Jonas lo cambió todo

El Estádio Da Luz acogerá el regreso del Besiktas a la Champions. Foto: Focus Images Ltd.

Jonas Gonçalves Oliveira. Ese es el nombre del jugador más importante y decisivo del Benfica en esta temporada. El segundo punta brasileño está viviendo los mejores momentos de su carrera. Siquiera su gran 2010 en las filas de Grêmio están a la altura de su rendimiento actual. En una noche decisiva, en una noche de Champions League como la de ayer, Jonas fue fundamental para la victoria de su equipo. Marcó el tanto de la victoria frente al Zenit al rematar una falta en un momento clave como el minuto 91. Hizo que su equipo ganara por un muy valioso 1-0 en la ida de estos Octavos de Final. Y lo hizo cuando todo apuntaba a un empate y a una victoria moral del Zenit, trabajador aunque especulador. Jonas hizo que el campeón ruso pasara de frustrante a frustrado. Marcó su gol 25 en esta temporada (32 partidos), que también es su gol 11 en este año (10 partidos). Y no solo marcó su gol. También provocó el contexto necesario para que su Benfica se viniera arriba. Sus movimientos entre líneas durante todo el partido fueron los mejores argumentos encarnados para ganar a un Zenit ordenado que se fue deshinchando. Jonas rompió el doble pivote de Villas-Boas, el corazón del acorazado ruso, al provocar las amarillas de sus dos componentes: Axel Witsel primero y Javi García después. Que el belga y el español no pudieran ser tan contundentes como quisieran provocó un efecto contagio en el Zenit, que acabó con 10. Esa fue la clave que animó al Benfica a atacar y atacar hasta obtener un gran resultado de cara a la vuelta en Rusia.

El Zenit sin balón

Al Benfica no le hizo falta aplicar la intensa presión que suele ejercer al comienzo de los partidos para hacerse con la pelota. El Zenit de André Villas-Boas se la cedió desde el primer momento. El conjunto ruso se dispuso en el Estádio da Luz con su 4-2-3-1 clásico colocado casi íntegramente en campo propio. La alineación no tenía ni sorpresas ni caras nuevas. Witsel y García formaban una solida pareja de destrucción en el centro del campo y Ezequiel Garay se colocó junto a Nicolas Lombaerts en el centro de una defensa física e impenetrable por cielo y tierra. Oleg Shatov partió como volante izquierdo aunque ayudó al lateral Domenico Criscito desde el primer minuto. Y a sabiendas de que Hulk no es el atacante más solidario del fútbol ruso, Villas-Boas colocó en el lateral derecho al experimentado Aleksandr Anyukov (33 años) para que se valiese por sí solo o con la ayuda de un García acostado a su banda.

El Zenit, replegado de inicio, hizo que el Benfica tuviese muy fácil sacar la pelota de su campo pero muy difícil aprovecharla en el contrario. Los de Rui Vitória, desplegados con el 4-4-1-1 de siempre tal y como anticipó el entrenador portugués, atacaron por las bandas como si fuera un partido más. Es costumbre en el Benfica que los centrales (Jardel y Victor Lindelöf por las lesiones de Luisão y Lisandro López) se abran a los lados para lanzar al ataque a los profundos laterales Eliseu y André Almeida. Con ambos partiendo desde posiciones adelantadas, es poco probable que Nico Gaitán y Pizzi, los volantes benfiquistas, no reciban la pelota. Y sobre el papel, ellos centran para Kostas Mitroglou o bien buscan a Jonas conduciendo en dirección al punto de penalti. Este último paso fue el que truncó el Zenit. Con sus líneas bien compactas, Jonas estuvo desasistido en el cuadrado Witsel-García-Garay-Lombaerts todo el primer tiempo. Pizzi y Almeida no podían centrar bien ni moverse de la banda con Shatov ayudando a Criscito. Y Gaitán estaba bloqueado por Anyukov y García. Mitroglou, también desconectado por el Zenit, desapareció del partido desde su inicio.

Planteamientos iniciales del SL Benfica-Zenit. Infografía: Share My Tactics.

Con el campeón ruso maniatando al Benfica, este se empezó a desesperar mediada la primera parte. André Almeida y Eliseu aparecían cada vez más arriba para intentar saturar el sistema defensivo del Zenit. Pero no solo no lo conseguían sino que desprotegían sus espaldas. Eso tuvo tres consecuencias. La primera fue que Hulk pudo salir al contraataque con su portentoso físico y buscar a un Jardel débil en el uno contra uno (amonestado, se pierde la vuelta). La segunda fue que Danny pudo lucirse en conducciones rápidas y en intentos de asistencia ante Lindelöf, poco contundente anoche. Y la tercera fue que Shatov pudo salir varias veces corriendo pese a estar lejos del área rival, lo cual puso nerviosos a unos Almeida y Pizzi a los que les sacó él la tarjeta amarilla (que, en el caso de Almeida, acarrea suspensión). Es decir, el Zenit contragolpeaba pese a no encontrar mucho a su punta Artyom Dzyuba. Conseguía faltas, con las que provocó sus mejores ocasiones de gol. También conseguía amarillas para una maltrecha defensa benfiquista, en la que parecía que tarde o temprano habría bajas por expulsión. Pero no consiguió goles. Y el planteamiento del Zenit, sin un gol que lo legitimara, tenía el riesgo de convertirse en mera especulación.

