Otro tipo de futbolistas

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Descanso del partido. Con 0-2 abajo y con el público nervioso por la falta de dinamismo y velocidad, Owen Coyle, el entrenador del Wigan, toma una decisión que explica perfectamente lo que ha cambiado en el club en los últimos meses: quita a Watson, mediocentro que estaba actuando de ancla por delante de los centrales, a quien los espectadores habían silbado en un par de ocasiones por su lentitud en el juego, y mete a Fortuné, un delantero muy físico para pelear balones largos. Se acabó la tontería de dar tres pases, debió pensar Coyle, vamos a comérnoslos a balonazos y que venga lo que tenga que venir. El árbitro pitó el final en el minuto 95 con el resultado de 2-2. Si cerrásemos aquí el artículo la conclusión sería evidente.

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Foto: Chris_Skoyles

El Wigan de esta temporada ya no es el Wigan campeón de la FA Cup 2013 por mucho que sigan sus mejores jugadores (véase Maloney, McCarthy -que no está nada claro que vaya a seguir-, McManaman…). Este Wigan está hecho de otra pasta: su fichaje estrella es Holt, un delantero tanque, peleón, y para nutrirle de balones han comprado al zurdo McClean, venido a menos en el Sunderland. En defensa pasan dos cosas: una que no ha cambiado, los errores individuales (se abren las apuestas para ver cuántos partidos más dura Perch en el once titular), y otra que sí, los centrales no toleran el pase en corto. Para explicar en qué consiste la Championship bien vale un ejemplo muy ilustrativo. En el entrenamiento pre-partido, el Doncaster puso a calentar a su once inicial en dos grupos. En uno, los centrocampistas y los delanteros se pusieron a disparar al portero tras hacer una pared con un compañero. En el otro, los cuatro defensas despejaban de cabeza balones que caían desde el cielo.

Por eso, en cuanto hay otro tipo de futbolistas capaces de ver el fútbol de otra manera, de una manera más plástica, más inteligente y, en definitiva, menos rudimentaria, el partido puede cambiar por completo a tu favor. A pesar de las intenciones de Owen Coyle y su idea de stay together, el Wigan mantiene futbolistas que en Championship decantan un partido. Primero fue Maloney, que centró su posición en el segundo tiempo después de haber estado abandonado en el costado derecho todo el rato, participó en todas las jugadas de ataque y destrozó al Doncaster, bicicleta por aquí, recorte por allí, pase al hueco y peligro de gol. Después, Jordi Gómez, quien sólo jugó 10 minutos, suficientes para recibir dos veces de espaldas en la frontal del área, girarse y abrir a la banda izquierda. Lo más sencillo: ensanchar el campo y ver a un compañero libre. Así nació el córner del segundo gol, el del empate, el definitivo. El primero lo había clavado Maloney previamente. De falta directa, por supuesto.

La adaptación a la categoría es el mayor reto que tiene el Wigan por delante. Varios jugadores no casan de ninguna de las maneras con la idea del entrenador, no comparten sus intenciones y ver tanto balón en el cielo les produce incomodidad. Pero, al final, los buenos terminan apareciendo. Coyle tiene suerte de que en el Wigan siguen quedando de esos.

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