Práctica victoria sueca

Malmö Stadion

No inventó el fútbol el Malmö, ni falta que le hizo para doblegar al Shakhtar Donetsk y sumar tres puntos que se antojan clave para la lucha por el tercer puesto a la que ambos parecen destinados. El planteamiento inicial de Age Hareide salió a la perfección. El técnico noruego, consciente de la mayor calidad que tenía enfrente, esperó muy atrás, sabedor de que el Shakhtar subiría con muchos efectivos, factor que podían aprovechar para el contraataque. Y Lucescu picó en el anzuelo. Los primeros compases fueron absolutamente esto: el Shakhtar controlaba el balón, lo movía por la zona de tres cuartos, pero era incapaz de progresar con peligro. Cada vez que podían recuperar el balón los locales, la consigna era una: desplegarse con la máxima velocidad posible. Conducciones rápidas de Adu o Lewicki que eran seguidas por movientos de ruptura por delante y por las subidas de los laterales. Los ucranianos convencidos de su superioridad no parecieron tomarse en serio estas veloces réplicas y en una de ellas, una buena subida del lateral zurdo Konate acabó en un pase raso a Rosenberg que hizo lo que debe de hacer: chutar y marcar.

Obviamente el plan local mejoraba con ese gol y el Shakhtar lo sabía. A raíz del tanto, la posesión de balón aún aumentó para los visitantes. Las subidas de Srna se convirtieron en ese tramo en uno de los pocos argumentos convincentes en el aburrido y lento ataque del equipo de Lucescu. La línea de tres mediapuntas formada por Bernard, Teixeira y Marlon se pasaba el balón una otra vez, de una forma lenta y parsimoniosa que no inquietaba a los locales que seguían con su piñon fijo, saliendo al contragolpe, eso sí, a cuentagotas. De tanto tener el balón, las ocasiones acabaron por llegar por su propio peso, y primero Teixeira, en un disparo bien repelido por Wiland, y luego Gladky, que estuvo lento a la hora de rematar una jugada que había comenzado Srna, pudieron devolver las tablas antes de llegar al descanso.

Alex Teixeira-Shakhtar-Focus
Alex Teixeira no cuajó un buen partido./Foto: Focus Images Ltd.

No debieron escuchar bien, o no se entendieron o no dio Lucescu con la tecla. La cuestión es el que el inicio de la segunda mitad fue una grotesca muestra de lo explicado en la primera mitada pero mucho más exagerado. Juego plano visitante y contraataques rapidísmos del Malmö que encendian a la afición y que debieron culminar con el 2-0 a poco que Berget hubiera estado acertado en los mano a mano que tuvo con Pyatov, sorprendentemente acertado ayer. Por si fuera poco castigo el que estaba sufriendo el Shakhtar, el colegiado decidió inventarse un penalti en un presunto agarrón de Srna a Berget, que vista la repetición, no fue más que una buena simulación del rápido extremo local. La justicia poética volvio a pedir protagonismo como dice la tradición y el penalti lanzado por Djurdjic volvió a dar la razón a los del “penalti que no es, se suele fallar”. El arma de doble filo de los once metros golpeó a los locales, de marcar y casi sentenciar a sentirse agobiados por la ocasión desaprovechada. Podría parecer un gran momento para que el Shakhtar hubiera empatado el partido, pero ni en ese escenario funcionó el equipo de Lucescu, que gracias ha de dar de no haber encajado el segundo gol en alguna jugada aíslada con peligro que crearon los de Hareide. El tercer puesto habla sueco.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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