La actitud como base de la victoria

Witsel Hulk Zenit Kristina Korovnikova

Las actitudes, las intenciones y la voluntad tienen mucho peso en el fútbol. Desde el momento en el que el staff técnico de un equipo decide si los suyos deben ser ellos mismos o adaptarse a un rival concreto se está tomando una medida con importancia táctica, pero sostenida por lo psicológico. André Villas-Boas es un entrenador con libro de estilo propio, que inculca a sus equipos una misma manera de entender el juego retocada a veces por los perfiles de su escuadra. El Zenit ha sido toda la temporada un equipo ofensivo y exterior, en el que la profundidad se consigue por bandas salvo que Danny, amparado por un buen doble pivote, quiera cambiar. Hay rivales ante los que conviene contemporizar y cambiar de discurso por motivos tácticos. Pero tomar esa decisión implica tener que ensayar mucho posibles cambios de plan ante la adversidad. Tuvo sentido que el Zenit quisiese darle el balón al ofensivo y acelerado Bayer 04 Leverkusen de Schmidt. Pero no tuvo lógica no reaccionar ante sus medidas anti-especulación. Villas-Boas aprendió la lección y convenció a los suyos para ser como son, al menos durante un tiempo. Conlleva menos carga psicológica, e incluso motiva. “Juguemos como siempre, ganemos como nunca”. Algo así debieron pensar los rusos, porque hoy aumentó su agresividad sin balón. Parecía que aún no se habían vengado del SL Benfica. Lo presionaron mucho y, con ayuda del clima anti-Mediterráneo y la ligera desgana encarnada, lo forzaron a errar. La actitud del Zenit sin balón llevó a la anulación de las águilas y fue la base de su éxito en el partido. Siquiera cuando las lesiones lastraron a los puntales petersburgueses el Benfica pudo reaccionar. Porque la actitud del Zenit era más agresiva e imperativa de lo esperado. Y porque apenas hay quien pueda presumir de haber asaltado el Petrovsky con facilidad. Esa actitud explica el 1-0 de Danny y la eliminación matemática del Benfica, que no opta siquiera a caer a la Europa League. En contraposición, el futuro europeo del Zenit se dirimirá en Mónaco. Y, por su actitud, Villas-Boas y los suyos parecen creer en un futuro mejor.

Witsel Hulk Zenit Kristina KorovnikovaFoto: Kristina Korovnikova.

Witsel y la presión del Zenit

Si bien Jorge Jesus salió al césped del Petrovsky con su 4-2-3-1 típico y su once esperado (Andreas Samaris con Enzo Pérez, Talisca entre Nicolás Gaitán y Eduardo Salvio y André Almeida de lateral por la lesión de Eliseu), Villas-Boas decidió cambiar la composición de su línea de tres cuartos estándar. Oleg Shatov fue suplente en beneficio de Aleksandr Ryazantsev, un interior adaptable a la banda. La figura del moscovita fuera de posición iba a apreciarse en fase defensiva, pues su retroceso hacia campo propio es mucho más natural que el de Shatov y, en consecuencia, Salvio no iba a poder estirar fácilmente por fuera a un Benfica exterior cuando lo presionan. No obstante, la titularidad del ex del Rubin Kazan fue una variación notable en defensa, que no defensiva. Esta conclusión se extrae al comprobar la presión del dorsal 5 sobre Maxi Pereira cuando el Benfica iniciaba sus jugadas. Era una de las piezas del sistema de presión y no se le notaba incómodo por estar fuera de su zona preferida.

