Trepidante ensayo para rondas finales

Pierre-Emerick Aubameyang  of Borussia Dortmund and Gareth Bale of Real Madrid during the UEFA Champions League match at Signal Iduna Park, Dortmund
Picture by EXPA Pictures/Focus Images Ltd 07814482222
27/09/2016
*** UK & IRELAND ONLY ***

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En este mundo en el que parece que cada partido de fútbol deba conllevar una conclusión contundente válida para aventurar qué ocurrirá en el futuro, la magnífica batalla que libraron el Borussia Dortmund y el Real Madrid dejó fundamentalmente una: se enfrentaron dos muy buenos equipos que perfectamente podrían reencontrarse en rondas más avanzadas. Por lo que respecta a los blancos, esto no es ninguna novedad, ya que ha ganado dos de las últimas tres Champions League y ya hace tiempo que nos quedó claro que su lugar natural es pelear siempre por el título. Sin embargo, y aunque obviamente el encuentro dejó muchos detalles que hay que analizar, volvió a resultar evidente que el conjunto de Zinedine Zidane puede ganar en los campos más complicados de Europa incluso cuando se presenta a los compromisos delicados sin ser estructuralmente perfecto. No lo logró en Dortmund porque Schürrle empató al final, pero estuvo muy cerca de hacerlo. Posee tantas virtudes en otras facetas que, en contra de lo que diría la ortodoxia analítica, sus debilidades en su propia configuración pesan casi siempre menos que todo aquello que es capaz de ofrecer en el otro lado de la balanza. Del Borussia de Tuchel diremos que, tras perder a Hummels, Gundogan y Mkhitaryan y no poder contar con Reus, tuteó al campeón de Europa e incluso le superó en algunas fases del encuentro. En una noche de Champions, que no es un detalle menor -ya se sabe que los blancos, si alguna vez andan poco centrados, procuran que no les ocurra los martes y los miércoles europeos-. Que nadie se extrañe si este partido se vuelve a jugar en el mes de abril.

Borussia Dortmund 2 (Aubameyang 43′, Schürrle 87′)
Real Madrid 2 (Cristiano Ronaldo 17′, Varane 68′)

Borussia Dortmund vs Real Madrid - Football tactics and formations

Thomas Tuchel reforzó el centro del campo con Gonzalo Castro, que ocupó una posición intermedia entre Julian Weigl y Mario Götze. Esto desplazó a Raphaël Guerreiro a la banda izquierda, aunque el portugués tuvo bastante más tendencia al juego interior que un Ousmane Dembelé que propuso más verticalidad y uno contra uno partiendo desde el costado derecho. Y pese a que el once inicial era nominalmente algo más conservador que el que se manejaba en la previa -también se cayó Bartra al no estar totalmente recuperado-, el Dortmund salió como suele hacerlo: con un ritmo frenético, mucha agresividad en la presión y una actitud nada contemplativa. El Madrid, que dejó a Kovacic en el banquillo y siguió apostando por un 4-2-3-1 en el que James Rodríguez desempeñó el rol que le vimos a Marco Asensio en Gran Canaria -pero con más retorno defensivo del colombiano ayer que del mallorquín el sábado-, intentó parar el golpe inicial como pudo. Con Modric y Kroos sacrificados en defensa, aguantó el 0-0 en ese primer cuarto de hora en el que lo pasó realmente mal.

El sufrimiento inicial del Real Madrid se apagó cuando Cristiano Ronaldo anotó el 0-1. (Focus Images Ltd).
El sufrimiento inicial del Real Madrid se apagó cuando Cristiano Ronaldo anotó el 0-1. (Focus Images Ltd).

Pero hablemos de Modric. El croata, que desde que no está Casemiro tiene que jugar más atrás y, sobre todo, no descolgarse tanto, cumple con disciplina la tarea que le encomiendan aún a sabiendas de que su juego será menos brillante. Y se empeña en tener influencia pese a que el dibujo táctico le perjudique. Ocurrió de nuevo en Dortmund, donde un envío suyo con el exterior desde la frontal del área propia –este tipo de pases que nos regala a menudo y que recuerdan tantísimo a los que daba Beckenbauer– dejó a cinco compañeros en superioridad numérica frente a cuatro rivales con mucho espacio para armar el contragolpe. Lo hicieron muy bien Benzema, Kroos, James, Bale y el ejecutor final, Cristiano Ronaldo, pero nada de esto habría sucedido sin la privilegiada visión de juego y la excelsa precisión del diamante balcánico. Esta acción no sólo fue importante porque le dio un gol al Madrid: también lo fue porque ese gol cambió el guión del encuentro y abrió un periodo en el que los blancos vivieron más tranquilos. De hecho, sólo un error de Keylor Navas antes del descanso evitó que el segundo tiempo se presentara con un panorama muy alentador.

André Schürrle entró desde el banquillo y logró el 2-2 definitivo. (Focus Images Ltd).
André Schürrle entró desde el banquillo y logró el 2-2 definitivo. (Focus Images Ltd).

Consiguió el Madrid, también con 1-1, que el clásico empujón del Dortmund cada vez que empieza una mitad de un partido fuera bastante más tímido tras la reanudación. Fue entonces, antes del 1-2 de Varane, cuando tuvo el control y redujo el alto porcentaje de posesión de balón que habían acumulado los alemanes. Se puso por delante y de nuevo tuvimos la sensación de que la victoria no se le escaparía, un poco como en Las Palmas. Y de nuevo se le volvió a escapar, aunque en esta ocasión los cambios del rival sí propiciaron un escenario que dio pie a ello. Cuando ingresaron Pulisic, Emre Mor y Schürrle -ocupando Guerreiro una zona más interior-, el Madrid volvió a sufrir -pese a que entró Kovacic y Zidane pasó al 4-3-3-, y de un centro del norteamericano llegó el empate del ex del Wolfsburgo y el Chelsea. Demostró Tuchel que tiene fondo de armario y gente capaz de salir desde el banquillo y agitar el tramo final de los partidos con una mezcla de desequilibrio y energía que es oro puro cuando el reloj se acerca al noventa. Se fue el Madrid pensando que se le escaparon dos puntos, pero si el 2-2 no hubiera llegado se habría marchado a casa el Dortmund creyendo que había hecho méritos para lograrlo. Nos fuimos todos sintiendo que los dos equipos son muy buenos.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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