La Juventus de Dani Alves remata al Monaco

Alves celebra uno de los goles contra el Mónaco. Foto: Focus Images Ltd.

La Juventus se ha clasificado por novena vez en su historia para una Final de la UEFA Champions League. Ha sido a costa del Monaco y, en buena medida, por la diferencia de experiencia. Por el saber estar y por saber reaccionar mejor ante las adversidades en unas Semifinales de esta competición tan dura. Estas pasarán a la historia como las Semifinales del “Dani Alves extremo”. Fuera de posición, dio dos asistencias en la ida y ayer se inventó el gol de Mandžukić, además de marcar un golazo de volea a la salida de un córner. La conexión de Alves con Higuaín fue clave la semana pasada, pero ayer su socio fue otro de los pocos bianconeri que, como él, saben lo que es ganar la Champions. Su sapiencia se transmite entre una plantilla que se ha visto en mil batallas pero que no las ha ganado todas, sea con la bandera juventina o con la italiana. Ese es el plus de competitividad que le aportan a una Juve recompuesta tras la Final de Berlín y que quiere quitarse la etiqueta de ‘pierdefinales‘. Y es este savoir-faire lo que más contrastó con respecto al Monaco anoche en el Stadium. La inocencia defensiva de los jóvenes (y no tan jóvenes) monegascos no se consiente a estas alturas de competición. El rival la penaliza. Y la Vecchia Signora, de nuevo demostrando que es Vecchia y sabia, la penalizó. Si se había cebado con Bakayoko en la ida, ayer lo hizo con Jemerson y Glik. El Monaco tiene un ataque muy productivo y por eso Mbappé se convirtió en el futbolista más joven que marca en una Semifinal de Champions. A sus 18 años y medio acabó con una racha bianconera de 11 horas y media sin encajar en esta competición. Pero eso no bastó. La Juventus ya está en Cardiff. La Juventus ya mira hacia el Calderón.

Juventus 2 (Mandžukić 33′, Dani Alves 44′)
AS Monaco 1 (Mbappé 69′)

Allegri, prudente como de costumbre, repitió anoche el esquema flexible del Louis II. Andrea Barzagli volvió a ejercer de “hombre extra” en la defensa. Si la Juventus mandaba, era un lateral derecho sin profundidad para que Alves, desde la zona de extremo, no tuviera que bajar y pudiera volver a marcar diferencias en ataque. Si se venía el Monaco, Barzagli era el tercer central junto a Bonucci y a Chiellini, para que Alves ejerciera de carrilero y ayudara frente a Mbappé. En el 4-2-3-1 de Allegri solo cambió un jugador respecto a la ida: Khedira, que se perdió el partido de ida por sanción. Eso sí, el alemán sufrió una lesión muscular en la parte trasera del muslo derecho a los 10 minutos, con lo que Marchisio (el único cambio de Allegri respecto al once de Mónaco) entró para jugar el partido casi entero. En el Monaco, Jardim vio condicionados sus planes por la lesión de Nabil Dirar en el calentamiento. El técnico portugués le puso un espejo delante a la Juventus copiando su mecanismo del “defensor extra”. Su hombre extra también iba a ser un central italiano incrustado como lateral derecho: Andrea Raggi. Mendy, inicialmente suplente, entró en el once como lateral izquierdo mandando a Sidibé a la posición de extremo derecho (a lo Dani Alves). Esa no iba a ser la única variación del Monaco respecto a la ida. También cambió la estructura de su centro del campo: Bakayoko fue el único pivote contra Dybala; porque por delante jugarían Moutinho y Bernardo Silva frente a Marchisio y Pjanić. Es decir: 4-1-4-1 con Mbappé tirado a la banda izquierda, quitándole el sitio a Lemar. Con el recuerdo de que Mbappé desapareció en la ida cuando Jardim lo tiró a la izquierda, la propuesta del portugués parecía arriesgada y contraproducente. A posteriori, se puede certificar que no funcionó del todo.

Planteamientos iniciales del Juventus-AS Monaco. Infografía: Share My Tactics.

