Mitroglou y el portero compasivo

Mitroglou

Corría el minuto 53 del partido cuando Bruno hizo una gran jugada por la banda derecha y puso un centro raso, tenso, perfecto. Con todo a favor, Mitrovic se estampaba otra vez en Roberto. Y entonces se produjo una imagen insólita : el delantero serbio se giró, miro al portero español y alzó los brazos, como pidiéndole explicaciones. “¿Por qué me estás haciendo esto ?”, debía pensar. Era tal la desesperación del jugador del Anderlecht, que se dejo acariciar por el portero del conjunto del Pireo. Compasión del portero al delantero rival, al que le estaba hundiendo la noche. Antes habían pasado muchas cosas y justo después ocurrió otra.

Que Tielemans fuera titular era una posibilidad, pero parecía arriesgado poner a un chico de 16 años a dirigir a un equipo en una competición como la Champions. Y el chico estuvo bien. Tuvo personalidad, vino a buscar el balón, intentó surtir a Mitrovic y Matías Suarez. Incluso lanzó los saques de esquina. Dominaba el conjunto local, cuando a la contra el equipo de Michel dio el primer golpe. Un rechazo después de un tiro de Saviola acabó en los pies de Mitroglou, que la clavaba para el 0 a 1. Un gol que no rebajó el flujo de juego local. Apareció Suarez y respondió Roberto. Tuvo otra Mitrovic, que fue la antesala de una jugada clave. En el 25 de partido Klejstan fue agarrado en un saque de esquina y el colegiado señaló penalti. El propio Aleksandar Mitrovic decidió que era la hora de lanzar, marcar, empatar y poner el partido de cara. Pero “el cuento de la lechera” se le rompió al serbio en el segundo paso. Lanzó pero no marcó. Aunque realmente lo que ocurrió es que Roberto hizo una parada espectacular. A todo esto las indicaciones de Míchel eran claras: contraataque, e interrupción mediante faltas de las aproximaciones belgas.

Arrancó la segunda mitad con algún error de los griegos en defensa, pero con más fallos en ataque del Anderlecht. De nuevo Suarez y Mitrovic tuvieron dos claras ocasiones al principio. Y luego el minuto 53, la deseperación y la siguiente jugada. Y la siguiente jugada fue la estocada definitiva. De nuevo gol de Mitroglou, esta vez después de un pase con la cabeza de Ndinga, y con mucha clase en la definición. Un poco más tarde fue el español Fuster el que arrancó una galopada vertiginosa, vio a Mitroglou, y este rubricó su triplete con un golpeo delicioso a la escuadra. Fin de la cita.

No fue justo el resultado, pero el oficio griego y la tierna bisoñez de los locales fueron claves.

Estos tres puntos que se lleva el cuadro heleno convierten el doble enfrentamiento entre Olimpiacos y Benfica en una auténtica batalla directa por ser segundo de grupo.

 

Fotografía de portada : Rob Colonna

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