San Siro, minuto cero

sansiro4-1

En lo que parece una tarde cualquiera en las calles de Milán, un grupo de operarios desarrolla sus tareas en silencio. Mientras la copiosa lluvia salpica los alrededores de San Siro, el fútbol parece mantenerse ajeno a los avatares de un trabajo preciso e incesante, que no entiende de climatología. Poco a poco, cuando las siluetas humanas empiezan a invadir el paisaje urbano, la relevancia de su invisible papel en el espectáculo se ve multiplicada. Cables, tuberías y uniformes mojados son algunos de los protagonistas de San Siro, un cortometraje documental en el que el italiano Yuri Ancarani realiza un retrato inusual de lo que se vive en los preludios de un partido de fútbol. ¿Su propósito? Mostrar ese conjunto de imágenes y sonidos cotidianos como parte inexcusable de la liturgia deportiva, contrapuesta a la sacralización de los deportistas, además de reflejar la majestuosa arquitectura del recinto como nunca se había hecho.

Con pulso de cirujano y mediante un continuo ejercicio de abstracción, Ancarani escudriña cada palmo del estadio más insigne de Italia, haciéndonos partícipes de su descomunal historia sin necesidad de mencionarla. A lo largo de sus casi noventa años de existencia, el mastodóntico recinto situado al noroeste de la capital lombarda ha sido testigo mudo de tres finales de la máxima competición europea –la cuarta se celebrará el próximo 28 de mayo–, innumerables eventos musicales y hasta seis partidos en el Mundial de 1990. Por encima de todo, en su césped se han dado la mano los destinos de dos entidades que, a pesar de su enorme rivalidad, alternan cada jornada la ocupación del vestuario local. Las alegrías y sinsabores de Milan e Inter han hallado un punto de encuentro casi místico en este santuario del deporte mundial, San Siro para unos y Giuseppe Meazza para otros, conectado a la vida gracias al despliegue de una inmensa maquinaria anónima.

sansiro5

Las infrecuentes imágenes de los Kaká, Adil Rami, Michael Essien o Mario Balotelli en el autobús, sumergidos en la calma previa al fragor de la batalla, dan fe de su condición de parte de ese enorme entramado humano. En aquella tarde de mayo de 2014 que sin referenciar retrata Ancarani, los dos equipos de la ciudad se midieron en San Siro como colofón a una olvidable campaña por parte de ambos. Dicen los que estuvieron allí presentes que el partido, una pírrica victoria por 1-0 gracias a un cabezazo de Nigel De Jong, tampoco ofreció un espectáculo particularmente memorable. Pero el eco de ese largo minuto cero, del que tan sólo oímos el sonido ambiente, queda suspendido en el tiempo como homenaje a aquellos individuos anónimos que posibilitan que sintamos el juego en cada rincón del planeta. El fútbol pertenece también a todos ellos.

Quizá te interese: Mustang, fútbol y resistencia

Foto de portada: fotograma del cortometraje.

Related posts

Deja un comentario

*