La Roma se impone en el caos

Miralem Pjanic. Foto: Focus Images Ltd.

Manos a la cabeza y ojos como platos. Maldiciones murmuradas entre dientes y aumento del riesgo de infarto en las gradas del Olímpico. Y carcajadas de los aficionados neutrales ante el espectáculo que brindaron Roma y Bayer Leverkusen en la capital italiana, tan divertido como absurdo. Los dos grandes candidatos al segundo puesto del Grupo E volvieron a protagonizar un partido loco, de ida y vuelta, plagado de errores defensivos -y también ofensivos- en el que nada parecía tener sentido, pues por momentos se convirtió en una concatenación de fallos que acercaban el balón a una área u otra según la fuerza de la marea.

La jugada que mejor resume el partido es la que a la postre terminó inclinando la balanza: el penalty de Toprak que supuso el 3-2 definitivo. Después de múltiples rebotes en el área entre pésimos despejes del Bayer y pésimos remates de la Roma, después de que Leno no lograra blocar la pelota tras el enésimo disparo desviado y el balón se paseara a cámara lenta por encima de la línea de meta, el defensa internacional por Turquía empujó de forma evidente a Salah para evitar que la jugada acabara en gol, acción que le costó la expulsión al término de la rocambolesca secuencia de despropósitos. Entonces la realización centró su mirada en el banquillo de la Roma, donde Florenzi, que suficiente había sufrido, se puso la capucha, dio la espalda al césped y agachó la cabeza buscando el hombro de uno de los hombres del staff técnico italiano y así evitar ver cómo Miralem Pjanic ejecutaba el penalti. No era el último segundo del tiempo de descuento, sino que aún faltaban unos 10 minutos. El bosnio no disparó demasiado bien, pero el tiro fue suficientemente efectivo para pasar por debajo del cuerpo de Leno y traspasar la línea en el final de tan agónica jugada para la Roma.

Bernd Leno no pudo evitar el gol de penalty. Foto: Focus Images Ltd.
Bernd Leno no pudo evitar el gol de penalty. Foto: Focus Images Ltd.

El penalty de Pjanic resolvió un encuentro que enloqueció en la segunda mitad, cuando la Roma perdió por completo el control del partido. Porque la primera parte fue un monólogo del conjunto italiano, que se adelantó a los 100 segundos con un contragolpe en el que Dzeko encontró con una facilidad pasmosa a Mohammed Salah, con todo el espacio del mundo para galopar rumbo a la portería de Leno y abrir la lata. Resultó especialmente sorprendente ver las facilidades de las que disfrutó el extremo egipcio durante el primer tiempo, en el que destrozó a Wendell. Una y otra vez, el lateral brasileño se proyectaba en ataque, más todavía con el marcador en contra, y Salah salía disparado como una bala para castigar al Bayer Leverkusen a la espalda del dorsal 18. La presencia de Toprak en el centro del campo (transparente en transición) no logró frenar los contragolpes letales de la Roma, que se pegó un festín a costa del perfil izquierdo de la defensa alemana. Así Edin Dzeko rompió su mala racha y marcó su primer gol con la Roma desde el mes de agosto, cuando con dos pases verticales los de Rudi Garcia desarmaron todo el sistema defensivo del Bayer Leverkusen por enésima vez antes de la media hora y dejaron solo al bosnio ante el arquero teutón. Solo la falta de acierto en los últimos minutos del primer tiempo evitó que la diferencia fuese más amplia antes del descanso.

Edin Dzeko asistió en el 1-0 y marcó el 2-0. Foto: Focus Images Ltd.
Edin Dzeko asistió en el 1-0 y marcó el 2-0. Foto: Focus Images Ltd.

Sin embargo, todo cambió en el segundo tiempo. Entró Bellarabi y el Bayer Leverkusen apenas tardó 40 segundos en recortar la distancia con un tanto de Mehmedi. A los cincos minutos, Chicharito Hernández igualó la contienda al aprovecharse de lo mal que tiró la línea del fuera de juego Florenzi, con la cabeza en Marte en el momento que Bellarabi filtró el pase para el delantero mexicano. Estos dos goles evidenciaron el carácter ciclotímico de ambos equipos, que ya demostraron hace dos semanas que son capaces de lo mejor y de lo peor en cualquier momento de cualquier partido. El encuentro se sumió en el caos absoluto, la Roma entró en pánico al perder la ventaja y el Bayer Leverkusen se lanzó a lo loco a por el tercer gol. El equipo teutón atacó más y mejor en la segunda mitad, Tah y Papadopoulos se anticiparon a Dzeko a menudo y Wendell dejó de sufrir ante Salah, menos participativo a partir de ese momento. No obstante, la alta velocidad a la que se jugaba repercutía en la precisión de los envíos, inexistente, y tampoco ayudaron las lesiones. Florenzi se retiró con unas molestias y Maicon, su sustituto, se marchó antes de tiempo, también lesionado. Lo mismo ocurrió con Bellarabi, reemplazado en la segunda mitad a pesar de no ser titular por otro contratiempo físico. Todo parecía extraordinario.

El partido entró en un bucle esperpéntico e incluso absurdo que se convirtió en divertido para el espectador neutral por el constante ir y venir del balón y porque era imposible encontrar una explicación a lo que sucedía sobre el césped, producto de la fortaleza (o debilidad) mental de ambos equipos, que a lo largo del doble enfrentamiento se dejaron llevar según la dirección en la que soplara el viento. Seguramente el Bayer Leverkusen fue mejor en Alemania y la Roma sumó más tramos de superioridad en Italia, pero tras 180 minutos las diferencias entra ambos fueron mínimas. En cualquier caso, lo absurdo se convirtió en cómico por la paradoja de querer ordenar una realidad tan cambiante y buscar explicaciones estructurales al rendimiento de los dos contendientes cuando son tan elevadas las probabilidades de que, en cualquier instante, un error individual dinamite por completo el rumbo del partido. Como no podía ser de otra forma, al final una jugada azarosa marcó la diferencia y la Roma se ha situado por delante del Bayer Leverkusen por un penalti tan evidente como cómico.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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