El Milan acaba con Forster

Sara Zizza, Muntari

Tenía un pálpito Neil Lennon. Coger al Milan algo frío. En agosto los rossoneros arman equipos que no deberían alcanzar el sexto puesto. En septiembre juegan horrible, en enero van cuartos y en abril tienen alguna jornada donde pueden sacar la calculadora y contar cuánto les separa del título, incluso vencer al Barcelona en una ida de octavos de Champions League. Allegri siempre acaba formando equipos de cuidado y al Celtic se le apareció la primavera en ocho minutos. Fraser Forster ya las había sacado de todas las maneras. Manopla de reflejos a trallazo de Balotelli, uno, blocaje abajo a tiro raso de Matri, dos, salida e intimidación a incursión de Birsa, tres. El Milan lucía un arranque mejor de lo esperado mientras el portero que más paradas hizo en la pasada edición de la Champions volvía a llamar a la puerta de los grandes. Hodgson, Arsenal, aquí estoy.

El cuento del Milan se deshizo en cuanto se apagó la ilusión del estreno europeo italiano. Pronto desapareció la magia que conducía los pases de Muntari a los pies de sus compañeros. El Celtic, con un once rudimentario, defensores incrustados en la media y Scott Brown robando balones en el centro, creaba peligro por la zona izquierda, donde se asociaban el lateral zurdo Izaguirre y el indescifrable Samaras, tan capaz de leer una jugada tan bien como Iniesta y equivocarse del todo a las veinte siguientes. En una batalla de asociaciones previsibles, los escoceses se plantaban en tres cuartos para lanzar centro tras centro dentro del área. Jugaban en campo del Milan y dominaban el partido, pero anunciaban cada vez adonde rifarían el esférico.

Allegri tenía como coartada más que bajas una lista de heridos de guerra, entre ellos El Shaarawy, Montolivo, De Sciglio, Kaka y Abate. El centro del campo milanista lo formaron De Jong, Muntari y Nocerino, y de ahí no salió nada bueno. Birsa, el escogido para la asociación, se fue al banquillo sin haberlo logrado ni una sola vez. Solo cuando Allegri incorporó a Emanuelson y Robinho, después de conceder mucho espacio y merecer algún gol en contra -Brown tuvo un uno para uno y Stokes lanzó una falta al larguero-, los locales volvieron a pisar territorio de Forster.

Muntari cabeceó al cielo a un metro de portería porque Forster le espantó con la mirada. Balotelli disparaba al cielo porque si encontraba portería no tenía opción alguna. Forster iba camino de convertirse en el héroe del partido, hasta que Izaguirre, él no quería, desvió un zurdazo de Zapata que iba fuera y lo coló en sus propias mallas. Forster era finalmente vencido, en el minuto 82′, y lo sería una segunda vez cuando tras volar hacia un disparo de Balotelli, el rebote favoreció a Muntari, que a portería vacía y sin magia, cerró un partido de verano milanista. Discreto, tedioso, pero suficiente (2-0).

 Foto de portada: Sara Zizza

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