Jardim conquista El Madrigal

Bernardo Silva of AS Monaco FC celebrates his goal with Thomas Lemar during the UEFA Champions League qualifying play-off match at Estadio El Madrigal, Villarreal
Picture by Maria Jose Segovia/Focus Images Ltd +34 660052291
17/08/2016

La Champions League es otra cosa y se notó desde el primer suspiro. Da igual que sea agosto y que todavía estemos en la fase previa: lo que acontecía en El Madrigal ya era radicalmente distinto a todo lo anterior. Por supuesto, diferente a los ingentes encuentros amistosos de pretemporada, pero también a todas las Supercopas y hasta diría que al Campeonato de Europa disputado en Francia hace poco más de un mes. Otro deporte. Otro ritmo, otra tensión emocional, otra predisposición táctica se podía respirar en el ambiente. Una atmósfera absolutamente genuina que sólo tiene la Copa de Europa. Villarreal y Mónaco nos ofrecieron un espectáculo digno de la maravillosa competición que acaba de dar comienzo. 

Bruno Soriano of Villarreal CF and Valere Germain of AS Monaco FC during the UEFA Champions League qualifying play-off match at Estadio El Madrigal, Villarreal Picture by Maria Jose Segovia/Focus Images Ltd +34 660052291 17/08/2016
Bruno Soriano firmó un partido monumental. Foto: Focus Images Ltd

Y eso que el inicio fue un giro argumental que pudo descarrilar todo el transcurso posterior de la eliminatoria. Un absurdo pero riguroso penalti de N’diaye sobre Lemar en la primera jugada del partido suponía un golpe más en el riñón del Villarreal, que ya acumulaba unos cuantos y amenazaba con derrumbarse. Por si la fulgurante salida de Marcelino y la dramática epidemia de lesiones fuera poco, el submarino amarillo veía como el partido más trascendental de la temporada empezaba cuesta arriba. Sin embargo, se volvió a levantar.

El Villarreal fue el Villarreal en cada segundo del encuentro. Cometió errores y le faltaron cosas porque su once inicial era absolutamente alternativo, pero los cimientos tácticos no se tambalearon nunca: siempre se vio un equipo sólido plantado sobre el césped. Contribuyó a ello un estelar Bruno Soriano, que cogió al encuentro del pecho y lideró la reacción al gol con su omnipresencia en el primer pase. En el 4-4-2 amarillo, que se mantuvo pese a las lesiones y al cambio de entrenador, sólo Samu Castillejo por banda derecha aportaba algo de desequilibrio y se quedaba corto, pero la claridad de cada pase del mediocentro castellonés y su entendimiento con el fino Trigueros ayudaban a romper una línea y generar espacios.

No fue casualidad que el gol del Mónaco viniera por banda izquierda, pues por allí se concentró casi todo su peligro. Un exuberante Mendy no dejó de incorporarse y surtir de balones al área, frente a los cuales la respuesta N’diaye dejó alguna duda. El mágico culebreo de Bernardo Silva suponía el toque diferencial en un ataque que se caracterizaba a grandes rasgos por ser directo y vertical: en un esquema homónimo al de Escribá y con la ventaja en el bolsillo, Jardim buscó las transiciones por sus eléctricas bandas para incomodar a Asenjo. El Mónaco atacaba de forma esporádica pero intimidatoria.

Alexandre Pato firmó una actuación muy prometedora. Foto: Focus Images Ltd
Alexandre Pato firmó una actuación muy prometedora. Foto: Focus Images Ltd

En el Villarreal, como se ha comentado, faltaba desequilibrio ofensivo, pese a que el esférico era mayoritariamente suyo. La rígida estructura del conjunto levantino exige a la doble punta autosuficiencia y explosividad y la pareja de circunstancias alineada hoy no pudo emular esas prestaciones. Mas el partido de Alexandre Pato fue absolutamente prometedor. Aún lejos de su mejor forma física, dejó varios detalles resolutivos de una calidad que puede marcar diferencias como encuentre continuidad y se le vio con una implicación absoluta. El ariete brasileño marcó el tanto del empate de forma algo atolondrada, pero lo relevante fue que le gritó a Europa que ha venido al Madrigal para reivindicarse.

Con el tanto del empate vinieron los mejores minutos amarillos. Nunca fue el Villarreal en los últimos tiempos una máquina de crear ocasiones, pero encerró al Mónaco contra su portería y formó dinámicas circulaciones interiores (el pie de Roberto Soriano dejó una calidad asociativa muy potente) que le permitieron introducirse en la estructura de Jardim, pese a tampoco exigir muchísimo a Subasic.

El conjunto monegasco no concedió nada, pues es un muy buen equipo de fútbol. Sólido, con las ideas claras y con dosis de calidad extraordinaria. Resistió, se mantuvo emocionalmente cuando más empujó el conjunto levantino y, en cuanto olió sangre, asestó un golpe crítico. Sin Falcao, ni Mbappé y con Lemar, Germain y Dirar algo apagados, fue Bernardo Silva el que se ofreció para decidir. En una transición en la que N’diaye volvió a quedar en evidencia y toda la zaga española pecó de falta de contundencia, el mediapunta portugués hizo una deliciosa diagonal en conducción de 20 metros e introdujo el balón en la portería de Asenjo, logrando así un resultado que es un auténtico caramelo para la vuelta: obliga a los de Fran Escribá a marcar mínimo dos goles para estar en la fase de grupos. El Villarreal empujó, e incluso consiguió forzar la expulsión de Benjamin Mendy, una sensibilísima baja para la vuelta, pero la estructura de Jardim logró resistir, recordándonos así que su proyecto sabe competir como la Champions League requiere. Son un proyecto maduro.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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