Schalke 04-Real Madrid: el evento de sus vidas frente a otro día más en la oficina

FIL SCHALKE TRAINING & PC 52

Dicen los que mejor la conocen que no hay ninguna afición parecida a la del Schalke 04. Que en Gelsenkirchen, una de las regiones más pobres y con más paro de Alemania, la prioridad número uno es el fútbol: la gran mayoría de sus 267.000 habitantes no tienen otra cosa más que su humilde trabajo y su equipo de fútbol. Si en Berlín puedes disfrutar de su amplísima oferta cultural, en Múnich tumbarte en sus parques, en Hamburgo convivir con el mar y en Colonia celebrar el carnaval, en Gelsenkirchen hay poco más que hacer que vivir con tensión y desenfreno los partidos del Schalke 04, pelearse por conseguir una entrada para ir al evento cultural que es cada partido en el siempre abarrotado Veltins Arena y odiar a muerte al BVB. El fútbol es una forma de vida y en este caso no es un leitmotiv cutre: es así. Por eso el equipo minero es un club tan singular, tan caliente, tan fervoroso y da la sensación de estar en permanente tumulto: el Schalke 04 es lo más importante de la vida de mucha gente y por eso cada derrota o cada victoria se vive con esa intensidad. Al mismo tiempo es un patrimonio importantísimo: el club cuenta con una fidelignísima y cuantiosa masa social que sigue, apoya y consume del club yestaría dispuesta a dar cualquier cosa por él. Es un gigante humilde.

La cantera como bandera del nuevo proyecto

Tras años de transición donde el club vio pasar proyectos de naturalezas antagónicas, entrenadores de todo tipo (desde Magath a Rangnick, pasando por Stevens) y jugadores random de diversa índole, los que toman las decisiones en el Schalke 04 (Horst Heldt y Clemens Tönnies, principalmente) decidieron este verano subirse al boom del éxito de las canteras en Alemania y perfilar su proyecto en torno a la suya. Quizá inspirados por el éxito de su eterno rival, el Schalke 04 buscó encontrarse a sí mismo de una vez por todas a través de un grupo que identifique a su gente y, además, aproveche la inagotable mina (¡je!) de talentos que salen gradualmente de su casa. Las decisiones tomadas desde este verano han marcado un rumbo clarísimo, equivocado o no, pero definido: que el club de Gelsenkirchen sea por fin un equipo con una idea coherente que sus aficionados abracen y sientan como suya. Renovar a Julian Draxler, anunciarlo como si hubieran ganado la Champions y convertirlo en la cabeza de su proyecto pese a tener apetitosas ofertas de media Europa, seguir confiando en un entrenador de la casa, con nula experiencia al primer nivel y cuyos primeros partidos no dejaron entrever que sería un Mourinho de los banquillos como es Jens Keller, cuyo principal mérito es conocerse de pe a pa las categorias inferiores a las que ha entrenado, poner a jugar a un adolescente de 18 años (talentosísimo, eso sí) como Max Meyer durante toda la temporada, fichar a Goretzka, renovar a Avdijaj (remember his name)… A día de hoy el club de Gelsenkirchen es, junto al Bayern y el Friburgo, el que más jugadores de la casa tiene en su plantilla. El club es por fin reconocible.

FIL SCHALKE TRAINING & PC 52Meyer, con solo 18 años, es uno de los mejores del Schalke 04 (Foto: Focus Images Ltd)

