El penúltimo pase

Paris Saint-Germain celebrate their win with their fans after the UEFA Champions League match at Stamford Bridge, London
Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117
09/03/2016

Hay pases que no trascienden: un robo a tiempo para abrir a banda, una salida rápida de un defensa central, una pared en el centro del campo. Son las asistencias de gol las que se llevan siempre el protagonismo: lúcidas y atractivas, suman puntos en las estadísticas y aparecen en el corte de vídeo de la jugada que da origen al tanto. Encontrar a ese asistente es muy sencillo; a veces basta con seguir la trayectoria del goleador y comprobar hacia quién se dirige para celebrarlo. Esos pases no se olvidan, pero tampoco los errores. Un mal entendimiento entre el portero y el lateral mata al equipo, igual que un envío fallido cerca del área. Fallar un pase así marca al futbolista, lo señala, se le apunta como la causa de todo lo que vino después. Los pases que se recuerdan semanas después son los decisivos, esos que desnivelan el resultado.

El mérito de Thiago Motta fue enviar al París Saint-Germain a los cuartos de final de la Champions League con dos pases que no fueron asistencias.

Al penúltimo pase se le reconoce rápido, pues es la respuesta a la pregunta “¿quién fue el del pase?”. El penúltimo pase no se percibe hasta la repetición, cuando confirmas al protagonista, porque el penúltimo pase lo ves, lo sientes, suena ese click rompedor que ha hecho la jugada, pero hasta que no es gol no te fijas en quién lo ha dado. El penúltimo pase es el que desmonta al rival, el que hace crujir todo un sistema defensivo y que surge de forma inesperada. Hay centrocampistas con ángel para conectar ese tipo de envíos. Cuando llega al primer toque, un detalle de elegidos, fluye el fútbol. Basta con ver las dos jugadas de los goles del PSG para comprobar que, en los momentos en los que interviene Motta, el gol se intuye más cerca.

El hombre de los penúltimos pases (Foto: Focus Images Ltd)
El hombre de los penúltimos pases (Foto: Focus Images Ltd)
Rabiot e Ibrahimovic marcaron los dos tantos; Ibrahimovic y Di María repartieron las dos asistencias. Entre medias, Diego Costa fue todo lo que tuvo el Chelsea para intentar remontar el 2-1 en contra de la ida. Y su presencia significó todo para los locales: cuando recayó de sus molestias y tuvo que ser cambiado en el segundo tiempo, se apagó la luz en Stamford Bridge. Mientras tanto, Obi Mikel ya había estado jugando con los enchufes de la electricidad, desprotegiendo una zona capital para que Cesc Fábregas, su pareja, pudiese generar a su antojo. Con Matic suplente por decisión técnica, Mikel recordó al borracho que nunca falta los encierros y que al final olvida por dónde llega el toro. Fue en todo su hueco de acción, donde acudieron por partes iguales tanto Di María como Ibrahimovic, de donde brotó el peligro francés.

Laurent Blanc: “Di María fue un problema para ellos desde el principio hasta el final. Nunca supieron dónde estaba. Zlatan hace esto en la Ligue 1 y siempre os preguntáis si puede hacer lo mismo en la Champions. Hoy habéis tenido la respuesta””.

Ángel Di María, el toro del PSG (Foto: Focus Images Ltd)
Ángel Di María, el toro del PSG (Foto: Focus Images Ltd)
Durante el partido de ida, Di María hizo estallar la eliminatoria y encadenó media hora dorada para lograr un resultado positivo. En Stamford Bridge, el argentino decidió que el partido sería suyo. El “Fideo” se escurría por todos lados, dejando su sabor por cada esquina: por la banda derecha buscando a Kenedy, lateral titular; por la zona del diez, por delante de los centrales. Apareció por tantos lados que no sorprende que fuese el destino de los dos pases providenciales de Motta. El veterano centrocampista había fallado en el gol de Diego Costa -una pérdida de las que señalan, esos errores que no se olvidan-, además de la ausencia de intensidad que mostró Rabiot durante todo el choque –Verratti, qué importante fue su ausencia-, pero encontró la carrera de Di María en el segundo tiempo para marcar el segundo tanto visitante, el que garantizaba el pase de ronda gracias al valor doble de los goles a domicilio.

El gol de la victoria lo metió Ibrahimovic, al que la Champions League le debía una noche así. Hace un año, el sueco fue expulsado en este mismo encuentro, a pesar de que su equipo se clasificó. A veces como delantero, a veces bajando al centro del campo, a veces incluso dando pases sin correr, con esa pose tan característica. A veces, a veces, a veces. Ibrahimovic en Europa siempre había sido a veces, a ratos, señales, pistas, inconsistencia, hasta que en Londres, contra el Chelsea y con un proyecto tan potente como el PSG de Laurent Blanc, no fue a veces: fue todo el rato.

Ángel Di María: “Estamos muy felices. Demostramos nuestro talento, controlamos el partido y nos merecimos el resultado”.

Zlatan Ibrahimovic, autor del gol definitivo (Foto: Focus Images Ltd)
Zlatan Ibrahimovic, autor del gol definitivo (Foto: Focus Images Ltd)
Foto de portada: Focus Images Ltd

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4 comments

La verdad es que es increíble a dónde llega el autoconvencimiento de Diego Costa. Sin quitarle ningún mérito al Cholo (es evidente), cuesta imaginar a otro delantero que hubiese llevado al Atlético de Madrid a ganar una Liga al Barça de Messi y al Madrid de Cristiano. Donde no llegan la calidad, llegan una mentalidad competitiva ‘nadalística’. En esta eliminatoria -y sobre todo el partido de hoy, que se acabó cuando se marchó del campo-, llevó a un Chelsea completamente sumido en la mediocridad a competir contra uno de los grandes equipos de Europa en la actualidad.

Tener a un jugador así es un pequeño consuelo para la afición blue, que se despide de la Champions tras estar de forma ininterrumpida desde el 2003 y que es plenamente consciente de que queda mucho camino para volver a disputar esa competición. Ahora hay una plantilla venida menos en el término cualitativo, y que echa de menos la mentalidad competitiva de sus grandes líderes. Y no será fácil reforzarse, porque el proyecto es menos atractivo… Y eso en un escenario de mucha demanda y poca oferta… En fin, Hiddink pronunció hoy esa palabra tan desilusionante para la hinchada (TRANSICIÓN), y parece claro.

Algo positivo: que el Chelsea tiene una generación maravillosa de chavales entre 18 y 20 años. Hay materia prima; ahora el tema es buscar ese contexto (tan complicado de encontrar) que favorezca su desarrollo. Christensen, Nathan Aké, Solanke, Musonda… más los Traoré, Loftus-Cheek, Zouma, Kenedy, Ola Aina… Algo puede salir de ahí.

Efectivamente, la generación de oro del Chelsea se acabó. La segunda llegada de Mourinho ha creado un equipo sin alma, y muy distinto al de la primera, caracterizado por el físico y la contundencia.

Es necesaria una buena limpia y asentar a algunos jóvenes que tomen los papeles de Lampard y Terry. Por eso casi prefiero que no se clasifiquen para la EL, porque habrá menos presión. Hay que aprovechar la generación de los campeones de la Youth League del año pasado (Solanke, Baker, Aina, Aké, RLC…) y algún que otro fichaje

De las mejores actuaciones que se le han visto a Ibra en esta fase de UCL, aunque el tampoco tenia que hacer demasiado para superar lo que habia hecho en otras UCL.

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