Decidió un zapatazo de Raúl Jiménez

Petrovsky Zenit Florstein

Sobrevivir a la vuelta de unos octavos de final de la Liga de Campeones con una pareja de centrales compuesta por Victor Lindelöf y Andreas Samaris no se antojaba la más sencilla de las ideas para el Benfica antes de que la pelota echase a rodar en San Petersburgo. Sin embargo, a Rui Vitória no le quedó más remedio que hacer equilibrios tratando de paliar de la mejor manera posible la ausencia de tres de los cuatro zagueros de la plantilla de las águilas: el capitán Luisão (brazo roto), Lisandro López (cuádriceps) y Jardel (sancionado por acumulación de cartulinas amarillas). La titularidad de Danny, Kokorin, Hulk o Dzyuba en el Zenit enfatizaba un poco más las carencias del líder de la liga portuguesa, porque exponía a las claras que el contexto invitaba a poner sobre el tapete una propuesta ambiciosa por parte de André Villas-Boas. En la práctica resultó bastante meritorio el hecho de que el Benfica no pasase demasiados apuros durante los primeros cuarenta y cinco minutos: ni sufrió en exceso en los duelos individuales ni pagó la inexperiencia de su defensa en una cita de esta envergadura. El trabajo oscuro de Fejsa y Renato Sanches en la línea de medios, robando y tocando fácil en corto sin transitar por un pasillo central realmente poblado, sirvió para minimizar situaciones de riesgo y limitó la ofensiva rusa a los chispazos de Danny entre líneas.

Tan solo las asociaciones del mediapunta con Hulk y Zhirkov, extremo y lateral en el carril izquierdo, llevaron peligro a la portería defendida por el brasileño Ederson. Ni Kokorin entraba en contacto con el esférico, ni Witsel aparecía por sorpresa desde segunda línea e incluso Dzyuba tenía problemas para recibir balones en posiciones ventajosas que le permitiesen aprovechar su poderío físico. No obstante, no es menos cierto que los visitantes tampoco encontraban vías para salir a la contra con cierta regularidad, pues Mitroglou y Jonas apenas ofrecían opciones en largo y tanto Pizzi como Gaitán parecían más preocupados por ayudar a sus laterales que por descolgarse sin temor en campo contrario buscando el gol decisivo para sentenciar la eliminatoria. Con las espadas en alto, a la vuelta del tiempo de descanso todas las miradas se dirigían al banquillo ruso: Villas-Boas tarde o temprano se vería obligado a mover ficha. Y así fue.

Victor Nilsson Lindelof of Benfica during the Emirates Cup match at the Emirates Stadium, London Picture by Richard Calver/Focus Images Ltd +447792 981244 03/08/2014
Victor Nilsson Lindelof (Benfica) en el Emirates Stadium, Londres.
Foto de Richard Calver/Focus Images Ltd.

El Zenit pedía a gritos llenar los pulmones de oxígeno y su entrenador acertó de pleno con las sustituciones: cambió por completo la banda derecha (Shatov y Smolnikov en lugar de Kokorin y Anyukov) e inmediatamente el funcionamiento colectivo del equipo de Gazprom se volvió más difícil de contener para el Benfica; aumentaron las alternativas y se ganó capacidad de sorpresa. Ya no se reducía todo a Hulk intimidando con sus lanzamientos de falta y sus arrancadas en velocidad, el costado opuesto también inquietaba gracias a la nueva sociedad salida desde el banquillo: Shatov incomodaba filtrando pases interiores y Smolnikov pronto se convirtió en un quebradero de cabeza al desdoblarse por su carril hasta línea de fondo. En el 60′, el ex del Krasnodar lo tuvo todo a su favor para deshacer el empate, pero su remate salió despedido a las manos de Ederson; y tan solo 2′ después, Dzyuba desesperó a sus aficionados al no conseguir mandar el balón a la red tras lograr dejar atrás a tres rivales. En cuestión de minutos, el partido se rompió y Jonas, desapercibido en San Petersburgo, estuvo a punto de convertir en polvo el arreón local, lo evitó Lodygin achicando al máximo los espacios.

Tanto iba el cántaro a la fuente que en el 66′, dos minutos después de que Mitroglou dejara su sitio a Jiménez, el campeón ruso le sacó partido a un choque entre Semedo y Zhirkov para romper la igualada: en un cuerpo a cuerpo entre los dos laterales, el local salió victorioso –acción protestada por el banquillo benfiquista al entender que la carga hombro contra hombro había sido excesivamente contundente–, apuró línea de fondo y su centro tocadito fue un regalo para Hulk, que no tuvo piedad. A falta de 20′ para el final el Benfica observaba cómo la eliminatoria se igualaba en el marcador y las sensaciones de ambos conjuntos sugerían apostar a favor de los locales. Rui Vitória intentó igualar las fuerzas con la entrada de Salvio, pero el escenario no varío. Hasta que apareció Raúl Jiménez. El delantero mexicano se inventó un disparo colosal desde 30 metros cuando parecía imposible chutar con peligro desde esa distancia y, pese al buen hacer de Lodygin estirándose, el arquero ruso solo pudo dejar la pelota muerta… Gaitán no perdonó. El 1-1 (1-2 en el global) a falta de 5′ para el 90′ fue un jarro de agua fría para el Zenit, que necesitaba dos tantos desde ese momento. No solo no llegó el 2-1, sino que Talisca dispuso de tiempo para poner la puntilla (1-2) en el descuento, con todo decidido.

Lo ganó el Benfica gracias a la fe de Raúl Jiménez; los portugueses se cuelan en los cuartos de final.

Foto de portada: florstein, bajo licencia CC.

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