Argentina y Chile miran atrás

Manager of Argentina, Gerardo Martino during the International Friendly match against Portugal at Old Trafford, Manchester
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18/11/2014

El estreno en la Copa América Centenario de Argentina y de Chile, ahora comandadas por Martino y Pizzi, recordó en general a lo que eran con Sabella y Sampaoli, sus anteriores seleccionadores. La Roja fue un equipo tremendamente molesto y asfixiante en la presión, impidiendo por todos los medios a la albiceleste salir desde atrás y mover la pelota con comodidad. Sin Messi, Argentina estuvo muy incómoda durante los primeros 50 minutos, absolutamente dependiente de las apariciones de un imparable Ángel Di María, que le dio la victoria a Argentina con un tanto y una asistencia. Como ocurría con Sabella, Argentina castigó al máximo los errores del rival con letales contragolpes. El Fideo y después Banega encontraron el pasillo hacia el gol tras dos pérdidas en medio campo de Aránguiz, que emborronó de esta forma su gran actuación de la primera parte.

El jugador del Bayer Leverkusen fue uno de los hombres clave en la maraña organizada por Chile en el medio del campo. Aun así, el más destacado de la medular chilena fue Marcelo Díaz, que siempre decidió con acierto a qué altura debía recibir y qué hacer con la pelota. Si había que jugar rápido, la daba al primer toque. Si venían a presionarle, conducía para deshacerse de los rivales. Si el partido requería pausa, aguantaba la pelota hasta encontrar al compañero mejor posicionado. Si perdía un balón, él mismo lo recuperaba después. Dio una lección en la primera parte.

Los tres de arriba de Chile también estuvieron muy trabajadores, y en un error de Funes Mori en la entrega propiciado por la presión de Vargas, los de Pizzi tuvieron su mejor ocasión del primer tiempo. Tras la recuperación, Marcelo Díaz filtró un sensacional pase para Vidal y Alexis finalizó la acción con un disparo desviado por Sergio Romero. El tocopillano no aprovechó su mejor oportunidad para anotar, pero fue el mejor de los atacantes de Chile con mucha diferencia. Sus movimientos al espacio, controles orientados y conducciones fueron siempre motivo de gran preocupación para la defensa argentina.

Mientras tanto, la albiceleste se mostraba como un equipo largo y absolutamente descoordinado en la presión. Higuaín, el único jugador que en todo momento fue a molestar la salida de balón rival, se quejaba de que sus compañeros no le siguiesen, lo que dio lugar a situaciones tan extrañas como ver a Mascherano subiendo a presionar justo por detrás del Pipa. Llegado el ecuador de la primera parte y viendo que cada intento de jugar por el carril central terminaba con el balón perdido, Argentina desistió de salir por el medio. Banega y Augusto estaban completamente desaparecidos, superados por la presión rival, así que los de Martino empezaron a rifar balones y sólo se acercaban al área chilena con acciones por banda. Por ahí se iniciaron las dos oportunidades argentinas en la primera parte, un par de disparos altos de Higuaín y Mercado.

En el inicio de la segunda parte todo parecía indicar que la cosa seguiría igual: Chile seguía presionando, Marcelo Díaz seguía recibiendo cómodo y, además, gozó de dos llegadas peligrosas en los primeros cinco minutos de la reanudación, pero los errores de Aránguiz en el medio condenaron a Chile. En el primero, Augusto y Banega, los desaparecidos en el primer tiempo, presionaron para robar el balón y fue Éver quien asistió para Di María. Claudio Bravo, en el primer disparo a puerta que recibía, dio sensación de poder hacer más. En el siguiente error de Aránguiz, Gaitán robó, Di María condujo y asistió y Banega la mandó a guardar.

No solo Aránguiz concedió facilidades al rival, también lo hizo Arturo Vidal. De una pérdida suya ante Augusto vino un nuevo contragolpe casi mortal, en el que Bravo salvó un disparo cruzado de Higuaín. No fue un buen partido para Vidal, que si bien cumplió con la presión y el sacrificio defensivo (mínimo exigible para ser titular en Chile), fue intrascendente en ataque, cometió algunas pérdidas absurdas y estuvo algo protestón. A las ocasiones que empezó a conceder Chile hubo que sumar otro percance: la lesión de Eugenio Mena, reemplazado por Orellana en un cambio muy ofensivo. El celtista, sin embargo, pasó sin pena ni gloria por el partido, errando en sus decisiones y no llegando a disparar desde la frontal en una de las mejores llegadas de Chile en el segundo tiempo. La Roja hizo muchas cosas bien en el partido, pero le faltó mordiente arriba. Vargas casi no participó (tampoco Pinilla tras entrar por él) y Alexis se comportó más como un playmaker, generando para sus compañeros y no tanto apareciendo como un posible finalizador.

Argentina, más confiada tras los goles y viendo cómo se le había puesto el partido, mejoró también en la defensa sobre Marcelo Díaz y Alexis, los dos principales argumentos chilenos. En los últimos minutos, con una Roja más desordenada y volcada al ataque, entraron el Kun reemplazando a un abnegado Higuaín y Lamela por un brillantísimo Di María. La albiceleste las tuvo para marcar todavía más goles, pero el tanto que llegó al final fue el de José Pedro Fuenzalida, que recortó distancias a la salida de una falta aprovechando un insospechado error de Sergio Romero, teniendo en cuenta su gran actuación durante el resto del partido. Aun así, Argentina puede estar muy contenta con el resultado, puesto que se llevó el partido más difícil de la fase de grupos a pesar de no haber jugado brillantemente. Ahora llegan dos rivales asequibles y Messi volverá próximamente al equipo. El Tata puede respirar tranquilo.

Foto de portada: Focus Images Ltd

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