En la barriga del gigante

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Uli Hoenes llegó al restaurante Kafer puntual. Bajó del Audi y encaró las escaleras, donde esperaban periodistas, fotógrafos y cámaras persiguiendo al hombre de la semana. Acusado de fraude fiscal, el presidente del Bayern no se escondió y acudió a la comida de directivas con el Barça. Pero pasó de largo de la prensa con una cara de tranquilidad pasmosa.

Hoenes no suele perder. Pero ante las derrotas se crece. Delante de la acusación de fraude, movió sus fichas y decidió que se publicaría el fichaje de Mario Goetze. 24 horas después de ser portada por sus supuestas fechorías, Hoenes se levantó con periódicos llenos de elogios al Bayern. Por la goleada al Barça, por su dominio del mercado, por su poderío.

El Bayern impone respeto. Pocas cosas fallan en un club modélico en su funcionamiento, tiránico en el dominio del mercado interno, maravilloso en el césped. Una maquinaria enorme se pone en funcionamiento cuando los chicos de rojo juegan. Durante todo el día la ciudad respira fútbol. Las terrazas y cervecerías del centro. En la Marienplatz las camisetas del Bayern se mezclan con las visitantes. Andoni Zubizarreta, paseando, se saca fotos, charla calmando con quien se para a saludar. “El Bayern funciona de otro modo. Si Goetze vale 37 millones, no negocian. Van, los pagan, se van” nos comenta. Una aficionada que vende muñecos de trapo que imitan a Guardiola lo persigue pensando que es un hincha del Barça. El Bayern mueve millones. Muchos millones. Desde el muñeco de trapo al Allianz Arena, un auténtico templo. Aquí está la barriga y el corazón de este gigante que quiere dominar Europa.

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Todo impresiona cuando hablamos del Bayern. La mezcla de modernidad y tradición se cuida al detalle. Las viejas glorias dominan el club y crean la simbiosis perfecta entre pasado y futuro. El Bayern tampoco le gira la espalda a esa estética ochentera tan relacionado con el fútbol alemán. Esas chupas tejanas sin mangas llenas de parches, esas melenas, esas bufandas atadas al brazo. El hincha alemán de la vieja escuela parece un heavy desfasado. En el Allianz Arena suenan AC/DC, Twisted Sister y Kiss. Notas musicales de otros tiempos en un recinto de nueva generación. La tienda oficial del Bayern vende chupas tejanas de diseño con el escudo grabado en la espalda que lucen con orgullo chicas de piernas kilométricas, tacones vertiginosos y cuidado maquillaje. En el Allianz Arena la obsesión es que el hincha se sienta cómodo, disfrute del fútbol, se sienta miembro de una gran familia. Antes del apartido la ludoteca del Allianz esta llena de familias con niños. Los bares, con un sistema de colas ordenado para facilitar la consumición, no paran de vender. La tienda oficial vende mil productos.

“Este estadio es una maravilla” admite Franz, un chico minusválido que veranea en Mallorca. La zona para personas con discapacidad física, situada justo detrás de la zona para los periodistas, está bien situada, limpia y con personas que atienden todas las necesidades de los fieles hinchas que llegan en silla de ruedas. “El viejo Olímpico era diferente. Te ponían en la pista de atletismo. Este estadio lo pensaron al detalle, nos encanta”, añade. La visión desde todos los ángulos es perfecta. La acústica, espectacular. Los accesos, muy cuidados. Esta joya, herencia del Mundial del 2006, se pensó al detalle. Los 3000 hinchas del Barça fueron desalojados de su zona a la vez que los del Bayern, pues los accesos se diseñaron para facilitar la entrada y salida de la gente. En el Bernabéu o el Camp Nou la hinchada visitante suele esperar 15 o 20 minutos antes de poder salir. Pese a los lógicos atascos, el Allianz es un estadio donde todo funciona mejor que en otros sitios. El wi-fi para la prensa, el trato, la información. En la zona de prensa, un catering que mejora el de los estadios ingleses. Atentas y amables, camareras sirven largas jarras de Paulaner a los periodistas. La prensa que viaja con el Barça duda entre beber sin pausa o resistir a la tentación para ver bien el partido. La prensa local no le da importancia. Su día a día es estar cuidados por un club detallista.

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Detallista pero tiránico. Despiadado. “Beckenbauer estará satisfecho. Se le metió entre ceja y ceja que esa derrota en el Camp Nou por 4-0 era la peor de la historia del club. El golpe se ha devuelto”, aseguran diferentes periodistas. “No se acuerda de ese 0-7 con el Schalke”, añade otro con una sonrisa en referencia a una goleada sufrida en 1979.

Si el Bayern impone respeto por la televisión, en directo asusta. Cada balón dividido ganado por Javi Martínez era jaleado por una hinchada fiel que se encuentra a medio camino de esos hinchas escoceses fieles que celebran un córner como si fuera un gol, y los exigentes aficionados del Barça en el trato al balón. “Mia san mia”, resume Franz, citando el lema, en dialecto bávaro, que usa el club. “Somos como somos”.

Dentro de las entrañas del gigante, Heynckes valora en la zona de prensa las ayudas defensivas de Ribery o Robben. Afirma que ama la idea de fútbol y pide calma para frenar la euforia. “No es euforia, es normalidad. El Bayern esta pensado para ganar”, me susurra un periodista de la rádio bávara.

Al salir del Allianz, la imponente estructura del estadio te despide. Noche cerrada y el color rojo ilumina la noche del norte de Munich. En 2006 trabajé en este estadio, durante el Mundial, y me impresionó solo su arquitectura. Ahora ya es la casa del Bayern y el impacto ha sido superior. Pese a que el Munich 1860 ilumina el estadio de azul cuando juega, es el templo del Allianz. El corazón de los románticos aficionados de los ‘die lowen’, los leones, aún late en el viejo Sechzgerstadion. El corazón del Bayern late en el Allianz, su casa, pues en 2006 compraron al Munich 1860 la otra mitad del estadio (ellos ya poseían el 50%). En el Allianz sólo algunos grupos radicales no se sienten cómodos. Los críticos afirman que este es el “Arroganz Arena”. Pero es el mejor reflejo de la grandeza de un club que piensa en grande. “Es brutal. El estadio y el trato. Todo esta pensado, aquí” me comenta un directivo del Barça en el aeropuerto.

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