El Real Madrid se corona en Cardiff

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El Real Madrid complementó su título de Liga con la orejona copa de la Champions League. Así fue el día de la final en la capital galesa (publicaremos una crónica extensa del partido y un análisis detallado en las próximas horas):

Cardiff no es una ciudad especialmente grande. La sede había dado dolores de cabeza por los handicap logísticos que planteaba: poca capacidad hotelera y compleja conexión internacional. Pero una vez llegaron allí, los aficionados de ambos equipos se dejaron seducir por la ocasión. Bianconeris y madridistas tomaron la ciudad entre camisetas, bufandas, cánticos y cervezas. En el Castillo de Gales, un imponente dragón azul contribuía al plano fantástico de la cita resguardando la copa.

El estadio se fue llenando. El blanco era el denominador común entre dos sectores que se diferenciaban por el negro y el morado. Unos aficionados colgaron una bandera de España sobre la que se leía ‘Del Madrid al zielo’ con la que desafiaban no sólo a las leyes de la gravedad, sino también a la estructura del Millennium Stadium: el feudo del rugby y el fútbol galés contaba con un techo retráctil que tapaba el cielo. De este modo, las únicas estrellas que se pudieron ver estaban sobre el césped. Los jugadores saltaron a calentar entre los aplausos de sus respectivas aficiones y los abucheos de la opuesta. Era el momento de mentalizarse. Miraban al infinito conscientes de la trascendencia de lo que venía. Menos tenso es el ambiente en el rondo de los suplentes, donde las filigranas, los vaciles y las collejas hacen amena su espera. El suplente al que apuntaban todas las cámaras era Gareth Bale: la final era en su ciudad natal, su cara estaba en un mural enorme al lado del estadio, su pub era uno de los puntos de encuentros de los madridistas antes de la final… pero él no iba a ser titular. Bale acababa de salir de una lesión, por lo que Isco, que venía practicando un fútbol maravilloso, conservó su sitio en el once.

Tras la ceremonia de inauguración -una actuación de los Black Eyes Peas con niños bailando al alrededor y máquinas que escupían fuego- sonó el cautivador himno de la Champions y arrancó la final. El respeto inicial con posesiones de ambos equipos lo rompió Higuaín con un primer remate que Keylor atajó sin problemas. Instante después volvió a probar al costarricense con un tiro desde la frontal. Pero cuando de verdad se escuchó el primer ‘uy’ en el fondo de la Juve fue con un tiro ajustado de Pjanic que Keylor salvó con mano dura.

A los veinte minutos de partido, el Real Madrid hizo el primero. Dybala venía de haber creado peligro en las inmediaciones del Madrid, pero la zaga blanca recuperó y los de Zidane salieron al contragolpe. Kroos ganó metros y el balón llegó a Ronaldo, que abrió para Carvajal. El lateral se la devolvió al portugués para que de primeras marcara con un tiro raso de diestra. La afición blanca se vino arriba.

Después del primer gol, el Madrid centró sus esfuerzos en tapar huecos. Pero la Juve acabó encontrando el empate apenas siete minutos después con un gol impresionante. Los italianos le hicieron cosquillas en la espalda a la línea defensiva del Madrid con un envío elevado. Alex Sandro centró, Higuaín recibió y, sin que la redonda tocara el césped, se la dejó a Mandzukic para que éste le pusiera su firma a un tanto que será recordado como uno de los mejores de la historia de las finales de esta competición: controló de pecho y, de espaldas a portería, mandó el balón a la red superando a Navas, que ya nada podía hacer. Ahora eran los hinchas de Turín los que votaban y cantaban, dandole replay en su cabeza a ese golazo.

