Guardiola descifró a Rui Vitoria

Manager Josep Guardiola of Bayern Munich during the UEFA Champions League match at the Emirates Stadium, London
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20/10/2015

El Bayern Múnich cumplió con las expectativas y consiguió rubricar con sobriedad su eliminatoria en Da Luz. No fue un festival futbolístico, no asustó a Europa con una goleada especialmente intimidante ni con un juego espectacularmente vistoso, pero controló el encuentro de principio a fin. Fue una actuación propia de un colectivo maduro, que supo gestionar de forma serena cada una de las fases del encuentro. Si en el Allianz se le había visto al campeón alemán incómodo tratando de descifrar la engrasada defensa del Benfica, en la vuelta Guardiola surtió a los suyos de soluciones tácticas que le allanaron el camino.

Un ataque posicional especialmente ágil

Zenit vs SL Benfica - Football tactics and formationsPosicionamientos tácticos iniciales. Foto: Focus Images Ltd

El entramado defensivo de Rui Vitoria, que recuerda en muchos sentidos al del Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone, había sido capaz de frustrar en la ida de forma efectiva al juego bávaro. Su minuciosa estructura defensiva, un 4-4-2 de líneas escrupulosamente juntas que empezaba situándose arriba pero iba bajando el bloque armoniosamente a medida que el rival conseguía avanzar, no metía el pie: tapaba espacios interiores y basculaba con precisión ahogando las bandas, la principal vía de acceso al gol del Bayern en la 2015/2016. Sin embargo, en Da Luz, el conjunto muniqués encontró desde un principio el camino para explotarlo: fue a través de una dinámica velocidad de pelota y ritmo asociativo que llevaba el balón de banda a banda con celeridad e impedía que los de Rui Vitoria pudieran ajustarse. Para ello, Pep Guardiola sorprendió dejando a Lewandowski en el banquillo y alineó tres centrocampistas, Xabi, Vidal y Thiago, que iban a ser los encargados de imprimir agilidad al fútbol bávaro. La orden, desde fuera, parecía meridiana: tanto Douglas Costa en derecha como Ribéry en izquierda permanecían pegados en la línea de cal, mientras que los medios alemanes circulaban el balón y cambiaban de un costado a otro en cuanto el bloque luso se juntaba en un sector. De esta forma, el Benfica no tenía tiempo para bascular y el Bayern consiguió empujarles contra la portería de Ederson. Una vez ahí, las combinaciones entre lateral y extremo para ganar línea de cal y poder centrar y las rupturas al espacio de Müller, Vidal o Thiago servían como vía hacia el gol. Durante los 25 minutos iniciales, la impresión era que el conjunto bávaro iba a sentenciar la eliminatoria en cualquier momento. No sólo acontecían las ocasiones con puntualidad, es que el Benfica no conseguía desplegarse prácticamente nunca. El dominio era indiscutible.

A punto de adentrarnos en la primera media hora de partido, el Benfica tendría su primera ocasión de la noche. Eliseu pudo desplegarse al ataque por primera vez y puso un balón aéreo vertical al espacio a Raúl Jiménez. En teoría, la ventaja era para los centrales bávaros, pero aquello pondría de manifiesto una de las debilidades del conjunto alemán: Kimmich no está habituado para defender por alto y a Javi Martínez aún se le ve lejos del ritmo ideal. Neuer cometería una salida bastante inexplicable y el delantero mexicano remataría a puerta vacía. La Champions League tiene estas cosas. El Bayern venía con un gran resultado de la ida y no lo pudo hacer mejor durante los 25 minutos iniciales, pero un par de errores encadenados servían para que la eliminatoria comenzara de nuevo. Y le daban a su rival un empujón emocional muy valioso.

El golpe afectó al ánimo del Bayern, que se mostró nervioso con el cuero y le costó adentrarse en la estructura lusa como antes, mientras que el Benfica se encendió y empezó a atacar con cierta frecuencia, algo que no había hecho durante todo el partido. Los 10 minutos que transcurrieron tras el tanto de Raúl Jiménez fueron el único tramo que el conjunto de Guardiola no supo controlar. El ex del Atlético de Madrid tendría una nueva ocasión manifiesta tras un nuevo error de la pareja de zagueros que hubiera supuesto un auténtico cambio de guión, pero no estuvo nada preciso en la definición. Mas, con el transcurrir de los minutos, el Bayern empezó a recuperarse, cogió aire, se rehizo y agarró al partido del pecho. Entonces emergió el que la postre ha sido el hombre de la eliminatoria: Arturo Vidal. Y la volvió a gira a favor de los suyos.

Ha tardado en aterrizar, pero ya se debe hablar de Vidal como una de las piezas que explican este Bayern 3.0, el Bayern de los centros, que compagina dos identidades que parecían antagónicas pero que, con el trabajo de orfebre de su entrenador, resultan en una combinación totalmente complementaria: la de Pep Guardiola y la de la historia del Bayern. Un jugador que es capaz de asimilar el espíritu asociativo guardiolista, de ser ágil y fino pasándose el balón, pero a la vez de ganar las segundas jugadas (una de las claves de este equipo: el recuperar el balón tras los centros), aparecer desde segunda línea y romper al área o parar transiciones rivales con sus fricciones. En una de las infinitas internadas por banda del conjunto muniqués, Philipp Lahm dobló a Douglas Costa por dentro (así doblan los laterales a sus extremos en este Bayern), recibió y puso un centro que Ederson consiguó despejar a la frontal, donde esperaba el chileno pacientemente pues sabía que había altas posibilidades de que el balón acabara allí y la coló hacia dentro con un disparo de una dificultad mayúscula.

El gol introdujo un cambio de actitud en el conjunto alemán, menos incisiva y más contemplativa con el balón en los pies, que fue la que mantendría hasta el pitido final. En realidad aquello era perfectamente competitivo: el Bayern supo interpretar a la perfección qué era lo que necesitaba el encuentro para sus propios intereses y amoldó su discurso a ese contexto. No le interesaba que hubiera sobresaltos, no le convenía perder el control del juego y no ser él el que impusiera a qué se jugara, así que se dedicó a circular el balón de forma calmada y segura mientras transcurría el tiempo, sin perder de vista la portería rival, pero sin forzar tampoco con acciones verticales que le impidieran organizarse en torno al cuero. Müller volvería a dejar su sello en un partido trascendente con un gol a la salida de un córner para terminar de sentenciar la eliminatoria, pero Rui Vitoria introdujo a varios de sus prometedores jóvenes, por lo que el partido aún contaba con estímulos. Talisca puso una deliciosa falta en la escuadra derecha, estuvo a punto de colar otra poco después justo al palo contrario y Guedes dejó destellos de su calidad por su banda, finiquitando una dignísima participación del Benfica en la presente edición de la Champions League. Pero en el bombo, por séptima vez en sus siete años de carrera como entrenador, estará el equipo al que entrena Pep Guardiola. En Da Luz, había vuelto a pesar su manejo de la pizarra.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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