Jonas señala el camino

El primer tiempo acabó con 0-0 y con el Zenit animado por su buen control del partido y sus frecuentes contragolpes. El Benfica tenía un porcentaje de posesión cercano al 60 pero no era capaz de hacer nada más que arriesgarse con él. Y Villas-Boas, tal y como anticipaba en la previa del partido, lo quería aprovechar. Cuando se alcanzó el descanso, el cada día más trabajador Axel Witsel tenía una amarilla por frenar a Jonas en un contragolpe. Esa amarilla, la única del Zenit hasta entonces, había pasado desapercibida ante las que había visto el Benfica, porque a las águilas les estaban provocando dolores de cabeza. No obstante, a la postre, esa amarilla de Witsel pasó a ser clave. Y eso se notó cuando Jonas empezó a crearle al Benfica el contexto ideal para atacar mejor y ganar.

En el minuto 58, Jonas salió del área y se acercó al doble pivote para recibir el balón y girar. Una vez hecho esto, provocó con pillería que la pelota le golpease en la mano a Javi García. Amarilla para el recuperado pivote español (la cual acarrea suspensión) y falta a favor del Benfica. Independientemente de esa jugada a balón parado, Jonas ya había conseguido que el doble pivote del Zenit estuviera amonestado a falta de media hora. La primera línea de contención rusa, la que inspiraba a todo el equipo cuando no tenía la pelota, estaba debilitada. Una falta clara más por exceso de ímpetu o por puro físico podría provocarle un serio problema a su equipo. Con lo que Witsel y García bajaron su intensidad defensiva. Este factor, unido al desgaste de un Zenit que no compite regularmente desde diciembre, desinfló al equipo de Villas-Boas. Shatov, que acabaría el partido lesionado y sustituido por Yuri Zhirkov, dejó de ayudar tanto en defensa. Anyukov empezó a sufrir solo contra Gaitán y Eliseu. Y García dejó de ayudar al dorsal 2 porque Jonas andaba por su zona y debía vigilarlo con más mirada que cuerpo. El Zenit bajó su intensidad y el Benfica lo aprovechó.

Gaitán se animó a conducir hacia dentro para mezclar con Jonas y juntos fabricaron una gran ocasión del argentino que salvó Yuri Lodygin con una meritoria parada. André Almeida, pese a su temprana amonestación, se volvió a animar a atacar a Criscito. Y Rui Vitória, viendo el desgaste de Shatov, metió en esa misma banda a Mehdi Carcela-González, un extremo de refresco. Eliseu y Almeida centraban, Carcela y Gaitán se metían entre líneas y Jonas por fin se podía ocupar de encontrar huecos más arriba, entre Garay y Lombaerts. El Benfica se vino arriba y el Zenit dejó de contragolpear. Las ocasiones encarnadas se sucedieron con más frecuencia que nunca en el partido y el Zenit no replicaba ni se protegía mejor pese a los debuts de Aleksandr Kokorin, del citado Zhirkov y de Maurício. Parecía que iba a sacar un 0-0 de Lisboa que sería muy valioso por el empujón final del Benfica. Pero el partido se le hizo demasiado largo.

André Almeida provocó las dos amarillas de Criscito y su expulsión en el minuto 90. Y en la falta posterior a la marcha del lateral italiano, Gaitán mandó un balón al área que Jonas, protegido por Jardel, remató de cabeza para hacer el 1-0. Ese gol echó por tierra todo el trabajo defensivo del Zenit, minimizado por el propio Jonas desde la amarilla a Javi García. Jonas marcó otro gol. Jonas pintó de rojo la eliminatoria. Jonas superó el plan defensivo del Zenit. Jonas hizo que su Benfica pueda ir más cómodo y con la sartén por el mango a San Petersburgo. Jonas, en definitiva, lo cambió todo.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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5 comments

Nunca me gustó Jonas, aunque esté marcando muchos goles sigue sin gustarme, pero no dejo de reconocer que esta temporada está haciéndolo muy bien.

Gracias por el artículo. ¿ Os parece que Witsel está para un grande europeo (tal como se viene rumoreando puntualmente todas las temporadas)?

Esta cuestión dependerá del propio mercado y las necesidades/preferencias de los grandes, pero lo que sí me parece es que Witsel ha crecido muchísimo con Villas-Boas. Ahora es un centrocampista muy completo: ha ganado trabajo defensivo, se posiciona mejor, tiene más “sentido colectivo”…

Gracias por tu respuesta, David. Y la suscribo. Sin embargo, aun admitiendo su innegable clase y versatilidad, siempre me ha transmitido una sensación de tibieza, incluso indolencia. Tampoco lo veo cómo el centrocampista más posicional en ningún equipo top 10 europeo, sea jugando solo, sea escoltado por otro de inspiración más creativa con libertad de incorporarse al ataque desde la segunda línea.
Me parece que la selección belga no dispone de ese jugador, tipo Alonso o Busquets. En los 80 descollaba un zurdo extraordinario, René Vandereiken, mortificado a su vez por la fortuna: por lesión causó baja en los mundiales de España y Mejico. Ya en los 90 emergió una dupla extraordinaria de mediocentros (Van der elst-Staelens), sólo que alineando en un equipo mucho menos dotado ofensivamente.
Saludos desde Santiago de Chile.

Me parece muy importante ese apunte sobre la influencia de Jonas más allá de su alta producción goleadora (que por sí sola serviría para distinguirle). Respecto al partido de ayer, lo que más me gustó fue esa influencia en el desarrollo del juego, que iba más allá de un último pase o un remate final. Participaba en la propia generación de la jugada de mediocampo hacia adelante, y cuando tienes el balón ante un rival que te cierra espacios se hace muy importante tener un jugador que te da una opción más dar continuidad a la circulación y así tratar de descolocar el orden rival.

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