Benítez se reivindica

Rafa Benítez está firmando un gran inicio de temporada como técnico del Nápoles (Foto: Focus Images Ltd).

El Real Madrid firmó su encuentro más imponente de la temporada en uno de los escenarios más complejos del panorama europeo. Ante un consolidado y ambicioso proyecto que rueda de forma engrasada y con una lista de bajas que prácticamente formaría un equipo candidato a todo, el conjunto blanco le exclamó al viejo continente desde el mismísimo centro de Europa que no se relajara, que pese a haber iniciado un proyecto de cero la grandeza anterior la mantenían intacta. Su actuación no fue la de un dubitativo conjunto en construcción que viene de una dinámica de malas sensaciones, sino la de un equipo dominante y seguro de sí mismo que tiene meridianamente claro cuál es su camino hacia el éxito y que es capaz de competir con autoridad por intimidatorio que resulte el decorado. Pareció una escuadra rodada y a fe que no lo está, por lo que el mérito de Rafa Benítez para disfrazarla como tal es incuestionable. El técnico madrileño observó las piezas que tenía disponibles y, tras estudiar a fondo las capacidades de su rival, diseñó con minuciosidad y pulcritud un guión que fuera capaz de potenciarlas. Y se elige con precisión el verbo potenciar, pues no buscó un planteamiento reactivo que, dadas las circunstancias, aceptara la superioridad de su rival y subordinara sus capacidades al loable fin de protegerse, sino que buscó construir un contexto en el que fuera capaz de superar a su rival mediante una exaltación de las virtudes propias. Era el día para ser conservador, hubiera estado totalmente justificado que Rafa fuera fiel a su fama de estratega defensivo y tratara de salir ileso del Parque de los Príncipes, mas el técnico madrileño demostró una ambición y voluntad de protagonismo que se puede interpretar como toda una declaración de intenciones de cara al futuro de su proyecto. Y que, dicho sea de paso, se amolda de forma mucho más coherente a las características de su plantilla.

PSG - FocusParis se vistió de gala para presenciar uno de los encuentros más excitantes de la jornada de Champions. Foto: Focus Images Ltd

El conjunto merengue se ordenó en fase ofensiva en un 4-2-3-1 absolutamente dinámico. El foco de su superioridad del primer periodo residió en su sector izquierdo, donde se juntaba la técnica asociativa de Marcelo, Kroos, Isco y Jesé Rodríguez para superar la competitiva presión parisina. El mérito del Real Madrid, más que en un fútbol combinativo estático y pausado, residió en la constante movilidad por delante del balón para ofrecer apoyos, que permitía un fluido movimiento de balón y, con la incisiva profundidad que aportaban el extremo canario y Cristiano Ronaldo a la hora de generar desmarques, siempre encontraba opciones de avanzar. El Real se juntaba en la izquierda, pero Kroos compensaba los ataques blancos con autoridad, activando a Lucas Vázquez abierto a la derecha, que contaba con el apoyo de un omnipresente Isco cuyo rol consistía en ejercer de enlace en todo el frente de ataque. Nótese que Casemiro limitó su presencia ofensiva, por lo que su actuación fue verdaderamente positiva: imperial a la hora de presionar y defender el carril central y sin entorpecer las fluidas secuencias de pases. La circulación de balón madridista era enérgica y le permitía situarse con cierta comodidad cerca del área rival, donde también supieron leer que el modo de intimidar no era el bombardeo de centros, sino que los combinaron con asociaciones interiores que aprovechaban su superioridad técnica y disparos desde fuera del área. Un buen Kevin Trapp y la expeditiva defensa de área parisina impidieron que aquello constara en el marcador.

Verratti PSG - FocusVerratti no pudo pesar demasiado en el partido. Foto: Focus Images Ltd.

En fase defensiva, el conjunto blanco fue mucho más versátil. Alternó una decidida presión que trataba de ahogar a los receptores de Thiago Motta con un bloque de repliegue más bajo cuando los parisinos conseguían superarla. El secreto del éxito en la disposición madridista consistió en el preciso acompasamiento de todos los movimientos de sus futbolistas, que se iban compensando colectivamente como un acordeón. Pareció un conjunto pulido al detalle, organizado con mimo. Si Kroos o Casemiro salían a presionar, Ramos y Varane permanecían atentos para anticipar a posibles receptores a sus espaldas; si alguien (normalmente Ibrahimovic) conseguía hacerlo, Keylor cubría el terreno a la espalda de los centrales para impedir que estos filtraran pases al espacio; si Marcelo iba decididamente a la presión arriba, uno de los centrales le hacía la cobertura; si el equipo retrocedía, lo hacía colectivamente. La pareja de zagueros blanca estuvo absolutamente imperial, tanto a la hora de defender su área como de salir a anticipar o de cubrir desmarques al espacio. La agresiva presión tras pérdida dio continuidad a los ataques blancos, que veían como el balón era recuperado con prontitud sin obligarles a retroceder, mas cuando era superada volvía al repliegue tradicional que ha caracterizado al Madrid de Benítez. Ocurre que esta vez el Real sí contaba con un dispositivo de contraataque intimidatorio y salir de esas dinámicas no le era complicado, con Isco como enlace hacia los incisivos Lucas, Cristiano y un Jesé Rodríguez que demostró que si aún no es una estrella internacional desde luego que no es por falta de talento. Si sus gestos, movimientos, asociaciones y controles de la primera parte los hubiera firmado alguien por el que el Madrid hubiera pagado 40 millones, aquello no chirriaría a nadie.

Real Madrid v Elche CFLa LigaJesé Rodríguez se reivindicó. Foto: Focus Images Ltd

Al Real le volvió a acompañar su endémica falta de pegada. Una vez más, 45 minutos de tronío ante un gran equipo europeo no constaron en el marcador. Y su fútbol se fue distorsionando a medida que corrían los minutos. Entre el revés mental que supone no verse por delante tras superar a tu rival, el cansancio y un PSG que se fue encontrando más cómodo defensivamente, la segunda parte estuvo mucho más nivelada. Benítez contaba con un as en la manga con posibilidad de dar a entrada a uno de los centrocampistas más dominantes de la tierra como es Luka Modric, pero como a unos excelsos Casemiro y Kroos no los podía quitar, tuvo que situarle en la mediapunta y por delante de la línea de balón apenas pudo recibir. Sin Jesé ni Isco, la posesión blanca perdió en calidad y así se explica que Trapp viviera mucho más tranquilo el final del encuentro. Keylor tampoco fue exigido en ningún momento, por lo que el Real abandonó París sin cambiar grandes cosas en la clasificación de su grupo, pero con una autoestima muy superior a la que tenía cuando aterrizó en la ciudad del amor. Ya ha recordado de lo que es capaz. Lo normal es que a partir de ahora vaya hacia arriba.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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