Con cuatro centrocampistas, el Madrid tenía las de ganar en la medular. Kroos, Modric e Isco creaban y Casemiro los aupaba. Por los costados, en cambio, lo tenía más complicado. Entre que Benzema caía a banda o Marcelo y Carvajal se incorporaban, en ataque salían del paso atacando los espacios. En defensa, en cambio, es donde siempre lo tenían más complicado cubrir todo el terreno. Por ambos carriles aparecían dos de las principales amenazas de la Juve: los laterales ofensivos Dani Alves y Alex Sandro. Luego estaba el genio de Pjanic y Dybala o los recursos de Higuaín y Mandzukic.

Pero el Madrid volvió a salir a la carga tras del descanso, teniendo varias llegadas que despertaron aplausos en su fondo. En una de ellas, le cayó un rechace fuera del área a Casemiro. Y Casemiro tiró. El potente disparo de baja altura rebotó ligeramente en Khedira y se fue directo a la red por el costado derecho. ‘Gol de Carlos Henrique Casemiro’, anunció el speaker del Madrid -cada club se trajo su propio speaker- y la afición, que ya estaba en un nube, elevó más si cabe su grito de celebración.

Cuando todavía no se había pasado la euforia del segundo gol, un centro de Luka Modric desde la línea de cal fue rematado por Cristiano -el 7 ha marcado las diferencias por el centro- en el primer palo. 3-1. ‘Así, así, así gana el Madrid’, cantaba la grada blanca. La bianconeri se había quedado de piedra: la final y por ende, el triplete, se ponía cuesta arriba. La grada del Madrid, por su parte, siguió disfrutando con cada detalle: desde los sofisticados destellos de Modric e Isco -su nombre fue ovacionado en múltiples ocasiones- hasta un pase en corto de Casemiro, todo acentuaba su alegría. Luego repasaron el repertorio de cánticos y actualizaron uno, el de ‘cómo no te voy a querer’.

Allegri movió fichas. Sacó a Barzagli, metió a Cuadrado y pasaron a jugar con un 4-4-2 con Dybala e Higuaínn arriba. Después, Pjanic, dolido de la rodilla, le dejó su sitio a Marchisio. Sin acierto buscaron recortar distancias. Un remate de Alex Sandro que se fue ligeramente desviado fue de las pocas ocasiones que generó ilusión entre los hijos de la Vecchia Signora. Por si la situación no fuese lo suficientemente compleja, Cuadrado fue expulsado por una entrada y un pistón sobre Sergio Ramos y la Juve se quedó con 10.

Zidane había hecho el cambio que ya estaba escrito: salió Benzema y entró Bale. También sacó a Isco por Marco Asensio y metió a Morata por Kroos. Ya en el 90’ llegó la guinda para su equipo: Marcelo avanzó con su soltura carioca por la línea de fondo y puso un centro raso que Asensio transformó en el cuarto del Madrid. A ritmo de ‘campeones’ la fiesta seguía en el fondo merengue. En el del la Juve, las banderas hondeaban a un ritmo melancólico y las lágrimas asomaban por la cuenca de los ojos. La imagen que mejor retrataba el sentimiento general era la de una chica que alzaba en silencio su bandera.

En el banquillo del Madrid se preparaban para la celebración. Zidane conservaba el rostro serio, pero detrás del francés los jugadores estaban listos para saltar al campo. Kiko Casilla se hacía con el cartel del cuarto árbitro y ponía el número 12. Entonces llegó el pitido final y con él el éxtasis. En Cardiff, el Madrid ganó su duodécima Copa de Europa, su tercera en tres años.

Foto de portada: Miguel Mosquera/MarcadorInt

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3 comments

Una breve puntualización puntillosa. Bianconeri es el plural de bianconero, por lo que ya iría en plural sin la ese. Y al referirse a la grada blanquinegra, sería en femenino, bianconera.

Perdón por la turra.

En la pancarta ponía “De Madriz al zielo”. Y es que los madrileños pronunciamos Madrid así: Madriz. En otros sitios se dice MadriD, MadriT, el equipo de fútbol es “el Madrí”, pero la ciudad, para un castizo, se dice MadriZ.

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