De la irregularidad a la revolución

No había comenzado prácticamente la temporada y ya teníamos, una vez más, un incendio de inestabilidad, voces críticas y malos resultados en Gelsenkirchen. El Schalke 04 sufría para pasar la fase previa de la Champions League ante un débil PAOK (Max Meyer, con 17 años y menos de 3 partidos como profesional, resolvería la eliminatoria), en liga era irregular y no tardaría mucho en ser eliminado de DFB Pokal, por lo que el entorno del club dejó de ver el proyecto de Keller como un idílico camino colectivo y empezó a impacientarse y a hacer ver que el entrenador de Stuttgart no está capacitado para capitanear un barco de la entidad del que estaban viendo hundirse. Su juego, tan pretendidamente valiente y protagonista, como frágil y poco sólido, no convencía a nadie y de las individualidades del club sólo Draxler y un recién llegado Kevin Prince Boateng aportaban calidad individual y determinación. Es cierto que encadenó algunos partidos donde si no fuera por su dramática falta de gol (decir que han echado de menos a Huntelaar es quedarse muy corto) podrían haber conseguido resultados que hicieran subir el ánimo y la autoconvicción de sus jugadores, resultados que hubieran supuesto un espaldarazo al proyecto especialmente en el doble enfrentamiento ante el Chelsea, donde el héroe fue Petr Cech. El punto de inflexión llegó cuando el club no fue capaz de pasar del empate a cero en el campo del Steaua, que no se jugaba nada, con todo a favor para clasificarse para octavos de Champions: el proyecto había fallado. Al final, gracias a un milagro en Basilea (dos errores arbitrales absolutamente inexplicables le pusieron todo a favor a los mineros) el club consiguió llegar a la siguiente ronda, pero la sensación reinante en el ambiente dictaba que hacía falta una revolución. En cualquier caso, aterrizó el invierno, llegó el parón de la Bundesliga que sirve para alejarse del estresante y ajetreado día a día y mirar tu situación desde un prisma reflexivo y crítico y la conclusión estaba clara: renovarse o morir.

¿Matizarse o renacer?

¿Tiene sentido cargarse un proyecto como el que encabezó Jens Keller este verano al frente del Schalke 04 tras sólo 5 meses de competición? Es evidente que no, aunque decisiones más irracionales se han visto en la dirección del club de Gelsenkirchen. Tras cumplir una temporada entera al frente del club, parecía evidente y comprobado que Jens Keller no sería jamás el entrenador de élite que algunos buscaban en él, que no sería su Jürgen Klopp ni su Christian Streich. El nombre de Thomas Schaaf sonó con tal fuerza que muchos medios lo dieron por fichado y alguno hasta dijo que ya había ordenado sus primeros fichajes, pero finalmente (en una decisión de mucha valentía, hay que decirlo, porque todo el mundo pedía su cabeza) los dirigentes del Schalke decidieron darle medio año más de confianza a Keller. “Pase lo que pase Keller seguirá hasta junio”, se transmitió desde el club. Las líneas maestras del proyecto seguirían al menos hasta verano, pero estaba claro que el proyecto necesitaba una matización importante. Y fue llevada a cabo.

Toda la fragilidad del equipo tenía un desencadenante: su centro del campo. El Schalke pretende ser un equipo que lleva la iniciativa desde el balón, que adelanta su defensa y se expone de forma clara con dos jugadores en la sala de máquinas que ni tienen el orden y el sentido táctico para dar equilibrio, ni la calidad y técnica para ordenarse desde la posesión. Jermaine Jones (un interior muy físico, de mucho vuelo y poco más) y Neudstädter (un buen jugador, sí, pero sin jerarquía para ser el mediocentro de un equipo tan expuesto) fracasaban partido tras partido y dejaban a sus defensores frente a los leones. Unos defensores que, sin ser Baresi y Thiago Silva, no son malos jugadores: Höwedes irá seguramente al Mundial con Alemania, Papadopoulos es uno de los mejores centrales de la Bundesliga, Matip es un jugador con ciertas cualidades muy valiosas (rápido, corrige bien), Uchida ofensivamente aporta muchísimo…. Y arriba tienen una determinación de la que no más de 15 equipos en toda Europa puede presumir. El problema entonces, además de una idea poco coherente, digámoslo también, era el centro del campo.

Llegó Jan Kirchhoff (al que las lesiones no han dejado aún estrenarse), se fue Jermaine Jones y se retrasó a Boateng a la posición de mediocentro, a la vez que Leon Goretzka adquirió un papel protagonista en la rotación del equipo, mientras que el sorprendente Ralf Fährmann se hizo con la titularidad en la portería en detrimento del francamente flojo Timo Hildebrand. La dirección deportiva actualizó el Kellerismo y, desde entonces, los resultados han mejorado mucho, no así su juego: tan irregular como la idiosincrasia de su club: 4 victorias y un empate en cinco partidos ya ponen al club al nivel de los objetivos marcados: en puestos de Champions.

