El tapado blanco

Isco FIL MADRID LAS PALMAS 19

La temporada de Isco Alarcón ha estado lejos de ser la esperada. Seguramente resulte en un rol secundario en la Eurocopa que muy pocos podían anticipar cuando se abrió el nuevo ciclo en la selección española de Vicente del Bosque tras el Mundial de Brasil y el 22 era quizá la cabeza más visible de la nueva generación. El malagueño se encuentra en una de las poquísimas plantillas del planeta en las que no goza de serie con plaza de titular indiscutible y la inesperada irrupción de Casemiro como pieza troncal en el Madrid ha provocado que en el centro del campo no resten minutos disponibles para concurrir: ni Kroos, ni Modric, ni el brasileño descansan ni suelen ser sustituidos. Como para Zizou Isco no es un atacante sino que únicamente rivaliza con los centrocampistas, su importancia en el equipo ha pasado a ser totalmente accesoria. No porque el francés no le valore, sino porque simplemente no queda hueco para él. A sus 24 años, debe conformarse con minutos de rotación.

La recurrente comparación con el bajo momento de James Rodríguez le ha hecho un flaco favor al de Arroyo de la Miel. Se toman como equivalentes situaciones absolutamente dispares. Para empezar, porque sus temporadas no se parecen lo más mínimo. Aunque mediáticamente no haya trascendido, Isco sí ha rendido de forma al menos notable en varios tramos clave del curso. Durante la etapa de Benítez, el andaluz fue uno de los pocos que se partió repetidamente el pecho por su entrenador. En el que fue el gran encuentro del ciclo de Rafa en Chamartín, el empate en el Parque de los Príncipes, el 22 firmó una actuación esplendorosa que supuso una de las claves tácticas del dominio blanco. Y en general, cuando la lesión de Bale le otorgó un rol protagonista en el rígido esquema del técnico madrileño, Isco respondió con creces a la confianza con fútbol e implicación en escenarios tan poco agradecidos como la fría noche de Malmö. No se borró.

Isco and Gareth Bale of Real Madrid during the UEFA Champions League match at the Estadio Santiago Bernabeu, Madrid Picture by Marcos Calvo Mesa/Focus Images Ltd +34 654142934 15/09/2015

Tras la vorágine de caos y negatividad que supusieron las últimas semanas de Benítez en Madrid, aterrizó Zidane. Y de inicio, no se olvide, reanimó a su hinchada con ilusionantes goleadas de las que Isco era una pieza imprescindible. Los refrescantes primeros días del técnico francés, en los que todo apuntaba a que apostaría por un juego más alegre y ambicioso de lo que finalmente ha resultado, contaron con un estelar Isco que parecía convertirse en uno de los intocables del nuevo proyecto. Cuando surgieron las dudas, la liga se alejó, se destaparon los defectos colectivos y Zizou recurrió a Casemiro para tratar de disfrazarlos, el malagueño fue el sacrificado y desapareció de la rotación. Mas cuando la lesión del brasileño provocó que Zidane se viera obligado a echar mano de su talento en toda una vuelta en unas semifinales de Champions tras meses desapercibido, respondió con una soberana exhibición de jerarquía para liderar el pase a Milán.  Previamente, cuando entró al campo en Wolfsburgo con un lúgubre 0-2 en el luminoso que pesaba como una losa, su frescura durante el tramo final cambió la cara a su irreconocible equipo.

Isco ha comparecido en la temporada. ¿Que no ha alcanzado los niveles de inspiración y brillantez técnica que por momentos mostró con Ancelotti? De acuerdo, ha estado lejos de aquello: no ha sacado sobresalientes. No ha firmado exhibiciones de fantasía y genialidad que sabemos que tiene en sus botas. Pero la imagen que flota de caprichoso que se ha borrado no concuerda con la madurez que ha mostrado para no desactivarse nunca del curso pese a su decepcionante protagonismo. Isco siempre ha logrado volver a sacar la cabeza. Y que haya llegado encendido a Milán es una noticia fantástica para el Real Madrid. Por varios motivos.

Hasta su mayor hater debe reconocerle la grandeza. De Isco puedes esperarte que falle, que te desespere porque pierda cinco balones consecutivos y que no le salga ni un regate, pero jamás que no se muestre. Jamás duda de sí mismo: está profundamente convencido de que es buenísimo, de que la siguiente acción le va a salir. El particular fútbol del andaluz tiende a acumular cuotas de balón extraordinarias, a erigirse como el epicentro del juego, retener la pelota y distribuirlo a su antojo y lo ejecuta en todos los contextos: partidos trascendentes o no, con papel de líder estilístico o viniendo de ser discutido mediáticamente y sea Cristiano Ronaldo o Lucas Vázquez el que le reclama el cuero con impaciencia. En la eliminatoria ante la Juventus del año pasado, la vuelta ante el City, las finales de Mestalla o Lisboa de 2014 Isco no dejó ninguna duda de que es un big game player. O si se quiere, que se repase su hoja de servicios en la histórica Champions League del Málaga durante el año anterior. No le quema la pelota lo mas mínimo ante el paralizante suspiro de la trascendencia.

Todo apunta a que será suplente en San Siro. Sin embargo, es bastante viable dibujar un escenario en el que su figura cobre importancia para el Real Madrid. Como hiciera Ancelotti en 2014, con un resultado adverso no tardará en entrar al campo, pues Isco es una garantía de que, haya pasado lo que haya pasado anteriormente, su participación va a cambiar radicalmente el discurso del juego. Que si flota un clima de desesperación e impotencia ante la incapacidad para tener ocasiones y quieres agitar el tablero, el malagueño va a ser inmune y va a tratar de imponer su particular fútbol. Le salga o no.

El Atlético de Madrid es de largo el rival que mejor se le ha dado al exmalaguista desde que está en la capital. Ante el conjunto colchonero firmó quizá la mejor actuación de su carrera hasta el día de hoy.  Además, sus minutos en Lisboa fueron absolutamente decisivos para que el Madrid lograra someter a su rival en el tramo final. Ese mismo año, su concurso en el duelo del Calderón es vital para que no se le fuera antes de tiempo la pelea por el título liguero. Por su tipología, el conjunto colchonero se ajusta completamente a sus características. Al Atlético de Madrid tradicionalmente le han hecho daño los regateadores (Messi, Di María o Neymar) y el malagueño (ojo a su combinación con Marcelo) es lo más parecido que tiene el Real Madrid en su plantilla. Recibir en parado, conducir, regatear, juntar dos colchoneros y aprovechar esa ventaja con un pase al hombre libre es una acción que permite al conjunto blanco penetrar en la infranqueable estructura rojiblanca. E Isco la ejecuta con insistencia. Ante el bloque ofensivo que habitualmente suele crear el Cholo con su defensa posicional, el Madrid encuentra en su imaginación un arma efectiva para girar el encuentro y situar la pelota cerca de Oblak y suele recurrir a ella cuando todo lo demás le frustra. Pocos cuentan con él para aparecer en la foto final, pero Isco es el tapado blanco.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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