Pasar a la historia con letras de barro

Malmo 1  RG1033

Se repitió la historia una vez más, el Malmö remontó contra todo pronóstico una eliminatoria por segundo año consecutivo y dejó fuera al Celtic de Glasgow. Lo hizo de la única forma que se podía prever: a su manera, sin grandes estridencias, sin fases de juego trepidante, sin tremendos golazos ni tampoco minutos de infarto que cortaran la respiración a los aficionados del Swedbank Stadion (Nuevo Estadio de Malmö es el nombre en Champions). El Malmö FF es así, un equipo no muy vistoso y poco amigo de la épica pero aguerrido y competitivo como pocos al que no se le puede negar el mérito de haber conseguido algo excepcional; por segunda vez en la historia un club de la Allsvenskan estará en la Fase de Grupos de la Champions dos años seguidos, registro que sólo logró el Göteborg entre 1997 y 1998.

El factor emocional

Ya avisamos en la previa del partido que el segundo gol de Berget, pese a llegar en una acción aislada, cambiaba completamente el estado anímico de la eliminatoria. De hecho, más que el último gol en Celtic Park pareció como si el noruego marcara el primero de la remontada antes que abrieran las puertas del estadio del Malmö FF. A partir de aquel momento dio la sensación desde fuera que los de Åge Hareide pasaron a llevar la iniciativa en cuanto a la gestión emocional se refiere. Conocedores de ello, los suecos jugaron sus cartas de manera brillante: lejos del típico lenguaje brabucón cargado de testosterona de las grandes remontadas, optaron por plantear un partido muy fastidioso para los visitantes. Y así fue, entre declaraciones cruzadas sobre si los jugadores del Celtic eran unos ‘cerdos’ o no, consiguieron desquiciar totalmente a los de Ronny Deila.

Más que un delantero

Así, una vez sonado el pitido inicial ya se pudo observar rápidamente que pasara lo que pasara, difícilmente se iban a repetir los minutos de estampida de los atacantes del Celtic. Los suecos habían creado un ecosistema de partido que les iba a la perfección: una intensidad altísima a un ritmo muy bajo basada en una lucha férrea en el centro del campo, con ayudas constantes y faltas si era necesario con el objetivo primordial que el partido nunca alcanzase una velocidad demasiado alta como para correr el riesgo de descontrolarse. Forrest, Armstrong y Johansen, que habían desangrado de manera cruel a los laterales del Malmö una semana antes, apenas pudieron trenzar jugadas de cierto desequilibrio, no digamos ya peligro. Buena culpa de ello la tiene obviamente que esta vez tanto Tinnerholm como Yotún estuvieron bastante más acertados pero también el generoso trabajo de apoyos defensivos tanto de los centrales como de los hombres de banda (encomiable labor la de Berget y Rodic). Si en el partido de ida sorprendió la gran facilidad del Celtic para ganar casi todos los balones divididos e imponerse en el centro del campo, esta vez se cambiaron las tornas y buena culpa de ello la tiene el regreso tras sanción de Enock Kofi Adu. El ghanés fue todo un pulmón en el centro del campo, se peleó con todos y permitió liberar un poco a Lewicki y Berget.

Anders Henrikson
La reaparición de Markus Rosenberg fue la clave de la mejoría del Malmö en el partido de vuelta. Foto: Anders Henrikson.

Pero si hablamos de regresos, hay un hombre que marcó el devenir de la noche y la eliminatoria; el delantero de referencia, la estrella, la esencia, el alma del equipo, él: Markus Rosenberg. A sus 32 años, Rosenberg es más que el hombre gol del Malmö, es de esos jugadores con un carisma especial, con un algo, un no se qué que les convierte en el centro del juego. La reaparición del sueco fue clave para el Malmö FF, más allá de meter el primer gol en un córner muy cerrado, la incidencia de Rosenberg en su equipo fue total: descargando pelotas a banda, combinando con los centrocampistas, tirando desmarques, rematando e incluso clave en tareas defensivas. Sin exagerar, cuesta ahora mismo encontrar un jugador que tenga la omnipresencia del ex del Werder Bremen en el esquema de su equipo.

Con el gol local nada cambió. El Malmö siguió con su plan de partido brusco y anodino mientras que la creciente ansiedad del conjunto de Ronny Deila, lejos de ponerle en aprietos, le facilitaba aún más las cosas. Ya en la segunda mitad el recién entrado Luis Felipe Carvalho metería el segundo, otra vez a la salida de un córner. No hay mejor retrato de la nefasta noche del conjunto escocés que esos dos goles recibidos en dos servicios de córner, aparentemente una de las fortalezas del Celtic. Al final, tanto discutir por quién era un cerdo o no, resultó evidente que el Malmö se sintió más cómodo en un partido totalmente embarrado. Así, de una manera muy prosaica, nada grandilocuente y de la mano de Markus Rosenberg –como no podía ser de otra forma– el Malmö ha pasado a la historia.

Foto de portada: RG1033

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