Una derrota en Gelsenkirchen

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Salgo del Veltins Arena. El silencio lo impregna todo. Los aficionados del Schalke 04 caminan cabizbajos, reflexivos, casi hasta melancólicos hacia el Tram que les lleva de camino a su casa. La imagen es impactante: una manada de camisetas azul chillón baja la interminable cuesta que emana del estadio sin decirse ni una palabra. Los mismos que habían hecho el camino de ida extasiados, gritando ebrios que Farfán es mejor que Ronaldo. Han visto perder a su equipo 1-6 y han presenciado en su casa una derrota de la forma más incontestable, más irrebatible, donde han sido tan evidentemente inferiores a su rival que no hay lugar para matizaciones, para peros, para “y sis…“.

Esperaban una derrota, hablaras con quien hablaras te decía convencido que no tenían ninguna opción, pero seguro que en lo más adentro confiaban en que la imprevisibilidad del fútbol hiciera un milagro. Hace frío en Gelsenkirchen y llega por fin el Tram, al que consigo acceder pese a que está tan lleno que tengo que adaptarme a la forma de la puerta para que se cierre.

la foto (2)El Veltins Arena preside la ciudad de Gelsenkirchen.

Dos aficionados, uno de ellos con la camiseta de Leon Goretzka, se miran a la cara dentro del vagón y la naturaleza del momento invita a la conversación, a la reflexión de lo que acaban de presenciar.  “Hoy se ha visto lo lejos que estamos del fútbol de primer nivel”, le comenta. “No tenemos nada que hacer”, añade. “Me da igual. Quiero ir al Bernabéu. Eso va a ser una fiesta”, le contesta otro.

Desconecto durante un minuto y me vuelvo a enganchar. Ahora hablan de Draxler, de que con partidos así se va a ir en cuanto pueda. “Hoy empezaron seis jugadores de la casa y se vio que Meyer está preparado para cuando le toqué coger el protagonismo. Y está Goretzka. Life goes on“, agrega otro. Y en ese momento me imagino cómo sería mi reflexión, mi actitud o la de mi entorno si sufriera una derrota así, si yo reaccionaría igual. A ellos verse humillados no les ha quitado un resquicio del orgullo de pertenencia, la razón por la que cada vez que la tímida afición del Real Madrid intentaba organizar un cántico, el estadio entero se ponía de pie y coreaba en unísono para silenciarles.

No sería riguroso decir que todos aceptaron la derrota de esa forma, seguro que hay quien hubiera suspendido de empleo y sueldo a Felipe Santana desde el mismo momento en que Howard Webb pitó el final, pero estoy seguro de que el ambiente si mi equipo perdiera de esta forma sería muy distinto. Que la gente (yo el primero) se alejaría del equipo, pondría fronteras entre ellos y los jugadores, que señalaría a los culpables, que exigiría responsabilidades. La conversación de estos señores observaba la derrota desde un prisma colectivo, grupal, que no separa a ellos (seguidores) de los otros (jugadores) y a la vez constructiva. No han perdido ellos, hemos perdido nosotros y tenemos que intentar levantarnos. Seguro que así despertarse mañana no será tan duro.

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2 comments

No tienen nada que envidiar a la del Dortmund. Pero he coincidido más con la afición del Bayern y para ser de un club potente, donde la cantidad de aficionados suele ser inversamente proporcional a la calidad de los mismos, tb es muy buena, no paran de animar y cantar durante todo el partido.

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