20 minutos

Thomas Müller of Bayern Munich celebrates scoring their third goal to make it Bayern Munich 3 FC Barcelona 2 during the UEFA Champions League semi-final match at Allianz Arena, Munich
Picture by Ian Wadkins/Focus Images Ltd +44 7877 568959
12/05/2015

Ser aficionado del Bayern a estas alturas de la temporada tiene una clara ventaja: sus partidos no te suelen ocupar durante más de 20 minutos. Lo normal es que a partir de ese periodo el encuentro ya se haya decidido y puedas dedicarte a irte a cenar con tus amigos, whatsappear o ver una película con tu pareja haciéndola creer que estás sacrificando el fútbol por ella. En 20 minutos tienes condensada toda una jornada de Champions, como esas sitcoms de fast food televisivo que en ese espacio de tiempo te compendian cuatro gags de éxito garantizado. Suelen ser 20 minutos espectaculares, explosivos y excitantes, pero al fin y al cabo sólo 20 minutos porque una vez la emoción competitiva ha desaparecido, la desmotivada mente de sus futbolistas no puede permanecer ajena a ese hecho y el partido suele entrar en un periodo de letargo en el que parece que todo el mundo está deseando que se acabe de una vez. A los analistas nos complica el asunto, pues sólo tenemos 20 minutos para tratar de absorber todos los detalles posibles que nos permitan sacar conclusiones para aquellos periodos de la temporada en el que la cosa se complica. En la noche de hoy, ante el Olympiacos, una controvertida expulsión de Badstuber recién empezada la segunda parte amenazó con recuperar algo de acción, pero pronto el Bayern dijo que no, que aquí no se jugaba más y con el definitivo 4-0 narcotizó cualquier atisbo de emoción. Así que sólo podemos hablar de esos 20 minutos.

Allianz Arena Bayern Munich FocusEl Allianz Arena volvió a presenciar un festival de los suyos. Foto: Focus Images Ltd

Para enfrentar a uno de los equipos más en forma del panorama europeo, Guardiola volvió a ordenar un once ultraofensivo en el que sólo había un único centrocampista puro, Arturo Vidal, que ni siquiera destaca por ser el culmen de la pausa y el poso. ¿El entrenador de gusto asociativo por antonomasia está variando sus preferencias? Bueno, algo de eso hay, pero hay que decir que el sistema tiene trampa: el rol de centrocampistas lo ejercen sus defensores. Rafinha (hoy lateral izquierdo), el inspiradísimo Boateng, Badstuber y Lahm amasaban el balón con calma, precisión y agilidad hasta encontrar las ventajas que le permitieran situar al equipo en el campo contrario. El Olympiacos, al cual le bastaba con un empate para clasificarse, salió al Allianz ordenado en un 4-4-2 de líneas juntas y bloque muy bajo de tintes simeonescos, en el que los dos puntas colaboraban en la presión en propio campo y de forma colectiva trataba de achicar muy disciplinadamente los avances bávaros. Mas el Bayern, con su elaborado circuito de salida, conseguía encontrar el tiempo necesario para llevar el balón en ventaja. Coman y Robben, pegados a la cal, hacían ancho el campo, Müller y Lewa alternaban apoyos con desmarques al espacio y Douglas Costa, hoy mediapunta, se movía por todo el frente de ataque para dar opciones de pase, romper líneas con sus conducciones y generar 2 vs 1 en los costados. El conjunto heleno no pudo sujetar semejante vendaval de opciones y los goles fueron cayendo de forma puntual pero justa. Roberto colaboró en el primero con un despeje bastante desafortunado a un disparo del imperial de Boateng y aquello abrió la caja de pandora. Recibir un gol tan pronto debió mermar psicológicamente al conjunto griego, que a partir de entonces iba a verse arrollado por la engrasada carrocería alemana. Poco tardaría Lewadowski en llevarse un afortunado rebote para volver a batir al meta madrileño y, rondando el minuto 20, Müller aprovecharía uno de sus registros más efectivos del Bayern esta temporada para marcar el tercer gol a partir de un medido centro del grandioso Philipp Lahm. Ahí se acabó la función.

Foto de portada. Focus Images Ltd

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