Anatomía de una parábola

Florenzi (Foto: calciostreaming)

La nostalgia puede ser muy peligrosa. Viajar una y otra vez a lugares que nos resultan comunes y alejados en el tiempo suele ser uno de los placeres más amargos que existen en nuestro día a día; y más si cuando vuelves a ese paraje tan querido te das cuenta que pese a estar todo en el mismo sitio, nada vuelve a ser igual. El Barça volvía a la Champions después de proclamarse como campeón en la edición de 2015 y lo hacía en un lugar de maravilloso recuerdo culer: el Estadio Olímpico de Roma, donde 6 años antes Pep Guardiola y sus pupilos firmarían el primer triplete de la historia del club. Sin embargo, la noche se presentaba mucho más prosaica en la ciudad eterna.

Había dudas en la previa sobre el planteamiento que iba a escoger Rudi García para medirse al Barça y lo atrevida o no que iba a ser su Roma. Finalmente el técnico francés optó por cerrar filas y no ir a buscar a los de Luis Enrique. El objetivo era encorsetar lo máximo posible el juego ofensivo azulgrana, enturbiar el centro del campo y aprovechar los pocos instantes de posesión para mandar un balón en largo a Dzeko –seguramente el ex entrenador del Lille estudió al Athletic en la Supercopa porque los movimientos del bosnio eran muy parecidos a los de Aduriz– o aprovechar las carreras punzantes de Salah por la banda derecha. En los primeros minutos incluso parecía que el equipo giallorosso podía agredir al Barcelona de esta forma. Pese a la presencia de Mathieu en el once, supuestamente para ayudar en el juego aéreo, Dzeko se llevó algunos balones interesantes e incluso Mohamed Salah tuvo un par de carreras en las que puso a prueba a otro rápido velocista como es Jordi Alba. Pero las combinaciones azulgranas cada vez iban apretando cada vez más y más a los romanistas hacia su propia portería. Defendían con no demasiados apuros, pero teniendo a Iago Falque y Salah haciendo prácticamente de segundos laterales parecía muy difícil que pudieran ni siquiera inquietar a los culers.

Picture by Mike Griffiths/Focus Images Ltd +44 7766 223933 10/10/2014
Dzeko ejerció de delantero centro ante el Barcelona. Foto: Focus Images Ltd.

El partido estaba feo y ante el competente entramado defensivo de los italianos el Barça tampoco se mostraba muy atinado en la elaboración del juego. Pero esta falta de amenaza a la portería de Ter Stegen hacía sentir más o menos confortable a los de Luis Enrique y todo indicaba que el partido, o al menos el primer gol, caería por decantación. En este escenario tan espeso y embarrado destacó un Luis Suárez al que le encanta ganarse la vida en ecosistemas pantanosos. El uruguayo marcó el tanto blaugrana tras una jugada precedida por una serie de infortunios varios para la Roma: cambio de orientación de Mathieu para un Rakitic que estaba solo tras el pisotón (sin querer) de Messi a un defensa. El croata dentro del área hizo una especie de medio pase medio tiro que tras pegar en un jugador giallorroso sale desviado al segundo palo y permite a Suárez poner la cabeza para hacer su primer gol en esta Champions 15/16. El tanto había sido de los más grises que el Barcelona haya marcado en Europa pero con él parecía que los de Luis Enrique habían conseguido lo más difícil: encarrilar un partido que pintaba complicado mostrando una versión que, sin ser aún brillante, sigue cumpliendo los mínimos de competitividad exigidos por el técnico asturiano.

