Klopp empató antes de que empezara

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Lukas es un joven alemán, de padre turco, que vive y estudia en Augsburgo, una ciudad de 270.000 habitantes a 45 minutos en tren de Múnich. Pese a que toda su familia es del Bayern, él es hincha del Dortmund -por influencia de Nuri Sahin, me atrevo a suponer, aunque nunca se lo llegué a preguntar-. Ayer visitaba por primera vez en su vida el estadio de su equipo y los 500 y pico kilómetros que separan Augsburgo de Dortmund me tocó hacerlos a su lado. No se puede decir que estuviera triste, pero su rostro -su ánimo, su actitud- no era la de alguien que iba a ver a su equipo en unas semifinales de Champions, a las que había llegado tras quince largos años. “El lunes me acosté soñando con Wembley y, cuando me levanté, tenía el móvil bloqueado de whatsapps de mis amigos del Bayern puteándome con el fichaje de Götze. No me lo podía creer. De verdad, hubiera preferido perder contra el Málaga antes que recibir esta noticia. Sentí que el Madrid nos había marcado el 0-1″, me dijo.

Llegamos por fin a Dortmund y sí: la ciudad estaba llena de camisetas amarillas (¡cómo no iba a estarlo!), pero tampoco se puede decir que transmitiera el calor de unas semifinales de Champions. Los cerca de 3000 aficionados del Madrid se hacían bastante más notar y el clásico trayecto en metro hasta el estadio (una guerra de cánticos entre las dos aficiones en todas mis experiencias anteriores) sólo se vio perturbado por algunos madridistas con ganas de dar la nota. Hombre, había ilusión, pero poco que ver con esa afición legendaria entregada al equipo de la que tantas historias hemos oído.  Las conversaciones sobre la marcha de Mario al Bayern estaban presentes en todos los rincones. No se veían apenas camisetas suyas, y algunos de los pocos que las llevaban hacían todo tipo de artimañas para tratar de exteriorizar sus sentimientos contra él. La hinchada del Dortmund, o al menos una parte de ella, parecía distraída.

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Segundos antes de que Norbert Dickel, el exjugador y speaker del Dortmund, se dispusiera a dar las alineaciones, en las cuatro enormes pantallas que tiene el Westfalenstadion en cada esquina se emitió un extracto, de unos treinta segundos,  de la rueda de prensa que Klopp había dado el día anterior. En él, Jürgen animaba a los que no fueran a apoyar al equipo a ceder su entrada a otro. “Necesitamos una atmósfera insólita”, se oyó. Aquello activó al estadio de forma inmediata y encendió un ambiente difícil de olvidar. La ovación a las palabras de Kloppo (decir que es una leyenda allí es quedarse corto por mucho) fue ensordecedora. La pitada a Götze, que todos los medios locales ya daban por hecha (sólo se preguntaban cómo condicionaría el partido) se quedó en un tímido murmullo. El trato a Mario fue sorprendentemente comprensivo, tanto es así que el propio jugador lo agradeció en su cuenta de Facebook. “Días convulsos para vosotros, para el club y para mí. Gracias por vuestro apoyo.” El partido empezó con 1-1.

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