El Milan se volvió a crecer… pero esta vez sufrió más

Massimiliano Allegri volvió a plantear un partido de contragolpe e intensidad (Foto: Focus Images Ltd).

Como ya había ocurrido en las dos últimas temporadas, el Milan de Massimiliano Allegri aparcó su mal momento en la liga italiana, en la que ya no compite por el título, para enfrentarse con el Barcelona tuteándolo en la batalla por el resultado. Ya no es capaz de discutirle el dominio del juego, pero, sorprendentemente, sí consigue transformarse en un conjunto repleto de carácter ganador cada vez que la escuadra azulgrana visita San Siro. Es como si para los rossoneri fuera preferible partir desde la inferioridad para no tener ninguna obligación a la hora de proponer. Así lo pareció, otra vez, en los primeros veinte minutos, en los que, empujados por un público que en estos encuentros vuelve a sentir viva la grandeza histórica de su institución, los discípulos de Allegri desplegaron todo su ímpetu y toda su intensidad. Desprendían frescura hasta aquellos a los que no se presumía frescos: Kaká, sorprendentemente titular pese a acabar de regresar de una lesión, se ubicó en el extremo izquierdo (Birsa en el derecho en un 4-3-3 con Robinho de punta principal), y hasta mostró un extraordinario compromiso a la hora de defender a Alves y formar una línea de cinco con los Montolivo, De Jong y Muntari cuando al equipo le tocaba replegarse. Por momentos, San Siro pareció volver al 2007, cuando el brasileño cabalgaba imperial hacia el Balón de Oro cimentado en Old Trafford y hacia la Copa de Europa levantada en Atenas.

De hecho, fue en una acción de aquellas tan características suyas, tan de cambio de ritmo, de aceleración, de ganar la conducción en carrera, en la que el Milan se adelantó. Ayudó -mucho- Mascherano, que despejó mal. Tampoco Piqué estuvo bien: perdió la carrera con Robinho, algo que no debe resultar sorprendente viendo cómo ha empezado la temporada el central barcelonés. Marc Bartra debió observarlo desde el banquillo preguntándose si tendrá opción de jugar ante el Madrid el sábado. Si la elección fuera puramente por rendimiento reciente, probablemente no habría dudas: se lo ha ganado. Pero ésta es otra historia: lo que realmente importaba era que el Barça estaba perdiendo en Milán, como el año pasado. Y perdía más o menos por los mismos motivos: porque el rival estaba más intenso y más metido. Porque el Milan, ahora mismo, vive de estos pequeños triunfos, mientras que al Barça le cuesta más darle a un partido así una dimensión distinta a la de un choque glamouroso que no deja de caer en una liguilla de fase de grupos en la que tiene la clasificación encarrilada.

Pero lo más positivo para los de Martino llegó después. Llegó a partir del gol de Messi, logrado tras un robo de Busquets cuando el Milan estaba saliendo y por lo tanto se encontraba defensivamente desubicado. Desde ahí hasta el final, y hablamos de una hora de juego, el Barça combinó con una fluidez que no había encontrado ni en el 0-0 de hace dos temporadas ni en el 2-0 de la pasada. Alexis ocupó a menudo a los centrales, evitando que pudieran salir a por Messi. El argentino iba a recibir por momentos incluso por detrás de Iniesta, y Neymar y Alves abiertos impedían que el Milan sólo tuviera que estar pendiente de las zonas interiores. Lo más normal, por el desarrollo del juego, habría sido que el Barça hubiese acabado ganando, pero no tuvo precisión en las tres o cuatro ocasiones muy claras que fue capaz de generar (en una de ellas, que terminó con un remate de Iniesta detenido por Amelia, la acción combinativa fue exquisita). De hecho, el ingreso de Balotelli para participar en el tercio final del encuentro no tuvo ningún impacto: prácticamente no intervino ya que al Milan no le quedaban fuerzas para contragolpear. Supongo que en Barcelona los mensajes más catastrofistas hablarán de dos empates consecutivos de un equipo que no puede permitirse fallar nunca, pero también se puede hacer referencia a una mejoría en la generación de ocasiones en un campo en el que el atasco había sido monumental en las dos últimas visitas.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

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4 comments

El barca sabemos a que juega, y los rivales que se sienten menores tambien. Asi llevamos años disfrutando este futbol.
Pero entre pamplona y milan la capacidad de generar ocasiones ante equipos cerrados ha sido menor de la esperada. Con acierto se hubieran ganado los dos y no habria debate(de futbol, va primero en liga y en su grupo)pero son dos empates. Falta velocidad de balon, de acciones, de desmarques, de movilidad…falta la mejor version de iniesta y mesi…y de pique y masche. A estas alturas no hay finales, pero el partido del sabado se esta empezando a jugar pensando ya en las consecuencias del domingo.

En mi opinión, el ritmo lento, la falta de “chispa” en algunos jugadores clave se puede deber a las rotaciones del Tata…. pero ojo, Otoño e Invierno sólo sirve para no perder las competiciones en las que participas, y en Primavera se ganan, el objetivo es llegar en plenitud en Marzo, Abril y Mayo y, en ese sentido, se están haciendo las cosas de manera correcta.

No estoy de acuerdo Axel en lo de la lectura positiva de las ocasiones. Este Milán era peor que el de los años anteriores por varios motivos: va 8º en el Calcio, no jugaba El Shaarawy, no jugaba de titular Balotelli, Kaka hace años que no esta bien físicamente y encima acaba de salir de una lesión, jugaba Robinho de “9”, es decir que no podía aguantar algún balón para dar un respiro a sus compañeros. Lo raro hubiese sido que el Barcelona no generase ocasiones. Generarlas no es algo positivo, es algo lógico viendo al rival.

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