Si en la ida la Juventus empezó mandando y exhibiendo personalidad como visitante, en la vuelta fue el Monaco el que se creció en los primeros compases del partido. La necesidad de remontar llevó al Monaco a ejecutar una presión muy alta para intentar robar y castigar desde el principio. Falcao se echó encima de Chiellini, Sidibé sobre Alex Sandro, Mbappé sobre Barzagli, Bernardo Silva sobre Bonucci y Mendy sobre Dani Alves. Mendy no tenía problema en adelantarse muchos metros para presionar al otro ’23’ del partido porque, si algo iba mal, tenía a tres centrales detrás (aunque Raggi fuera un central “encubierto”). Esa presión alta sorprendió a la Juventus. Pero no la llevó a perder balones ni a sufrir ocasiones. Solo Mbappé consiguió rematar en los primeros diez minutos y fue un disparo al palo muy aislado. Esta presión tuvo más efecto anímico que futbolístico. Y se puede considerar, una vez acabado el partido, que se aplicó a demasiada altura. El Monaco, especialista en medir a qué altura presionar para incomodar a sus rivales de Ligue 1, no contempló que la zona débil de la Juve tácticamente hablando pudiese ser el Marchisio-Pjanić (ninguno es mediocentro posicional). A mayores, presionar tan arriba hizo del Monaco un equipo muy largo en el Juventus Stadium. Por eso, pasados los primeros diez minutos, la presión monegasca perdió su sentido y la Juventus se empezó a acomodar.

Que pudiera hacerlo fue, también, gracias al sacrificio de Dani Alves. Elogiado con justicia por su aportación ofensiva, el ayer extremo de la Juventus también se arremangó desde el inicio. No dejó escapar a Mendy con el balón en los primeros 40 minutos. Parar al que ayer era el único lateral del Monaco significó parar al equipo de Jardim con el balón, de igual modo que ya estuvo apagado sin Mendy en la ida. El Monaco, equipo que ataca a partir de las subidas de sus laterales, perdió mucho al perder ese duelo de veintitreses. La Juventus ganó enteros tras el primer cuarto de hora. Dybala manejó el tempo desde entonces y la Juventus empezó a demostrar que su ataque posicional se basa, sobre todo, en llegadas por los costados. Tanto es así que los pases más repetidos de la Juventus anoche fueron los del lateral al extremo (Alex Sandro-Mandžukić y Barzagli-Alves, 9 veces cada uno). Dybala y el Pjanić más llegador –Marchisio le deja subir– eran dos complementos de calidad desde el pasillo central. Eran los hombres que lideraban las pocas jugadas de ataque que nacían desde dentro. Pero, sobre todo, eran los jugadores que llevaban hacia el medio las jugadas que nacían en bandas. Todos ellos empezaron a encontrarse con que Glik y Jemerson no son centrales de élite europea.

El brasileño dejó rematar a Higuaín de mala manera solo ante Subašić. El polaco, por ejemplo, picó en una jugada en la que salió diez metros hacia delante para encimar a un Pjanić al que se le veían claras intenciones de tirar una pared con Dybala. Detalles de inexperiencia o inocencia defensiva que no se suelen perdonar en unas Semifinales de Champions. La inocencia llegó hasta el punto de encajar a la media hora de juego el 1-0 en una contra –no especialmente rápida– tras un córner a favor. El Monaco le concedió espacio a Dani Alves para ponerle con la derecha un centro medido a la cabeza de Mandžukić. El croata, al que Raggi defendió con la mirada, remató ante su compatriota Subašić, que hizo una de sus varias paradas de mérito. Pero el arquero concedió rechazo y la zaga monegasca permitió un segundo remate sin amnistía de Mandžukić.

Mandžukić metió con la zurda el 1-0 tras cazar el rechazo de Subašić. Foto: Focus Images Ltd.

Las imprecisiones, las cesiones de espacios y la inseguridad de la defensa de Jardim –quién hubiese escrito esto en las últimas dos temporadas– acabaron con el Monaco. Raggi, el jugador de campo más veterano ayer (32), se contagió de los errores de sus jóvenes compañeros de zaga. Incluso Mandžukić descolgaba balones largos en su zona pese a que Sidibé bajaba a su rescate. El Monaco empezó a ser víctima de una paradoja: tenía que preocuparse de no encajar más a la vez que de remontar. La Juventus atacó oliendo la sangre en esos minutos e intentó sentenciar la eliminatoria. Quizá esa vocación ofensiva fue la que hizo que Alves perdiera por una vez a Mendy y este tuviera la ocasión más clara del Monaco en el primer tiempo. A los 41 minutos, un disparo cruzado del lateral internacional francés fue desviado a córner por un Chiellini que llegaba con mala trayectoria al balón y encimado por Falcao. El Monaco creía que la Juventus cometería más despistes como ese. Pero justo al borde del descanso, fueron ellos los que se despistaron. Un saque de esquina derivó en el 2-0 en contra: Subašić despejó el servicio de Pjanić pero la pelota le cayó a un Alves que la remató con la derecha y sin dejarla caer. Golpeo de volea y golazo para sentenciar el que ha sido y será recordado como el cruce de Dani Alves.