Así juegan

Keller es un entrenador valiente y quiere que su equipo adopte la iniciativa desde el principio. No sabe especular. Es un equipo tan frágil, tan poco maduro mentalmente y tan inseguro de sí mismo que no es capaz de aguantar 90 minutos detrás de la línea de balón sin cometer errores. Keller exige a Uchida y a Kolasinac que se proyecten muchísimo, a los centrales que suban hasta la línea del centro del campo y a sus centrocampistas que se incorporen, con Max Meyer como hilo conector. Si el equipo está inspirado el Schalke puede firmar minutos atractivos para el espectador, pero una mala pérdida es terrible y la transición defensiva del colectivo deja mucho que desear. Es cierto que con el cambio de posición de Kevin Prince Boateng el equipo ha mejorado ligeramente, es más sólido, más ordenado al menos. Pero, frente a rivales sólidos como el Real Madrid de Carlo Ancelotti, el Schalke no tiene creatividad para superar defensas férreas ni funcionamiento colectivo para resistir su goteo incesante. ¿Y si son tan frágiles por qué han llegado hasta aquí? Al final el fútbol es de los futbolistas. El club de Gelsenkirchen cuenta con gente como Julian Draxler, Farfán, Boateng, Max Meyer, Papadopoulos o Klas Jan Huntelaar. Y ellos acaban marcando la diferencia.

FIL SCHALKE TRAINING & PC 56La estrella de los alemanes se llama Julian Draxler (Foto: Focus Images Ltd)

Julian Draxler es su monstruo

Lo más destacado del equipo entrenado por Jens Keller es de largo su frente de ataque: esa línea de 3 mediapuntas que Huntelaar encabeza. Farfán, por la derecha, es veloz, potente, incisivo y tiene gol: un activo que suma mucha determinación y que al espacio es muy peligroso. Meyer, el diminuto e inconstante mediapunta que te llamará la atención si no le conoces, aporta la pausa en el borde del área, la decisión cuando todos se gobiernan por sus instintos y es el que ordena a los atacantes. A Huntelaar, si has llegado hasta aquí, es evidente que lo conoces y no te tengo que decir cómo juego, pero el mejor de todo su frente de ataque tiene 20 añitos y está destinado a ser uno de los jugadores más dominantes de Europa. Julian Draxler es el jugador del Schalke 04 que no entiende de contextos, ni de situaciones: va a ser un peligro siempre que quiera.

Él quiere jugar en la mediapunta, se visualiza a sí mismo llevando el 10 y actuando propiamente como ‘10’ y nadie le va a decir que no tiene razón, pero francamente allí no suele jugar bien. Donde mejor juega es donde curiosamente le ponen sus entrenadores: extremo izquierdo y desde allí, a pierna cambiada, aporta su arsenal de virtudes ofensivas: su impactante zancada, su gran disparo con las dos piernas, su velocidad, su salvaje cambio de ritmo, su comprensión del juego… Y este año, quizá su último como local en el Veltins, ha aceptado con naturalidad que él es el líder del equipo y así lo muestra en el campo. Ha estado lesionado de ligera gravedad y sólo pudo jugar unos minutos frente al Mainz, pero (y a sabiendas de que el fútbol te deja mal con estas afirmaciones) el único jugador que puede provocar que el Schalke 04 dé la gran campanada de los octavos de final es el genio de Gladbeck. Sin él, el Schalke nunca podría hacer lo que hizo el BVB el año pasado.

No hay lugar para demasiadas novedades en el once. Si Höwedes, capitán y baja hasta última hora, se recuperara finalmente, entraría en el lateral derecho o por uno de los dos centrales.