Si Ryazantsev se emparejaba con Pereira, Hulk hacía lo propio con un André Almeida que, por su condición de mediocentro adaptado, no exige tanto al rival cuando quiere iniciar jugada. Salomón Rondón, titular por la lesión de Aleksandr Kerzhakov, se posicionaba cerca de los espigados centrales encarnados Jardel y Luisão. Y la pareja de Danny dependía de la decisión de Axel Witsel. El belga era el hombre que marcaba la altura del equipo en fase defensiva. Al comienzo del partido, se echó encima de Samaris, el adaptado mediocentro benfiquista, con lo que Danny se juntaba con Rondón y la presión era asfixiante. Esta cuestión, sumada a la abstracción de algunos jugadores (diferente a la del partido de Da Luz y posiblemente vinculada al frío ruso), llevó a que el Zenit marcase diferencias. Lo hizo con los robos, las pérdidas inocentes de Pereira, Jardel o Samaris y las transiciones posteriores. No dieron muchas ocasiones explícitas de gol sí supusieron faltas, casi igual de amenazantes con los 188 centímetros de los zagueros Nicolas Lombaerts y Ezequiel Garay, así como con los 187 del pivote Javi García.

presión alta ZENLa presión más agresiva del Zenit. Infografía: Share My Tactics.

La presión y los robos asociados a esta eran la ventaja competitiva de un Zenit que, de otra manera, hubiese planteado los mismos mecanismos ofensivos que el Benfica. Rusos y portugueses son equipos que prefieren mandar con balón y que tienden a hacerlo más por bandas que por dentro salvo que una figura (Danny o Enzo Pérez) cargue con el peso del juego interior. Ambos tenían en Rondón y en Lima a delanteros que pueden dar beneficios en juego directo. Además, defensivamente también se hubieran neutralizado de no ser por la intensidad local, pues ambos equipos optaban por replegarse en dos líneas de 4 a media altura cuando su oponente lograba recorrer los primeros metros. Solo la presión del Zenit impidió que el partido fuese simétrico, sin ritmo y sin acción. Y esa presión era fruto de la actitud de los futbolistas locales, que motu proprio (especialmente Witsel) presionaban en su repliegue a todo aquel que se les acercase con la pelota en los pies.

El Benfica parpadea

Cuando el rival presiona e impide que el Benfica salga con una cadena de pases central-Samaris-Enzo, el equipo lisboeta tiende a buscar a los gestores de sus flancos, los argentinos Gaitán y Salvio. Se busca a uno de los dos mediante pases del lateral o incluso con juego directo para que desborden y sean resolutivos con asistencias o goles. Pero en el Petrovsky conseguirlo era complicado. Salvio tenía a Ryazantsev de obstáculo, y aunque Domenico Criscito atraviesa un mal momento en lo que a contundencia defensiva se refiere, el apoyo defensivo de Witsel y del bilocado Danny le forzaban a correr con el balón de la banda a la zona protegida por García. El homólogo de Salvio, Gaitán, estuvo desconectado del partido. Influyó la solidaridad de Hulk, pero no fue un factor tan decisivo como su aparente abstracción. No fue hasta el minuto 37 cuando Gaitán se mostró tal como es y desbordó por el perfil de Aleksandr Anyukov. Lo hizo en transición. Llegó a línea de fondo y le sirvió un centro a Salvio que casi supone el 0-1. Pero fue la única ocasión de la primera mitad.

Benfica Salvio FocusEduardo Salvio tuvo la mejor ocasión del Benfica en el primer tiempo. Foto: Focus Images Ltd.

La actitud del conjunto visitante en el arranque del segundo tiempo invita a pensar que Jorge Jesus pronunció una de sus mejores arengas en tiempo. La situación lo requería: empatar nublaría el futuro europeo y perder supondría caer eliminado en la Fase de Grupos de la Champions por tercera vez consecutiva. Además, el Zenit era más vulnerable que al principio del partido por la lesión a los 23 minutos de su mejor central en esta temporada, Lombaerts. Fue suplido por un Luís Neto que tardó solo 7 minutos en cargarse con una amonestación. Estos factores hicieron que el Benfica quisiera profundizar mucho más en los instantes iniciales del segundo periodo. El Zenit, sorprendido, no pudo reinstalar su presión y tuvo que compactarse algo en campo propio ante las embestidas de Gaitán y de Salvio. No se daban de forma continua, ni el Benfica llegó a asediar. Pero aunque fuera de forma parpadeante, el Benfica inquietaba a Yuri Lodygin y daba mejores señales (anímicas y futbolísticas) que en la primera parte y que ante el AS Monaco.