En el segundo tiempo sucedieron muchas cosas que recordaron a la ida del Louis II. De nuevo, con una derrota por 2-0, Jardim tenía que reaccionar. Su centro del campo con Silva y Moutinho de interiores (o mediapuntas) no funcionó y Mendy, titular por casualidad, no estaba para 60 minutos –su ausencia en la ida, definitivamente, fue por problemas en los isquiotibiales–. Por ello, Mendy fue el primer sustituido. Pero salió por Fabinho, para reconstruir la medular. Bakayoko se pegó a Fabinho para frenar a Pjanić y a Dybala. Sidibé (diestro) se fue al lateral izquierdo, como en la ida, para dejarle a Bernardo Silva esa banda derecha de la que parte siempre en sus jugadas Robbenianas. Ante tal medida de protección monegasca y viendo el global de 4-0, Allegri sentó a Dybala pensando en la Roma y metió a Cuadrado de segundo punta; una nueva amenaza fresca para el fresco Fabinho. El Monaco quería venirse arriba con balón, pero tuvo el mismo problema que en la ida: por un lado, un lateral ya desacostumbrado a jugar a pie cambiado (Sidibé), y por el otro, un lateral que no es lateral (Raggi). Así, el Monaco no se sabe propulsar con la pelota. Y la Juventus llegó a quitarle por momentos la iniciativa en el juego.

Mbappé salió al rescate del Monaco y marcó su 6º gol en eliminatorias de Champions. Foto: Focus Images Ltd.

¿Cómo reaccionó el Monaco? Pues igual que en la ida: aferrándose a Mbappé. Si la Juve apela al colectivo ante las adversidades, el Monaco tuvo que hacerlo entregándose a un adolescente que vive su primer año como profesional. Todos le daban la pelota para que testase al máximo ese mecanismo juventino del “hombre extra”. Barzagli y Alves le frenaron bien en defensa posicional. Pero a la Juventus se le escapó en un córner. Y en ese córner, Moutinho condujo pegado a la línea de fondo y le dio un pase de la muerte a Mbappé. Así le metió a Buffon el gol que el veterano guardameta le había negado en los 160 minutos previos de eliminatoria. Entró en la historia como el goleador más joven de cualquier Semifinal de Champions. Nuevo mérito que añadir a su aún corto currículum.

Pero el Monaco no pudo hacer más. Jardim repitió la medida extrema de la ida: colocar a 3 delanteros metiendo a Germain, después incluso de haber incorporado a Lemar (que entró en derecha pero luego se fue a la izquierda dejando coja en ataque la banda de Raggi, que apenas subía). Por su parte, la Juve reaccionó igual que la ida y transformó su esquema en el mismo 5-4-1 de la ida. De esta forma, con un central para cada delantero rival, la Juve volvió a secar a un Monaco que se difuminó en el juego subterráneo.

Así acabaron Juventus y AS Monaco. Infografía: Focus Images Ltd.

Glik convirtió su frustración mal llevada en un pisotón sobre la rodilla izquierda de Higuaín. El ex del Torino, desbordado emocionalmente por el partido y por sus errores, quiso sacar del encuentro al Pipa aprovechando que el árbitro no le miraba. Pero no solo sacó al argentino sino que sacó a casi todos los futbolistas de ambos conjuntos. Mandžukić quiso tomarse la justicia por su cuenta, las faltas duras aumentaron y apenas hubo fútbol en los últimos 10 minutos. Lo más rescatable fue que Allegri, precavido, refrescó la demarcación de “hombre extra” con la entrada de Benatia por Barzagli a los 85 minutos, por si Mbappé se atrevía a empatar el partido por orgullo. Buffon ya le había denegado otro gol justo antes del córner del 2-1 y Buffon pudo vivir tranquilo gracias a su defensa en los últimos compases. Delante tuvo a poco Monaco para tanto colectivo bianconero. Y es que la Juventus que va a Cardiff es una Juve equilibrada, que no defensiva; y que luce como equipo, no como suma de individualidades. Intentará alzar la Champions en Gales tras haber perdido las cuatro últimas Finales disputadas en la competición. Enfrente tendrá a un equipo madrileño. Será el último desafío del curso para la Juventus de Allegri.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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