El día que Mohamed Salah jugó en Tel Aviv

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Una de las cosas que aprendí en mis años estudiando Historia es que cualquier opinión sobre el tema Palestina-Israel (o Israel-Palestina) siempre te deparará críticas. Aunque vivimos en un mundo donde desgraciadamente tenemos mil historias dramáticas cada día, la relación entre Israel y Palestina se siente como propia más que otras causas. Es difícil encontrar un conflicto con tantos ciudadanos españoles bien documentados y claramente posicionados. Durante años he escrito sobre la relación del deporte y este conflicto, y siempre me he ganado algún insulto. Una minoría, siempre, pero nunca se produjo la excepción. Advierto que la intención del texto es contar unos hechos y no opinar. La opinión sobre este tema, que la tengo después de años de estudio y la suerte de haber visitado las dos zonas, me la guardo. Si alguien al final del texto me considera un prosionista asqueroso o un jodido defensor de terroristas islamistas, es algo que no puedo controlar y acepto. Aunque sea curioso que el mismo texto te gane ataques de dos bandos opuestos. Cosa que me ha sucedido.

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Al lío. El Basilea ha jugado en Tel Aviv contra el Maccabi. Y todos los focos han iluminado a ese pedazo de jugador que es el egipcio Mohamed Salah. Egipto se convirtió en el estado que acogió a la mayor parte de refugiados de Gaza después de la primera guerra entre Israel y el pueblo palestino, por lo que este conflicto siempre ha tenido mucho peso en el día a día de la vida política y pública de Egipto. Salah se horrorizó al ver que le tocaba jugar en el estado de Israel pues, por sus convicciones, no quiere tener ningún tipo de relación con una entidad política que considera agresora e invasora. Lo mismo le sucedía al otro jugador egipcio del equipo suizo, Muhamad Elneny. Inicialmente, los dos comentaron a su entorno que no viajarían a Israel para jugar el partido de vuelta, pues sentían que sellar su pasaporte en el aeropuerto Ben Gurion era como dar legitimidad al estado israelí. Son muchos los casos de deportistas de estados musulmanes que se han negado a competir contra equipos o deportistas de Israel, y este boicot está en el origen de la decisión de las federaciones deportivas de Israel de abandonar Asia y jugar en Europa, otro continente. El Maccabi, rival del Basilea, ganó las primeras ediciones de la Champions de Asia, pero el boicot de la mayor parte de estados musulmanes ha acabado con los equipos de Israel jugando la Champions de Europa. Y jugar esta Champions es precisamente el objetivo del Maccabi y el Basilea.

Al final, Salah y Elneny han aterrizado en Tel Aviv y han jugado el partido. Salah comentó antes del duelo que “mi obligación como profesional es jugar, es mi trabajo. Mi obligación es ayudar al Basilea, queremos jugar la Champions”. Salah, que participó en la jugada del único gol en el partido de ida (1-0 para el Basilea), estaba destinado a ser el protagonista del partido, pues en la ida se inventó un truco para no saludar a los jugadores del Maccabi. En el momento en que los dos equipos se tenían que saludar, Salah decidió acudir a la banda para cambiar sus botas. Y así no dio la mano a los hombres del Maccabi. En el partido de vuelta, Salah no se escondió y sí saludó a los jugadores del Maccabi, aunque no les dio la mano. Les rozó la mano con el puño cerrado.

Pocos días después de la presencia del FC Barcelona en esas tierras, el fútbol ha jugado otro partido político en Tel Aviv. La hinchada del Maccabi ha dedicado insultos y cánticos para Salah, y Salah no ha ignorado el potencial mediático de un gol suyo en el campo del Maccabi. Y lo marcó, el 0-2, que celebró con un rezo musulmán en el césped y un gesto con las manos dedicado a la hinchada local. Luego, el el segundo tiempo, acabó en el banquillo. Su lugar lo ocupó el otro egipcion, Elneny. Al final, el Basilea empató 3-3 y eliminó al Maccabi.

Un equipo, el Maccabi, conocido por agrupar hinchas con un determinado perfil político: ciudadanos de Israel conservadores y no muy partidarios de las relaciones cordiales con los palestinos a diferencia, por ejemplo, de los ultras del Hapoel, más dispuestos al dialogo. Pero esta es otra historia. Otra historia polémica que hemos intentado contar con fría neutralidad. Si alguien quiere colgarme la etiqueta de propalestino o proisraelí ahora, esta es vuestra oportunidad.

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4 comments

Utilizaste un parrafo para defenderte, tu reseña es espectacular escribe sin tapujos igual siempre no se puede quedar bien con todo mundo. Yo desde Honduras siempre te leo somos de la generación fútbol total importa igual la liga de Irán que la de Italia, es fútbol es pasión y cada una de las zonas tienen muchas historias que contar y que mejor tener gente como tu que lo haces mesclando varios aspectos. Saludos

Muy buen artículo y muy emocionante, las críticas son parte de nuestras vidas, así que no nos queda de otra que aceptarlas y seguir para adelante! 😉 Ánimo y sigue así

Un asunto complejo… y una realidad que lo es más.

Si el jugador no dio la mano , incumplió con protocolos de UEFA y posiblemente se expuso a los pitos de hoy (que hasta que punto estarán dentro de lo "normal" de una afición rival).

El futbol debe apartarse de la política y si ese jugador lo siente así no tenía que haber viajado a Israel… (rebajándose el sueldo a sí mismo en la medida que una no clasificación afecte a su club , y a sus compañeros..)

Alguien dijo "la violencia es simple , las alternativas a la violencia son complejas"

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