabar en victoria colchonera. El Atlético se levantó en la segunda parte dejando la certeza de que llegará al duelo del Bernabéu de pie, listo para librar una nueva batalla. ¿Afrontará el Madrid la vuelta de su casa con la furia de Ramos? Aquello nació de una derrota y el miércoles que viene despertarán otra vez sabiéndose mejores.

Foto de portada: Focus Images Ltd

 

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3 comments

Enorme Valverde. Yo el cambio que hubiera hecho era meter a Isco por James para los ultimos 20 minutos, creo que la entrada de Isco le hubiera hecho bien a Karim.

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