Un gol clave

La Associazione Sportiva Roma se encontraba en una encrucijada: la manifiesta superioridad azulgrana les obligaba a achicar espacios y sacar agua de la parte trasera si no querían ver aumentada la diferencia, pero estaba claro que en ese esquema de partido, con el equipo tan lejos del arco rival, parecía harto complicado poder marcar algún gol. En medio de este dilema apareció entonces la jugada de la noche, del mes y quién sabe si del año en Roma. Un ahogado Alessandro Florenzi, más preocupado por taparle las salidas a Neymar que otra cosa, se atrevía con una de sus primeras conducciones de balón en media hora de partido. Una vez superado el medio del campo, el italiano se apuraba más y más mientras el cuero se le iba escapando peligrosamente por la cal. De repente sorprendió a los más de 70.000 presentes en el Olímpico de Roma con un derechazo estratosférico que pilló adelantado a Ter Stegen y se coló por la escuadra. No sabemos si quería buscar a Dzeko, si realmente tenía claro que la quería meter ahí o si ya tenía toda la trayectoria calculada desde que había controlado el esférico; en cualquier caso la parábola de Florenzi, sin saberlo aún en ese momento, le había dado un punto a su equipo. Se había hecho la magia en Roma.

AS ROMA vs FC BARCELONA - Football tactics and formations
El 1-4-3-3 de la Roma se convirtió en muchas fases del partido prácticamente en un un 1-4-5-1 con Dzeko totalmente descolgado.

Desde la óptica azulgrana, más allá de la genialidad del lateral romanista, se vuelve a reabrir el debate acerca de Ter Stegen. Para algunos el guardameta alemán sólo pudo aplaudir ante tal golpeo, para otros es casi igual de responsable del gol que el autor del disparo. En cualquier caso lo más grave para el ex del Gladbach es que vuelve a haber ‘run run’ tras el partido de Champions, una muy mala noticia para un portero que tendrá que seguir jugando tras la lesión de Claudio Bravo.

El tremendo gol de Florenzi y el descanso le dieron aire y fe a la Roma para seguir el mismo guion en la segunda mitad. Ahora sí, el partido ya no parecía interminable y daba la impresión que a cada minuto que pasaba se le hacía más y más bola a los de Luis Enrique. Otro suceso inesperado en el minuto 50 de partido sería clave para el empate: en una jugada por la banda izquierda Suárez y Szczesny, que ya se las habían tenido en el primer tiempo, fueron a la disputa del balón con el resultado de lesión en una mano para el portero polaco; entraba Morgan de Sanctis, el segundo héroe romanista de la noche. El partido se le enquistaba al Barça así que decidió su entrenador poner a Rafinha, el cual había mostrado estar a tono en este inicio de temporada. Pero la mala fortuna parece cebarse con los Alcántara y tan sólo un minuto después de entrar, una entrada durísima de Nainggolan dejaba KO al canterano. Una auténtica lástima la lesión del brasileño, pues se auguraba que ya por fin empezábamos a ver aquel chico con confianza del Celta que tanto gustó en su primer año en la Liga BBVA. Además, su baja deja en auténtico cuadro el centro del campo blaugrana.

Rakitic Barcelona - Focus

Aunque dio el pase de gol a Luis Suárez, Rakitc sigue sin estar con el nivel de finura y confianza que demostró al final de la temporada pasada. Foto: Focus Images Ltd.

Pese a la entrada de Mascherano y el adelanto de posición de Sergio Busquets como interior, el Barça pareció encontrar al fin una versión un tanto más fluida, seguramente también muy condicionada por el enorme desgaste de los locales. Más despejados de rivales y con medio segundo más para pensar cuando recibían el balón, Messi, Neymar e Iniesta se pusieron a combinar, a desequilibrar y a generar juego como no habían podido en el resto del partido. Los azulgrana convirtieron los últimos quince minutos de partido en un asedio pero entre el larguero y una actuación notabilísima del veterano De Sanctis (38 años) mantuvieron el puntito en el Olímpico de Roma.

Al final, el Barcelona se va de Italia más preocupado por la lesión de Rafinha y el debate entorno de la portería que por un empate a domicilio que pudo ser victoria con un poco más de atino y frescura en los metros finales. El terrible esfuerzo y un desafío a las leyes de Newton le dieron su recompensa a los de Rudi García.

Foto de portada: Calciostreaming

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