Norte y sur

HJK Helsinki Toni Padilla

Dos ancianos miran el partido en una terraza, delante del bar de la tribuna principal del estadio del HJK Helsinki. Podrían estar en una localidad veraniega, tostándose al sol, con una cerveza en la mano. Pero no, miran un partido de la Champions. Al otro lado del campo, los 100 hinchas chipriotas presentes en el estadio no callan. Durante los 90 minutos suena un tambor acompañando sus gritos. La mala fama precede a los radicales del APOEL, unos tipos con una enfermiza obsesión por tocar y señalar sus entrepiernas mirando a la hinchada rival. Cuando Sheridan marca el segundo gol, un tipo de unos 40 años se sube a la valla publicitaria y se agarra los huevos, provocando a la grada lateral, llena de familias finlandeses. En la terraza, los abuelos los miran con frialdad. Y una dama sacude la cabeza disconforme.

HJK Helsinki Toni Padilla

La terraza del bar del estadio del HJK Helsinki. Foto: Toni Padilla

Norte y sur de Europa, unidos en un partido. Culturalmente, polos opuestos. Nicosia, Helsinki. Dos mundos en un continente. Aunque futbolísticamente, manda el sureño. En poco más. El APOEL, con sus hinchas mostrando banderas griegas (sus radicales son famosos por su nacionalismo griego y militancia en la extrema derecha chipriota), ha sufrido contra un rival supuestamente inferior. Al descanso perdía por 2-0, con tres de sus cuatro defensas amonestados. El HJK, que sufrió en el anterior turno contra el campeón macedonio, defendió ordenado, generando problemas gracias a sus africanos. La idea era enviar balones al senegalés Macoumba Kandji, un espigado punta criado en Estados Unidos que generó espacios con talento. Y el gambiano Demba Savage los aprovechó: batió al español Urko Pardo de disparo cruzado y metió el segundo antes del descanso. El APOEL tenía la pelota, aunque más allá de un cabezazo al palo no mordía, sufriendo con las contras locales.

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El HJK Helsinki se puso 2-0 por delante en el marcador. Foto: Toni Padilla

El pausado público local se encontró de repente soñando con derrotar a un rival con más dinero y jugadores experimentados. Pinto y Vinicius no imponían su talento y a la sombra del viejo estadio Olímpico, se soñó con la gesta en el nuevo estadio del HJK, construido al lado del recinto famoso por los JJOO de 1952. “Nos gusta el fútbol, aunque no tanto como en otros sitios. Es cultural. Por eso el HJK tiene nuevo estadio, para mejorar. Pero el viejo estadio es un templo. Del atletismo”, me comenta un hincha local. Hincha que afirma que “si ganamos al APOEL sería brutal. La última temporada nos eliminó un club de Estonia”, usando con tono despectivo el nombre del vecino. Estonia, el país a dos horas por mar de Helsinki, donde los finlandeses compran alcohol barato.

Todo se alteró en la segunda parte, pues Kandji fue expulsado por doble amonstación a los 48 minutos y el APOEL encerró a su rival. Un asedio que acabó con los goles del argentino De Vicenti y el irlandés Sheridan. El 2-2 dejó a los hinchas locales tristes. Uno apretó el puño. Otro tocó la cabeza de su hijo. Y ordenadamente, abandonaron el estadio, camino de los transportes públicos, pasando por delante de la estatua de Pavoo Nurmi. Detrás aún podían escuchar los cánticos de la hinchada de un APOEL fiel a la fórmula que lo metió en cuartos de final de la Champions en su momento: fichar jugadores de otras ligas de nivel medio.

Foto de portada: Toni Padilla

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