Una tarde para la memoria

El Celtic de Glasgow no es un equipo cualquiera. Ganó la Copa de Europa en 1967. (Foto: PPCC Antifa)

El Celtic llegaba a Astana con las ideas claras. O eso parecía. Ante un rival a priori inferior, que plantaba una línea de cinco atrás, decidió abrir el campo con Izaguirre por la izquierda y Forrest por la derecha, con Mulgrew más por dentro pese a partir por delante del lateral hondureño, con Commons intentando combinar entre líneas y Samaras cayendo a menudo por la banda izquierda. Mal no les fue, pues provocaron un par de córners en los primeros 10 minutos en los que el portero Mokin quedó en evidencia, pues era incapaz de dominar el juego aéreo.

Sin embargo, llegó un saque de banda en el minuto 11 de partido que acabó con el balón en el área pequeña. El Celtic se lo sacó de encima como pudo. Otro saque de banda. Y gol. Como si del Stoke City se tratara, el estadio de Astana celebraba cada saque de banda como un penalti. Porque los escoceses se mostraron incapaces de defender este tipo de jugadas. Balón al área, con la tensión y la altura necesaria, para que el mínimo desvío provocara el caos en la defensa rival. Finonchenko, más listo que nadie, se anticipó a Ledley en el área pequeña para empujar un balón suelto a la red.

Los diez minutos posteriores al 1-0 fueron un espectáculo del equipo local. Su motivación se multiplicó por mil -y quizás me estoy quedando corto- y se creyeron el Shakhtar Donetsk. Fueron los minutos más intensos de los kazajos. Robaban el balón bastante más arriba que en los primeros compases y salían rápidamente a la contra. Pero enfrente estaba el Celtic, capaz de mandar un disparo desde lejísimos al larguero para devolver al Shahkter a la tierra. No obstante, más allá de las jugadas de Izaguirre por la izquierda, los córners que el hondureño provocaba o los tiros lejanos, el Celtic se mostró incapaz de dañar al cuadro local.

El Celtic de Glasgow no es un equipo cualquiera. Ganó la Copa de Europa en 1967. (Foto: PPCC Antifa)
El Celtic de Glasgow no es un equipo cualquiera. Ganó la Copa de Europa en 1967. (Foto: PPCC Antifa)

De hecho, los escoceses apenas pusieron en problemas a su rival en la segunda mitad. Forrest apareció por dentro a menudo, pero nada más. Únicamente un remate de cabeza del propio Forrest obligó a Mokin a lucirse. Lennon tampoco agitó a los suyos. Sólo metió a Matthews por Lustig, tocado, y a Baldé por Izaguirre en el minuto 82, cuando ya iba perdiendo por 2-0.

Porque el Shakhter Karagandy amplió la ventaja en el marcador. Y de manera justa, porque jugó mejor que su rival. Fue superior en el segundo tiempo, con un espectacular Khizhnichenko arriba. El delantero kazajo luchó en solitario por todos los balones en largo que le mandaron sus compañeros. Y los ganó prácticamente todos ante la ingenua pareja de centrales que formaron Van Dijk y Mouyokolo, muy blandos en la marca y poco contundentes a la hora de despejar. Los dos centrales regalaron un montón de faltas y saques de banda que dejaron respirar a los kazajos. De hecho, en el descuento estuvo más cerca el 3-0 que el 2-1.

En cualquier caso, todavía queda el partido de vuelta. En Celtic Park. Allí los kazajos se encontrarán con un ambiente completamente hostil. Pero no es sólo eso. La afición de Glasgow confiará en la remontada y así lo transmitirá a sus jugadores, que deberían salir mucho más metidos en el encuentro que en la tarde de hoy. El 2-0 en Astana es histórico, pero puede que no sea suficiente para estar en la fase de grupos de la Champions League.

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