Una derrota que cambió su carácter

El Allianz Arena, la tarde previa al Bayern-Barça

El Bayern de Múnich es un equipo que convive con la victoria. Su historia no se puede entender de otra manera: su hábito es ganar. Si ocasionalmente tiene un desliz, no tarda mucho en tener una venganza para mantener su condición de superior. Tras compartir el día a día algún tiempo con sus seguidores, se puede decir que el ganar un partido rutinario de liga apenas les produce excitación alguna: es lo normal, a lo que están acostumbrados y lo que les permite seguir manteniendo un status casi paternalista frente a los hinchas de equipos rivales. Muchos de sus aficionados, así como gente de dentro del club (imposible no nombrar a Uli Hoeness), son conocidos por su soberbia y casi arrogancia a la hora de hablar de sí mismos. Esta actitud es a la que muchos aluden para explicar por qué media Alemania les odia y desea que el Bayern pierda el 100% de sus partidos. Sin embargo, el Bayern no vive mal entre este odio ajeno. Lo achaca a la envidia de los que son inferiores a él y se siente un poco el padre del fútbol alemán: el que les representa por Europa, el que lleva jugadores a la selección, el que dona dinero a los equipos que se encuentran cerca de la bancarrota… No obstante, si uno habla estos días con aficionados del Bayern, o lee los medios cercanos al club, difícilmente encontrará este orgullo propio tan clásico de los alemanes: pocos te aventurarán una victoria frente al FC Barcelona en semifinales. La razón de esa inédita cautela no es únicamente la dimensión del rival que tienen enfrente (se puede decir que el año del Bayern es bastante superior al del FC Barcelona), sino la reminiscencia de uno de los días más negros de la historia reciente del club: el Barça 4 Bayern 0 de 2009, la derrota más abultada que ha sufrido el cuadro bávaro en la Champions League.

Seguramente no tan amarga como la derrota de la final de la Champions de 1999, pero, por incontestable, por humillante, por haberles hecho sentir devastadoramente inferiores -algo a lo que no están nada acostumbrados-, quizá comparablemente dolorosa. La imagen de Udo Lattek (leyenda del club, exjugador y ganador de seis títulos de liga como entrenador, entre otros muchos galardones) llorando al descanso, refleja a la perfección lo que muchos debieron sentir. 4-0 en los primeros 45´minutos, un baño indiscutible del equipo culé, una exhibición de Leo Messi y un recuerdo agrio que les bajaba un poco los humos cada vez que, en un momento de euforia futbolística, se sentían los mejores de Europa. Si uno mira con detenimiento aquel partido, al que la prensa alemana no ha dejado de hacer alusión estos días, el 11 titular que aquel día se enfrentó en el Camp Nou al FC Barcelona no tiene casi nada que ver con el que saldrá en el Allianz (especialmente la defensa, formada casi toda por jugadores que han pasado por el club sin pena ni gloria). Butt (el titular venía siendo Rensing tras el adiós de Kahn); Oddo, Demichelis, Breno, Lell; Altintop, Van Bommel, Zé Roberto; Schweinsteiger (un Schweinsteiger pre Van Gaal, es decir jugando como extremo), Ribéry; y Toni. De aquel 11 sólo permanecen 2 jugadores en la disciplina del club. El 11 del Barça no ha cambiado tantísimo: Valdés; Alves, Piqué, Márquez, Puyol; Xavi, Touré, Iniesta; Messi, Eto’o y Henry. Aquel Bayern, que venía de ganar un doblete la temporada anterior y había contratado a un Klinsmann que había realizado, dos años atrás como seleccionador alemán, un Mundial que fue muy bien valorado entre la opinión pública del país, acabaría naufragando esa temporada y contrataría a Heynckes poco antes de acabar el curso.

Poco tiene que ver aquel Bayern con el de ahora, obviamente. No seré yo quien descubra la que ha sido la mejor temporada de su historia, por lo menos en lo que a números puros se refiere. A falta de cuatro partidos de Bundesliga, han igualado el récord de puntos en una temporada (81) y batido el de título más prematuro, el de victorias (25), el de victorias seguidas (13), el de victorias seguidas a domicilio (9), el de puntos fuera de casa (hasta el momento, 43) y otros muchos más, amén de una campaña inmaculada en DFB Pokal y Champions League. Con las relevantes bajas de Kroos y Badstuber por lesión y, especialmente, la del sancionado Mandzukic, que ha dotado de matices a lo que venía siendo el juego clásico del equipo con Gómez, la principal duda reside en saber quién será el 9: si Pizarro, leyenda del fútbol alemán que a sus 34 años ha rendido cada vez que ha jugado esta temporada, o la opción clásica de un Gómez que también tiene muy buenos números y viene de marcar un hattrick en nueve minutos contra el Wolfsburgo en copa. Contra el Hannover, en liga, jugaron los dos, pero lo que se entiende por las palabras de Heynckes y lo que intuye la prensa local es que Supermario será de la partida.

La ilusión contenida y expectación de los muniqueses, que se reunirán en los parques, explanadas y biergartens a ver el partido, aprovechando la llegada del valorado tiempo primaveral, contrasta con la decepción que los propios seguidores y el resto de los alemanes han sufrido tras conocer la noticia que está monopolizando la prensa alemana, llegando incluso a eclipsar el partido de semifinales: la acusación de evasión de impuestos sobre Uli Hoeness, leyenda viva del Bayern, considerado una de las personas más respetadas del país y un símbolo moral de lo que es Alemania.

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3 comments

Gran articulo pero una pequeña correción, el que sustituyó a Klinsmann en el verano de 2009 fue Van Gaal, no Heynckes.

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