Laurent Blanc renunció a su identidad

Chelsea v Paris Saint-GermainUEFA Champions League

Hay dos formas de perder la identidad: que el rival no te deje ser lo que eres o que renuncies a tu esencia porque consideras que el camino más corto para acabar fundiéndote con la victoria es la traición a tu modo de concebir el paisaje. El PSG de Laurent Blanc quiso ser el Chelsea de José Mourinho y acabó saliendo de la fiesta del Bridge ahogado en sus propias lágrimas, razón por la cuál el técnico francés ha pasado de ser considerado un elegido a otro buen entrenador con la inestimable capacidad de amansar a las fieras -Zlatan Ibrahimovic, Edinson Cavani o Marco Verratti- dándoles un discurso y retirando esa misma prosa en los momentos calientes. Todo esto en un par de horas. Y es que de haber durado diez minutos más el partido, los calambres no le habrían pasado factura a Azpilicueta y sí a Álex, Thiago Silva, Jallet o Maxwell, porque las costuras y los tendones se acaban rompiendo cuando uno intenta anidar en el área colgado del larguero. Las diferencias son tan mínimas (dos palos de los blues, el remate con la zurda del punta uruguayo que espantó a Cech o el disparo a deshora de Marquinhos para cerrar la función con la estirada del checo) que el desenlance final deja un estigma mayor en el entrenador que en el proyecto dorado de Nasser Al-Khelaïfi.

La ristra de números y récords se quedaron en papel mojado al perder por el camino el poso de inteligencia rectora que sostiene el argumento más primario de todos: lo que mejor puedes hacer es lo que mejor sabes hacer. En mayor media si lo que mejor sabes hacer es lo que más daño causa a tu oponente. La legalidad de la opción escogida por Blanc y los suyos no tiene mayor discusión, la crítica natural nace de lo más básico: ¿Por qué metes los dedos en el enchufe si sabes que da calambre? ¿Por qué te encierras a cal y canto delante de Sirigu si el mayor obstáculo consustancial a esa acción te lo estás poniendo a ti mismo y no al contrario? En el Parque de los Príncipes, el PSG convenció cuando se alejó del pragmatismo.

FIL CHELSEA PARIS ST GERMAIN 018
Laurent Blanc. Foto: Focus Images Ltd

El margen entre la clasificación y la eliminación era tan reducido, en parte por la calidad individual de los parisinos, que puede dar la sensación de que fueron los detalles y no el planteamiento lo que dejó fuera a los de Blanc. Y en cierto modo la simplificación más pobre sería esa. Sin embargo, no conviene olvidar que el Chelsea en ningún momento entró en catarsis y siempre se mostró como un equipo cabal, más allá de la extraordinaria organización de los recursos (sustituciones, Willian, tres puntas) y la administración del tiempo del técnico portugués. La ocasión iba a llegar. El PSG estaba ayudando a ello. Todo parecía preparado para que el Chelsea dispusiese de al menos un remate medianamente claro dentro del área y la incertidumbre se mezclaba con la incredulidad que generan hoy en día Samuel Eto’o, Fernando Torres y Demba Ba. ¿Lo conseguirían?

“El niño del Chelsea vio de pie, encima de la butaca, los últimos quince minutos. Noté la tensión. Mourinho metió a los tres delanteros del equipo. Era ahora. Iba a pasar”.

Lo consiguieron y se apagó la luz en París. Los hombres que salieron desde el banquillo no desentonaron (Cabaye, Pastore y Marquinhos) y no todo puede ser achacado al flojo rendimiento de Cavani en ataque, el problema es de mayor calado. Blanc seguramente reflexionará sobre los minutos de la eliminatoria en los que su equipo le perdió el respeto al Chelsea y sobre aquellos en los que decidió convertirse en un muñeco en manos de un bebé. Esos minutos en los que si el muñeco resiste, se dirá que es un muñeco fantástico; pero si el muñeco se rompe, no se podrá argumentar que realmente podría haber permanecido intacto. Si no quieres que se acabe rompiendo, quizá la mejor opción hubiese sido tratar de quitarle el muñeco al bebé -teniendo medios para ello- antes de que fuera demasiado tarde. Como tarde puede ser para Ibrahimovic, que con 32 años -y en la grada por lesión- ha perdido una oportunidad de oro para llevarse bien con una competición que siempre lo acaba rechazando. Él y Blanc salen tocados del cruce; el proyecto es sólido.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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5 comments

Blanc se ekivoko al cambiar a lavezzi, sin Ibrahimovic, era el alma del ekipo, kabaye muy mal no se lê pedia k fuese verrati, pero al menos k parase las acimetidas del chelsea, me aupó mal porke el psg podía haber pasado

En el chelsea grandioso schurrlr, Alemania es muy favorita en Brasil.2014

Laurent Blanc me ha vuelto a decepcionar, luego de encandilarme con el Bordeaux.
La primera vez que me defraudo fue en la Euro donde practicamente se entregó a España en Cuartos de final, en un partido en el que jugó de forma antagónica a sus pensamientos con Benzema y Ribery en una isla y los restantes 9 jugadores a muchos metros de distancia.
También es cierto que jugar sin Ibra te hace retroceder, quizás, más metros de lo debido que si estuviera Zlatan. El sueco podría haber aguantado el balón y ayudar a sus compañeros en la búsqueda del oxígeno o también buscar una salida rápida para Lavezzi (sustituido cuando era el mejor para hallar espacios)…

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