La lesión de Javi García, los cambios y la impotencia

A los 58 minutos de juego, el mediocentro español Javi García se lesionaba en el muslo derecho. André Villas-Boas se veía forzado a sustituirlo y en lugar de dar entrada a otro pivote puro como el veterano Anatoliy Tymoshchuk prefirió al interior ruso Viktor Fayzulin. Esta atrevida medida hacía más endeble la parcela central del mediocampo, el área de influencia de un Talisca muy poco regular en sus apariciones. Y también la desprotegía ante los movimientos fuera-dentro típicos de Gaitán y de Salvio, que en ese momento del partido estaban muy activos. Pero proporcionaba una ventaja ofensiva: el mejor lanzamiento de contragolpes y transiciones. El atrevimiento ruso no estaba solo asociado a las necesidades clasificatorias sino también a la actitud propia que mostraron al comienzo de partido. Y por eso el equipo supo contener al Benfica (no sin sufrir) y aparecer en transición con el desbordante Hulk y con el conductor Danny.

Villas Boas FocusVillas-Boas fue valiente con los cambios. Foto: Focus Images Ltd.

André Villas-Boas gastó su último cambio a falta de casi media hora de partido. Quitó a Ryazantsev y metió a Shatov, un volante puro para la banda izquierda. El técnico de Oporto entendió que se entraba en esa fase en la que un 1-0 es más difícil de remontar a cada segundo que pasa, y en lugar de especular o retroceder quiso que sus pupilos atacasen. De poco servía protegerse de Salvio, que hacía más daño por dentro que por donde actuaba Ryazantsev. Este cambio era muy arriesgado, y Jorge Jesus quiso sacar provecho con su primer movimiento de banquillo. Quitó a un Talisca desconectado del juego y dio entrada a un punta como el brasileño Derley. Las águilas del Benfica pasaron a un 4-4-2 interpretable de dos maneras. Por una parte, enfocando sobre el vaciado de la media punta, que permitiría a Danny y a Witsel tener espacios para transitar y habilitar a Hulk, Shatov y Rondón. Por otro lado, centrándose en Fayzulin y en Neto, que tenían que vigilar sin ser los más aptos para ello a dos delanteros y a dos volantes que eran más dañinos en el pasillo central que por banda.

Aunque probablemente la segunda visión fuese la de Jorge Jesus, se impuso la primera, favorable al Zenit. El conjunto local se estiró, ganó metros, llegó a reinstaurar una presión que recordaba a la del comienzo del partido y llegó a dominar por momentos con ataque posicional. Y con el paso de los minutos, consiguió el gol que le da esperanzas y que hunde al Benfica. Shatov aprovechó el espacio de la media punta benfiquista para juntarse con Hulk en banda izquierda, le cedió el balón al brasileño, centro y gol de Danny con el permiso de un confuso y errático Jardel. Jorge Jesus intentó reaccionar y animar a sus hombres a volcarse. Introdujo a Ola John por Samaris, acumuló hombres en ataque y cumplió con su parte, pero la actitud de sus jugadores no fue la propia en este contexto. No fue la que tuvieron ante el Monaco. El Benfica quería sacar la pelota jugada de campo propio y el Zenit se animó a incordiar con una presión molesta y cauta a partes iguales. El sentimiento generalizado de los lisboetas fue la impotencia. Se hizo manifiesta con la imprudente y evitable entrada del capitán Luisão a Shatov y su consecuente expulsión (por doble amarilla). Ni él ni Samaris estarán disponibles por sanción para la recepción del Bayer Leverkusen. Pero ese día ya no se jugarán nada, mientras que Monaco y Zenit pelearán por estar en el bombo de Octavos de Final con los otros 15 mejores equipos del continente.

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