Fue victoria pero no fue balsámica

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El Real Madrid viajaba a Ucrania con la intención de recuperar sensaciones después de una derrota en el Clásico que le rompió el momentum completamente. Había que volver a empezar, que reencontrar la ilusión, que descubrir un fútbol que se posara en el recuerdo de sus futbolistas y les devolviera la autoestima que el FC Barcelona les arrebató cruelmente. Para ello, Benítez realizó hasta siete rotaciones respecto al encuentro del pasado sábado. Alinear mentes frescas poco devastadas reclamando el sitio de los que fueron humillados debía ser suficiente para firmar un encuentro sobre el que empezar a articular un nuevo discurso colectivo. Además, Rafa se iba a encontrar con la colaboración de un Shakhtar francamente pobre, que no iba a intimidar a un equipo débil defensivamente y que iba a conceder espacios. Sin embargo, el conjunto merengue volverá a Madrid en un estado mental similar al que le dejó la derrota ante su gran rival. Ya se sabe: el fútbol es un estado de ánimo y el del Real está francamente tocado.

carvajalcarvajalCarvajal aprovechó el encuentro para reclamar más protagonismo. Foto: Focus Images Ltd

El conjunto madrileño encontró minutos de un fútbol visualmente bastante aceptables gracias a la labor de sus centrocampistas. Kovacic, la gran novedad en el once, iba a dejar una gran impresión con sus conducciones partiendo desde atrás, mucho más dinámicas que las que ofrece Toni Kroos, y todas las ventajas que generaba el croata las iba a recoger Luka Modric para acelerar las jugadas, verticalizar y asentar al Real arriba. Como además Isco, un día más mentalmente presentísimo en un escenario nada agradable, no dejaba de ofrecerse por delante del balón y se juntaba para asociarse, las sensaciones no eran malas. El conjunto blanco, con la colaboración inestimable de su rival, se posaba cerca del área rival y la movía vistosamente. Sin embargo, era cuando Bale y Cristiano conseguían ganar la espalda a la frágil zaga ucraniana cuando más peligro conseguían generar, más allá del passing-game de sus centrocampistas. De esta conexión nacieron prácticamente todos los goles (salvo el de Carvajal, que volvió a mostrar que está para quitarle el sitio a Danilo). Mas, con 0-4 y el partido prácticamente controlado, el Shakhtar se encontró dos goles en dos acciones y aisladas y empezó el run-run. El público se alzó, Taison empezó a aparecer y el Real volvió a demostrar que no tenía ningún juego al que agarrarse, ni mucho menos la frialdad mental de los veteranos para impedir que se siguiera jugando. Nadie que estuviera viendo el partido podría apostar contra el empate si aquello duraba como mínimo 10 minutos más. Y eso es duro para un equipo que iba ganando 0-4 en el minuto 60. Y raro, siendo “un equipo de Benítez.” Algo no funciona.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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