Así llega el Real Madrid

Se acabaron 3 años de intenso Mourinhismo y llegó Carlo, y con él, un estilo radicalmente distinto al del portugués. Si el Real de Mou era un equipo que jugaba a un ritmo altísimo, que llegaba mucho, pero que exigía una precisión e inspiración difícil de sostener, Ancelotti optó por un equipo lento, paciente, hasta anodino, que controle el tiempo de los partidos, al que sea difícil de atacar, pero también elija mucho cuándo hacer ocasiones. Es un equipo que no se expone. Es cierto que llegó a desesperar a buena parte de su hinchada por el a veces soporífero ritmo de los partidos, pero se ha demostrado que es una fórmula muy efectiva para competir, como demuestran los resultados. Es justo reconocer que tuvo una gran dosis de fortuna para salir con vida de un tumultuoso inicio de temporada en liga, pero también lo es que desde entonces la gestión de plantilla de Ancelotti ha sido formidable. La forma en la que suplió a Khedira, el estado de forma de Benzema, la aparición de Jesé o la alternativa de Isco como falso nueve son sólo algunas soluciones que han demostrado que Carlo sabe y mucho de qué va esto.

FIL Madrid Athletico 14La aparición de Jesé es una de las notas positivas del Real Madrid (Foto: Focus Images Ltd)

El Real llega al Veltins Arena en un estado pletórico. Con la nueva idea asimilada y convencidos de que es la correcta, líderes en liga y en la final de Copa tras una exhibición frente al Atlético de Madrid que fue quizá el partido más redondo de la era Ancelotti, la Champions League es el único torneo que queda por medir al sólido equipo blanco. Con su pareja de centrales en un estado de forma brutal, con un genial Modric al mando de todo y la determinación de sus hombres de arriba, el equipo ha encontrado el equilibrio del que tanto habló su entrenador a principio de temporada.

Tampoco se espera que Ancelotti varíe en demasía. Este once es el que ha competido tan bien en las Copas y no sería coherente que ahora que llega lo gordo haga cambios significativos. Quizá pueda entrar Carvajal por Arbeloa si Carlo interpreta que no necesita tanto retorno defensivo, aunque con Draxler por esa banda pueda ser temerario.

El partido

Mientras que el Madrid afronta la eliminatoria desde la madurez, sabiéndose superior y queriendo solventar la eliminatoria cuanto antes, para el Schalke 04 la eliminatoria es una fiesta. Todo el entorno está convencido de que no tienen ninguna opción y conciben el partido como una oportunidad de ver a sus chicos compartir plano con las mayores estrellas del mundo. Nadie espera nada y una derrota abultada no sería en absoluto crítica para el desarrollo de la temporada minera. No tienen nada que perder. Desde esta perspectiva, lo natural sería que el Schalke 04 buscara un plan defensivo, retrasara sus líneas, tratara de exponerse lo más mínimo y explotar sus opciones a la contra. Sin embargo, eso para la naturaleza del club minero sería un suicidio. No tiene ni el orden, ni la madurez, ni la solidez para juntarse atrás sin volverse loco. Acabaría cometiendo errores y desesperándose. Por esa línea ha ido Keller en rueda de prensa: no van a traicionar su filosofía y van a ser valientes, ya que de otra forma no saben jugar. ¿El contexto ideal para los mineros? Que el partido se vuelva loco, que sea abierto y que en un intercambio de golpes gente como Draxler, Farfán o Huntelaar puedan ser más efectivos. Sin embargo, conociendo la naturaleza del Madrid de Ancelotti, ese escenario es prácticamente imposible. Buscará someter a su rival con su habitual goteo, paciencia y ataque calmado. A priori, lo que más le cuesta neutralizar a los locales.

Schalke vs Real Madrid - Football tactics and formations

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5 comments

Magnífico artículo! Gracias por explicar tan bien la riqueza (je) del Schalke un club que no te deja frío. Muy buen resumen además de qué es y quéquiere el Madrid de Ancelotti, que ya no es furia, es tango.

Fenomenal, Guillermo. Un grandísimo repaso a la actualidad del Schalke04 y un análisis minucioso a la ida de esta eliminatoria. Periodismo de bastantes pero bastantes quilates. Enhorabuena 😉

Buenísimo artículo!! Qué ganas de ver el partido, además, he visto en el facebook de Fridays que van a poner el partido en pantalla gigante y que van a hacer oferta de alitas y birras, así que me pasaré por allí!!

Guillermo,
en tus palabras ya sonaba el rugir doloroso de los aficionados del Schalke al ver a Huntelaar marcando el 1-6…

Muy buen análisis que muchos fans alemanes deberían leer.

Chapeau!

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