El Ajax ni evitó la goleada ni fue fiel a su atrevimiento

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Decía Ronald de Boer en la previa del partido que, siendo conscientes de la inferioridad del equipo dirigido por su hermano frente al Barcelona, para el Ajax lo importante era no salir goleado del Camp Nou y mostrar que era capaz de mantener su atrevimiento habitual incluso ante uno de los conjuntos más fuertes de Europa. No sucedió ni una cosa ni la otra: perdió 4-0 (casi el mismo resultado que se había dado el día anterior entre ambos clubes en la primera jornada de la Champions juvenil) y renunció a su personalidad sacrificando a Viktor Fischer y apostando por un doble lateral en la izquierda (Boilesen-Blind) para tapar las subidas de Daniel Alves. Las modificaciones en función del rival no acabaron ahí: Sigthórsson, normalmente el punta principal, se ubicó en la derecha para trabajar defensivamente sobre Adriano, dejando en el centro a Bojan. El pragmatismo no es nunca criticable ante un rival muy superior, pero sí resulta chocante que el Ajax hiciera en el Camp Nou exactamente lo opuesto a lo que había proclamado en la previa. Y una vez más, se demostró que no es un equipo preparado para defender. No le toca hacerlo prácticamente nunca en su liga y cuando se encuentra con un rival que le ataca con Messi y Neymar no tiene respuesta. Y menos tras haber traspasado en los dos últimos veranos a sus dos mejores centrales, Vertonghen y Alderweireld. El joven Denswil, pese a todo, no desentonó tanto como podía esperarse: hasta mostró una interesante capacidad en el primer pase superando líneas rivales. Estaba claro que, si Frank de Boer lo había elegido, esa virtud la tenía que tener.

El Barça goleó sin brillar. Este es el súmmum de la superioridad: apabullar casi sin querer, arrollar frenando, pisotear por inercia. Todo el mundo asumía que Messi iba a responder al hat-trick de Cristiano con otro igual, y lo logró dando la sensación de que no le costó ningún esfuerzo. Sólo el rosarino y Valdés estuvieron a la altura del glamour que desprendía el cartel del partido. La extrema desigualdad provocó que el choque entre dos escuelas que se exigen gustar acabara provocando más de un bostezo.

 

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