Del barro a la Palma de Oro

Libre indirecto

Cada año, más de cinco mil cortometrajes de todo el mundo aspiran a ser seleccionados para competir por la Palma de Oro de su categoría en Cannes. De entre ellos, tan sólo una decena logra llegar al festival más prestigioso del planeta para aspirar al lustroso galardón, que este año ha recaído en un español por primera vez. Juanjo Giménez Peña (Barcelona, 1963) y su Timecode, inquieto juego formal en torno a las cámaras de seguridad de un parking, han conseguido hacer historia alzando un premio que puede rastrear algunos de sus antecedentes en un modesto campo de fútbol de barrio. ¿Cómo se explica esta relación, habida cuenta de la inexistente conexión temática de su último trabajo con el deporte?

Algunos de los primeros cortometrajes de Giménez Peña, que ya cuenta con más de dos décadas de trayectoria en la dirección a sus espaldas, tienen como telón de fondo un partido regional con protagonistas anónimos en el que el descenso de categoría está en juego. En el primero de ellos, Libre indirecto (1997), la expulsión del portero titular ocasiona que el reserva tenga que entrar al campo y encaje la pena máxima provocada por su compañero. A través de un único plano fijo de la portería de este pequeño rectángulo de juego, observamos cómo dos aficionados muy peculiares discuten detrás del jugador, superado por unas circunstancias que acaban desvelando tintes de índole personal.

El catalán retomó las posibilidades de este escenario en un proyecto posterior, Máxima pena (2005), con el fin de desarrollar una nueva perspectiva de la misma historia. En esta ocasión, el entrenador es quien ve desde el banquillo cómo su vida familiar interfiere con los intereses deportivos de su equipo. Al igual que sucedía en su predecesor, los miembros de este club del que únicamente conocemos su modestia encuentran en lo cotidiano una poderosa razón para dejar los avatares del juego decisivo, significativamente, en continuo fuera de campo.

Pero este díptico no supuso la única conexión de la carrera del director con el fútbol. En Rodilla (2009), un ejercicio de mayor calado cinematográfico, plasmó la obsesión de un hombre de mediana edad por conseguir el último cromo de fútbol que le faltaba para completar un álbum de los años 70, tras toparse con su protagonista –el Rodilla del título, que desarrolló casi toda su carrera en el Celta de Vigo– trabajando como taxista. De nuevo, el costumbrismo se revela como la herramienta utilizada para vincular la práctica del fútbol con el día a día.

Del conjunto de los trabajos futbolísticos de Giménez Peña, amante del formato corto cuyo debut en el largometraje en 2001 con la road-movie Nos hacemos falta tuvo una presencia testimonial en las carteleras, se extrae un constante interés por mostrar cómo la rutina del deporte condiciona las vidas íntimas de sus actores principales. La tensión que sufren en sus carnes da lugar a piezas sencillas y desenfadadas, incluso anecdóticas en los dos primeros casos, pero que sirven al fin de recordar que detrás de las acciones de cada partido existen muchas más dimensiones de las que se pueden palpar en el terreno de juego.

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1 comments

supongo que es algo obvio entre ustedes que son conocedores, pero hay varios jugadores ingleses que son descendientes de jamaicanos no?, si algunos que no son convocados por Inglaterra, ¿no les parece atractivo jugar con Jamaica?

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