Y a Di Matteo se le acabó la flor

Di Matteo Focus

Si Menotti, por alguna circunstancia del destino, se hubiera decantado el Sporting – Schalke 04 entre la inmensa oferta de partidos de hoy, me lo imagino indignado, apagando la tele y yéndose a la cama sin cenar a eso del minuto 20. No podía ser. Di Matteo, con un plan tan rácano como el que uno espera de él, estaba saliendo vencedor una vez más. Como ante el Benfica, ante el Barça, ante el Bayern o en la propia ida en el Veltins, la suerte corría de su lado de una forma que rozaba lo inexplicable. Su equipo, el Schalke 04, formaba en un plano y simple 4-4-2 de bloque bajo al que el Sporting estaba desbordando con su jugoso ataque posicional, pero en la primera vez que se acercaron al área de Rui Patricio, una falta lejos del área que ni siquiera parecía demasiado peligrosa, Slimani se metió en su propia portería un centro lateral botado por Aogo. ¿Qué tendría aquel tipo para que el azar le sonriera de forma tan repetida?

Alvalade - Sporting -sandy & alan js

El Jose Alvalade presenció un emocionante partido de fútbol. Foto: sandy & alan js

No se perciben grandes (y, si me apuras, ni pequeños) ajustes tácticos respecto al mediocre equipo que dejó Jens Keller en Gelsenkirchen, ni siquiera Rob ha cambiado el sistema que acostumbraba a usar el entrenador nacido en Stuttgart. Más allá de la extraña decisión de retrasar a Neustädter a la posición de central (teniendo un centro del campo tan pobre y contando con centrales de ciertas garantías en el banquillo como Kirchhoff o Ayhan, suena raro), la línea es la misma, la estructura es muy similar. Pero el Schalke 04 estaba ganando otra vez, en un campo francamente difícil ante un equipo que estaba competiendo con muchísimo mérito. ¿Qué había cambiado? ¿Sería la mentalidad? ¿O solo pura suerte? Lo cierto es que, mientras nos hacíamos esa pregunta en alto en la soledad de nuestro salón, Sarr nos devolvería a la realidad con otro cabezazo a balón parado en el que la defensa minera quedaría en evidencia. Ese gol se encargó de destruir los castillos de papel que elucubrábamos en nuestra mente: no ha cambiado demasiado en el Schalke 04, que sigue siendo un mal equipo de fútbol. A Di Matteo se le había acabado la flor.

A partir de ahí, la lógica empezó a seguir su curso y a devolvernos a un mundo en el que los méritos se premian. El Sporting comenzaba a ser premiado por su interesantísima propuesta. Marco Silva, seguramente consciente de la debilidad colectiva del equipo de Gelsenkirchen y empujado por la necesidad extrema de sumar, salió a arrollar al conjunto de Di Matteo con un ofensivo 4-3-3 en el que los laterales eran muy profundos (permutaban tanto con Nani como con Mané, ambos extremadamente incisivos) y los interiores llegaban desde segunda línea, especialmente un imparable Joao Mario. La propuesta local estaba resquebrajando la simple idea de los alemanes y sólo la fortuna evitaba que se aventajaran en el luminoso. La superioridad de los lisboetas era muy evidente: Slimani, incansable, se encargaba de sacar las costuras a la tibia pareja de centrales visitante, Nani dejaba en evidencia una y otra vez el nivel defensivo de Fuchs… Fue precisamente un centro del ex del Manchester United lo que provocó el gol que, con justicia, rompería el empate por segunda vez. Un tanto que fue un bofetón de realidad para los de Di Matteo: cuando se pusieron por detrás en el marcador y se vieron obligados a enseñar de qué carne están hechos, sus cimientos se vieron desnudos y fueron francamente desalentadores. No solo fueron incapaces de enseñar los dientes a los portugueses, de dar la sensación de que podrían dar la vuelta al partido, sino que mostraron una fragilidad tanto colectiva como emocional que dejó una cosa clara al entrenador italiano: tiene mucho trabajo por delante. Ya sabe que su sempiterna suerte no le va a acompañar para siempre.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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