Amsterdam 1998

El Amsterdam Arena asistió a la primera gran exhibición de Pereiro en la Eredivisie. Foto: Focus Images Ltd.

Aunque hoy pueda resultar difícil de creer, el favoritismo de la Juventus en la previa de la final de la Champions League de 1998 parecía más que evidente. El contexto no tenía nada que ver con el actual: los turineses habían levantado la Copa de Europa dos años antes (frente al Ajax en Roma) y se habían quedado a las puertas de repetir doce meses después (perdieron frente al Borussia Dortmund en Múnich). La de Amsterdam era, pues, su tercera final consecutiva. Se les consideraba el mejor equipo del mundo en ese momento y contaban con una plantilla impresionante. Didier Deschamps y Zinedine Zidane, dos de sus piezas clave, levantarían la Copa del Mundo pocas semanas después. Alessandro Del Piero y Filippo Inzaghi formaban la delantera de presente y futuro del fútbol italiano (tenían 23 y 24 años). Ese equipo legendario, dirigido por Marcello Lippi, comparecía en la ciudad neerlandesa tras haber ganado su tercer título de la Serie A en cuatro años. El Real Madrid, en cambio, iba a destituir a Jupp Heynckes pasara lo que pasara en la final, pese a que el club de Chamartín no llegaba a una instancia tan avanzada de la Copa de Europa desde 1981. La mala temporada en la liga española, en la que el equipo terminó cuarto por detrás del campeón Barcelona, el Athletic Club y la Real Sociedad, había sentenciado ya el futuro del preparador alemán. Con todo, la tripleta ofensiva blanca (Raúl-Mijatovic-Morientes, que dejaban en el banquillo a Davor Suker), era un argumento de peso para que el conjunto español se sintiera capaz de dar la sorpresa. Su espíritu competitivo, eliminando en las dos rondas anteriores al Leverkusen y al vigente campeón Borussia Dortmund con un papel inesperadamente destacado de Christian Karembeu, había instalado ya la sensación de que ese equipo de Heynckes se comportaba de manera distinta cuando le tocaba jugar en Europa.

REAL MADRID 1-0 JUVENTUS: PLANTEAMIENTOS INICIALES

Real Madrid vs Juventus - Football tactics and formations

El preparador alemán salió con un esquema ciertamente asimétrico. En fase defensiva podía llegar a parecer un 4-4-2 en algunos momentos, ya que Raúl empezó algo tirado a la izquierda. Sin embargo, el intercambio de posiciones del 7 blanco con Mijatovic y Morientes sería constante a lo largo de los noventa minutos. Seedorf, en cambio, sí actuaría de forma permanente en la derecha. El hecho de no tener un hombre específico de banda por delante de Roberto Carlos le daba al brasileño todo el carril. Lippi lo sabía y ubicó a Di Livio, un jugador muy profundo y con mucha determinación en las transiciones, para que el lateral del Madrid tuviera que estar también muy pendiente de la faceta defensiva. La Juventus era especialmente peligrosa en los ataques que empezaban en la derecha y acababan dentro: tanto Zidane como Del Piero tenían mucha tendencia a tirar diagonales. De ahí que el partido requiriera de la mejor versión de Panucci, Karembeu y un Fernando Hierro imperial que podría perfectamente ser considerado como el mejor jugador de aquella final. Fernando Redondo también estuvo muy disciplinado en la vigilancia sobre Zidane, y además le dio al equipo la capacidad de salir jugando con la pelota. Se llegó al descanso con 0-0, bastante igualdad y un par o tres de ocasiones claras para los dos equipos. Eso en realidad ya era una buena noticia para el Madrid: la Juve no lo estaba arrollando como se presumía en todas las previas. Lippi buscó modificar algo y cambió el sistema en el descanso.

Real Madrid vs Juventus - Football tactics and formations

Con la inclusión de Tacchinardi y la retirada de Di Livio, la Juventus pasó a jugar con un rombo en el centro del campo que daba más libertad a Zidane y que sobre todo le proporcionaba superioridad numérica en la zona medular. Los turineses tuvieron sus mejores minutos del partido en el tramo inicial del segundo tiempo, y de hecho el gol de Mijatovic recogiendo un rechazo tras un disparo de Roberto Carlos llegó cuando peor lo estaba pasando el Real Madrid. Inzaghi tuvo el empate al poco tiempo, pero falló su tercera ocasión clara del partido en lo que fue una noche aciaga para el delantero que nueve años más tarde (en Atenas 2007 con el Milan y ante el Liverpool) se redimiría interpretando un papel radicalmente opuesto en una final de Copa de Europa. El gol le dio al Madrid seguridad y aplomo. Lippi arriesgó: primero dando entrada a un tercer atacante (el uruguayo Fonseca) y entregándole todo el carril izquierdo a Davids (al que le habían perdonado la expulsión de manera flagrante); después, dejando a Tacchinardi como único medio centro y utilizando la efervescencia de Antonio Conte para agitar los últimos minutos con sus carreras hacia el área repletas de espíritu. Heynckes reaccionó reforzando el centro del campo con Jaime y retirando a un delantero.

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El Madrid aguantó bien las acometidas finales de una Juve que cayó en la desesperación y que no encontró nunca la mejor versión de Del Piero -ni tampoco la de Zidane-. El preparador alemán se guardó dos cambios para el descuento y así arañó segundos al reloj y prolongó la frustración italiana. Suker y Amavisca tuvieron el papel testimonial de aparecer en la hoja del partido pese a que su incidencia en el resultado final fue escasa.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.
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