Una revancha dolorosa

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Mis tres momentos futbolísticos favoritos del año están muy definidos: las eliminatorias de Champions League, el primer fin de semana de cada mes de enero con la 3ª ronda de la FA Cup y el playoff de ascenso a la Premier League, no necesariamente en este orden. Las dos primeras no necesitan de explicación mientras que la tercera consiste en dos semifinales apasionantes a ida y vuelta y un viaje a Wembley para los ganadores, que mueven hasta allí a su afición para pelear el ascenso. El ganador de la final sube junto al primero y segundo clasificado en la liga regular. Los otros tres se quedan.

El Leicester City fue uno de los que se quedó en 2010.

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Leicester City (Foto: Isriya Paireepairit)

Nigel Pearson dirigió al equipo en el ascenso a la Championship en 2009 y al año siguiente lo llevó a los playoffs. En la vuelta de la semifinal, el Leicester City invitó al partido al entrenador portugués Paulo Sousa para conocer el club. Ese día, en el césped, Pearson y los suyos cayeron ante el Cardiff, que compró su billete para Wembley. “No hay que ser muy listo para saber lo que está pasando”, dijo Pearson sobre su futuro y dejó el equipo tras la eliminación. Paulo Sousa consiguió el cargo para la siguiente temporada. Duró nueve partidos. Para entonces, Pearson ya ocupaba el banquillo del Hull City, equipo que venía de descender de la Premier League tras dos años en la máxima categoría y que quería recuperarla lo antes posible, a pesar de haber perdido a varios de sus mejores futbolistas. Fallaron en su primer intento: 11º. Pero las sensaciones no habían sido malas, sobre todo tras una impecable racha de 17 partidos sin perder a domicilio, récord del club.

El siguiente curso pintaba de maravilla: diez partidos seguidos sin perder y el equipo situado en la zona de playoff en el mes de noviembre, con Matty Fryatt machacando las porterías rivales. Un Fryatt que había venido, precisamente, del Leicester City. El Hull City pensaba en el ascenso.

No así el Leicester City.

Se habían dejado una millonada en verano y Sven-Göran Eriksson no arrancaba, por lo que en las oficinas del club pensaron que por qué no volver a llamar a Nigel Pearson. Hicieron una oferta formal por el técnico inglés que el Hull rechazó. Entonces Pearson pidió personalmente que le dejasen negociar con el Leicester City, por los que terminó firmando a mediados de noviembre para reencontrarse con sus antiguos jugadores. La situación se volvió aún más hostil cuando, sólo dos semanas después, el Leicester visitó el KC Stadium, casa del Hull. Ganaron 2-1 los locales, que le dedicaron gritos de “Judas, Judas, what’s the score” a Nigel Pearson. El Hull terminó la liga en la 8ª posición, una por encima del Leicester.

Así llegamos a finales del mes de abril de 2013. El Hull City, ahora entrenado por Steve Bruce, es segundo en la Championship y saca 4 puntos al Watford, el único que puede pelearse el ascenso, con sólo dos partidos por jugarse. Fryatt se ha pasado muchos meses lesionado, pero de los goles se ha encargado Robert Koren, el mundialista esloveno al que también fichó Pearson. Por su parte, en el Leicester City es muy difícil que Nigel Pearson siga en el cargo si no se clasifica para el playoff: son séptimos, un punto por debajo del sexto pero tienen que enfrentarse a dos rivales de arriba: el Nottingham Forest la semana que viene, para cerrar la liga en un duelo directo, y el Watford esta misma noche.

Sí, el Watford, el único que puede pelearle el ascenso al Hull City, ex-equipo de Nigel Pearson. O lo que es lo mismo: si Pearson y el Leicester ganan el partido se acercan al playoff, a su objetivo, sí, vale, pero esto supondría el ascenso matemático del Hull City a la Premier League.

A veces el fútbol es genial.

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