Tres chicos muy buenos con cuentas pendientes

Carlos Vela, con la selección mexicana (Foto: Globovisión)

Este va a ser un artículo injusto. Va a ser injusto porque ya ha empezado siéndolo: dedicando el titular a tres individualidades y no al colectivo. Individualidades destacadísimas, es cierto, y fundamentales para desequilibrar un partido en el que la Real Sociedad estuvo varios mundos por encima del Olympique de Lyon (0-2). Estuvo por encima en todo. No sólo en ataque, donde se intuía que podría hacerle daño a una zaga algo lenta y pesada con la velocidad de sus puntas. También en el otro campo: también controlando y anulando a jugadores que estaban firmando un inicio de campeonato formidable en Francia, como Gourcuff y Grenier. En este sentido, la labor de Markel Bergara y de David Zurutuza fue extraordinaria. La defensa del conjunto donostiarra sufrió solo en un par de remates de cabeza de Gonalons en acciones a balón parado. En juego abierto, nada de nada. Benzia y Lacazette fueron desconectados, por mucho que intercambiaran sus posiciones para confundir. No confundieron porque la pelota nunca llegó a su zona. Incluso en el banquillo el debutante Jagoba Arrasate le ganó a Rémi Garde. Sentó a Rubén Pardo, algo que siempre nos resulta doloroso a los admiradores de su juego, y optó por esa fórmula que en la segunda vuelta del año pasado relanzó al equipo: reinventar a Zurutuza aprovechando su calidad para tener una salida más limpia aún desde atrás y pedirle un rigor táctico y un esfuerzo defensivo que permite de este modo apostar por un futbolista más en ataque (apostar, por ejemplo, por un Carlos Vela más libre). Garde, en cambio, tomó la decisión opuesta: mantuvo el esquema atrevido que había ganado en Sochaux y no reforzó el centro del campo con un segundo jugador de contención. Gonalons, pese a su categoría, se sintió desbordado. Todos los ataques de la Real Sociedad hacían daño. Vela, Seferovic y Griezmann resultaban absolutamente incontenibles para una pareja de centrales, Bisevac-Fofana, que parecía vivir en un mundo en cámara lenta: cuando abría los ojos y se daba cuenta de la velocidad real, se sentía arrollada.

 

Carlos Vela, con la selección mexicana (Foto: Globovisión)
Carlos Vela, con la selección mexicana (Foto: Globovisión)

Y seamos ahora injustos -o igual no- y centrémonos en las destacadísimas figuras que hicieron lo más brillante. Y exploremos la trascendencia de sus actos en la memorable noche de Gerland. No sólo era una cuestión de querer jugar la Champions. Era una cuestión, también, de demostrar. De saldar cuentas pendientes.

Antoine Griezmann nació cerca de Lyon y era hincha del OL. Nació en el 91, así que la época en la que el club empezó a ganar ligas como si no costara le pilló en plena adolescencia. Quería jugar en el Lyon, pero el Lyon no se lo quedó. Actualmente está sancionado por la Federación Francesa por un acto de indisciplina y no puede jugar con ninguna selección gala hasta 2014. Una chilena para mostrarles a unos lo que se perdieron… y a otros, algunos buenos argumentos para perdonar y volver a empezar.

Carlos Vela fue, junto a Giovanni Dos Santos, la figura de la selección mexicana que ganó el Mundial Sub-17 de 2005. Era el primer Mundial de la historia que ganaba México en cualquier categoría. Se convirtió en un héroe nacional antes de ser mayor de edad. Wenger se enamoró de él -como nos enamoramos todos los que vimos aquel Mundial, claro-. Lo fichó para el Arsenal. Pero las leyes británicas lo obligaron a mandarlo cedido a España (Celta, Salamanca, Osasuna). Cuando ya cumplía los requisitos para jugar, había pasado el tiempo y probablemente la euforia post-mundialista de Wenger había disminuido. Le dio sólo tres partidos como titular en la Premier en tres años. Lo cedió otras dos veces, y al final se convenció de que en Inglaterra no iba a triunfar. Hoy, el alsaciano, tremendamente discutido por la ausencia de jugadores determinantes en su plantilla, habrá visto desde Estambul, a veinticuatro horas de un partido en el que se juega quizá los últimos apoyos populares que continúan sosteniendo su proyecto, cómo aquel mexicano que un día tuvo en sus filas ponía la música que más le gusta en una de las más prestigiosas pistas de baile del fútbol europeo. Como ningún gunner ahora mismo parece ser capaz de hacer.

Haris Seferovic también ganó un Mundial Sub-17. Con Suiza, en 2009. Y también provocó que un equipo de buen nivel de una gran liga lo llamara y lo contratara. Ocurrió más o menos lo mismo que con Vela: la Fiorentina nunca creyó que ya estuviera preparado. En realidad, no sólo la Fiorentina. Seferovic fue suplente hasta en el Neuchatel Xamax en la liga suiza. Desde 2009 hasta hoy, sólo había tenido continuidad en los últimos seis meses en Novara, donde ayudó a su equipo -estaba cedido por la Fiore- a disputar el play-off de ascenso a la Serie A. La Real Sociedad no hizo mucho caso de las malas experiencias. Se quedó con lo que había visto en 2009. Sabía de qué era capaz. De marcar desde su casa un gol que puede valer, más o menos, ocho millones de euros y seis partidos de glamour.

 

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