Motivos para animar a Costa de Marfil

Bony-Costa-de-Marfil-Ailura

Hamburgo, verano del 2006. Drogba llegó a una sala de prensa llena de periodistas. Después de muchas preguntas sobre su nivel de juego, sobre la importancia de jugar un Mundial o sobre los argentinos, le preguntaron sobre cuál era la principal motivación que tenían los jugadores marfileños antes de jugar el primer partido en la fase final de un Mundial. Drogba se acercó al micro y, con ese vozarrón, dijo: “Pues ellos, nuestra gente. Allí, ya sabes, las cosas no son fáciles”. Los periodistas presentes apuntaron o grabaron las frases. No todos tuvieron la curiosidad de investigar a que se refería Drogba. Muchos pensaron que se refería a las alegrías que puede dar el fútbol a un país africano, sea cual sea.

Ese 2006, en Alemania, por primera vez tuve conciencia que en Costa de Marfil las cosas no eran fáciles. Sí, en muchos estados africanos las cosas son peores, pero mi cabeza, antes de esa frase de Drogba, metía Costa de Marfil en el mismo saco que Ghana o Senegal. Y no es así.

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Drogba Costa de Marfil - calciostreamingDrogba ya no está (Foto: calciostreaming)

Desde el año 2000 la violencia ha dejado millares de muertos. Se mezcla política, religión y conflicto étnico. Costa de Marfil se independizó en 1960 de los franceses y Félix Houphouët-Boigny, uno de los líderes en la lucha contra Francia, subió al poder. El viejo, como era llamado, no gobernó hasta 1993, en un mandato sin demasiadas garantías democráticas. Aunque el viejo, que tonto no era, entendió que era buena idea intentar tratar a todos igual. En un país con muchas etnias y un norte musulmán y el sur cristiano, fomentó un espíritu nacional trasladando la capital al centro, cerca de todos. Curiosamente, puso la capital en Yamoussoukro. Su ciudad natal. A su muerte, el país intentó encontrar un camino hacía la democracia dando tumbos, con un golpe de estado, insurrecciones y, finalmente, unas elecciones ganadas en el año 2000 por Laurent Gbagbo, votado de forma masiva en el sur, cristiano. Y no en el norte. En el norte, no gustó que su candidato, Alassane Ouattara, fuera excluido de la carrera electoral. Una ley electoral aprobada poco antes de las elecciones exigía que los padres de cualquier candidato hubieran nacido en Costa de Marfil y Ouattara es originario de Burkina Faso. El norte, zona de mayoría musulmana habitada por inmigrantes procedentes de Mali y Burkina Faso, se protestó y la represión acabó con muertos. En 2002, cuando Gbagbo se encontraba en Italia, se inició una revuelta armada que dio inicio a la guerra civil. Aún hoy, las acusaciones vuelan de un lado al otro. Llegaron cascos azules, se buscaron soluciones y aunque en 2004 la violencia bajó, la violencia siguió, con ataques de los dos bandos a civiles.

Así estaba el país poco antes del Mundial del 2006. Aunque, ese verano, algo había cambiado. Ese 2006, en las salas de prensa del Mundial de Alemania, los periodistas marfileños, vestidos con la camiseta de la selección y vistosas gorras, no me querían contar demasiado de la violencia y la guerra. Pero todos me contaron una cosa: “Ahora tenemos paz gracias a Drogba”. Pensé que era broma. Pero no, lo decían en serio.

“Ahora tenemos paz gracias a Drogba”.

Unos meses antes Costa de Marfil se había clasificado por primera vez para el mundial gracias a ese penalti fallado por Camerún en el minuto 95 contra Egipto. En Suán, los elefantes ganaron 1-3 y escucharon las noticias que les llegaban del penalti fallado por Pierre Wome. Cuando el disparo del camerunés golpeó la madera, todo Costa de Marfil saltó de alegría. En sus televisores, vieron a los jugadores unidos en el vestuario del estadio de Sudán, de rodillas, unidos, rezando. Unos, cristianos. Otros, musulmanes. Los jugadores, en directo, pidieron en sus oraciones que llegará la paz a su tierra. Fue un mensaje impactante. “Sabemos que podemos unir a la gente, tenemos más fuerza que los políticos. Los políticos han dividido el país, nosotros, con una pelota, lo uniremos”, dijo Drogba. Poco después, las negociaciones de paz dieron un salto y avanzaron, hasta poder firmar un pacto definitivo en 2007. Para celebrar este paso adelante, los jugadores pidieron en rueda de prensa jugar un partido de clasificación para la Copa de Naciones africana en la ciudad de Bouake, un feudo rebelde en el norte. Así fue. Costa de Marfil goleó 5-0 a Madagascar en un estadio unido en las gradas, aunque dividido en su organización. Los soldados del gobierno controlaron la seguridad en las gradas y los soldados del ejército rebelde, la seguridad en el terreno de juego. Todo salió a la perfección.

Drogba: “Tenemos más fuerza que los políticos. Los políticos han dividido el país; nosotros, con una pelota, lo uniremos”.

Didier Drogba Costa Marfil Foto:Jake BrownDidier Drogba (Foto: Jake Brown)

Desgraciadamente, en 2010 la violencia estalló otra vez. Ese año por fin se organizaron las elecciones presidenciales. Una comisión electoral de observadores extranjeros proclamó como ganador a Ouattara, el representante del norte. Pero la comisión electoral local proclamó como ganador a Gbagbo. La violencia estalló otra vez, con acusaciones cruzadas. En abril de 2011, los rebeldes tomaron Abidjan, el feudo de Gbagbo, quién fue capturado y entregado a un tribunal internacional acusado de crímenes. Ouattara finalmente subió al poder y presionado por la comunidad internacional inició un plan de reconciliación nacional en que se pidió a Drogba que fuera una de las caras visibles. Desgraciadamente, el gobierno de Ouattara, pese al apoyo de Estados Unidos y cierta mejoras económicas, también ha recibido las mismas denuncias que recibió el de Gbagbo: represión, corrupción e intentos de mimar determinadas partes de la población, ignorando la otra. Costa de Marfil camina como puede hacia el futuro y solamente se une cuando la selección juega un partido. Los marfileños sólo han ganado en una ocasión la Copa, en 1992, cuando sorprendieron pues tenían un equipo desconocido. Esa Costa de Marfil se convirtió en uno de los campeones más curiosos de la historia: casi no marcó goles. Debutó en el torneo goleando por 3-0 a los argelinos. Luego empató 0-0 y se metió en cuartos de final. En los cuartos, empató 0-0 y pudo superar los zambianos con un gol en la prórroga. Y en las semifinales y la final, ganó en la tanda de penaltis después de dos empates sin goles. En la final de Dakar, por cierto, derrotó a Ghana después de 24 penaltis. Sí, Ghana, su rival en la final este 2015.

Si gana, Costa de Marfil unirá durante unas horas a su país. ¿Unas horas? Unos días, quizás. Unas semanas. Costa de Marfil es un oasis de paz en medio de la tormenta.

Foto de portada: Ailura

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