Rooney asume y Kagawa se reivindica

Wayne Rooney (Foto: Focus Images Ltd).

Respiró aliviado Moyes cuando pitó el árbitro. Esta vez, el rival no empató en el descuento. Habría sido cruel para el Manchester United, que fue tremendamente superior en los primeros veinte minutos y disfrutó de más ocasiones claras de gol. Sin embargo, no se puede negar que desde el 21′, después de una posesión larga de los donostiarras -¡qué valor psicológico tiene una posesión de un minuto cuando no has tenido nada de balón desde que ha arrancado el choque!-, el encuentro se igualó y la incertidumbre permaneció hasta el final. La Real pudo empatar sobre todo en tres acciones: un tiro de Seferovic que desvió De Gea, una falta directa de Griezmann al palo y un centro-chut de De la Bella que también impactó contra la madera. En el otro extremo del campo, Bravo hizo dos o tres paradas de mucho mérito y a Chicharito, Valencia, Rooney y Kagawa se les fue negado el gol por milímetros. Acabó el encuentro convertido en un ida y vuelta después de que Jagoba Arrasate sacrificara a Zurutuza y a Prieto y acabara el encuentro con Pardo, Vela, Chory Castro, Griezmann y Aguirretxe. Y la Real, que probablemente esta vez no hizo méritos para puntuar -o al menos, no tantos como el contrario-, se marchó sintiendo que la clasificación no es justa con su Champions League hasta ahora. En ningún partido le han pasado por encima -sólo en este último durante veinte minutos-. Ha competido en todos. Ha estado cerca siempre. Pero está abajo, casi descartada, y ve cómo el Shakhtar, que en Anoeta venció haciendo muy poco y en Leverkusen acabó goleado, está muy vivo con cuatro puntos.

 

Wayne Rooney lideró al Manchester United en el triunfo ante la Real Sociedad (Foto: Focus Images Ltd).
Wayne Rooney lideró al Manchester United en el triunfo ante la Real Sociedad (Foto: Focus Images Ltd).

Sorprendió el once inicial del Manchester United. Januzaj y Fellaini, a los que se esperaba de inicio, se quedaron en el banquillo. Robin Van Persie no apareció ni en la lista de convocados. Moyes declaró en los minutos previos que estaba “algo golpeado, con contusiones” y que habían preferido “reservarlo para el fin de semana”. No era, pues, un escenario alentador para el cuadro de Old Trafford, que ya llegaba al partido presionado por sus resultados recientes en la Premier. El técnico de Glasgow entregó la punta de ataque a Javier Hernández, criticadísimo en su país por su desempeño en la famosa debacle mexicana en Costa Rica, y situó a Rooney unos metros por detrás. Pero quizá lo más interesante fue con quién juntó a Rooney. Ryan Giggs se instaló al lado de Michael Carrick en el centro del campo y Shinji Kagawa, que posee una evidente tendencia al juego interior debido a su naturaleza de media punta, partió desde el extremo izquierdo. Fue una maniobra interesantísima de Moyes, que había podido observar cómo la superioridad de Zurutuza-Bergara-Xabi Prieto había sido decisiva en la previa ante el Lyon. Los primeros veinte minutos fueron un show. Todo sumó para ello: la rabia por los malos resultados y la necesidad de responder, la fortuna de que en el primer rebote del encuentro Íñigo Martínez despejara hacia su propia portería, el ansia de Kagawa de reivindicarse -sólo el desacierto de sus compañeros en el remate evitó que acabara el choque con un hat-trick de asistencias- y, por encima de todo, el protagonismo mayor de un Rooney que se crece cuando no está el crack que suele acompañarlo (su mejor año fue el posterior a la marcha de Cristiano Ronaldo, no lo olvidemos). De hecho, Rooney estuvo superlativo durante todo el encuentro, y especialmente en ese arranque fulgurante del United. Se puede hablar de mala suerte en el autogol, pero la acción viene precedida de una acción individual tremendamente desequilibrante de la estrella inglesa.

Arrasate probó cosas. Alternó las posiciones de los jugadores de tres cuartos e incluso obligó a Moyes a sustituir a Rafael da Silva, amonestado y cada vez más amenazado por las progresivas subidas de De la Bella, para protegerse con Smalling. Cambió de nueve tras ver que la pareja Jones-Evans le había ganado la partida a Seferovic. Introdujo a jugadores con buen golpeo como Pardo y Castro. Pero no fue posible. La Real ya sabe que debe ganar los tres partidos que le quedan para pasar ronda.

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