El mejor equipo de América

Arturo Vidal. Foto: Focus Images Ltd

Chile se ha proclamado campeón de América por segundo año consecutivo en una final con un desenlace casi calcado al de 2015. La Roja volvió a empatar a cero contra Argentina y volvió a imponerse en la tanda de penaltis. En esta ocasión, no obstante, el partido fue mucho más accidentado, la Albiceleste estuvo más cerca de la victoria y quedará para la historia el penalti que Messi lanzó a las nubes. Sin embargo, la final de la Copa América Centenario también consolida a Chile como el mejor equipo del continente. Ya no importa quién sea su entrenador, pues la selección chilena es un combinado perfectamente reconocible por su identidad y propuesta de juego. Esta circunstancia, producto del coherente trabajo de los últimos años, es una de sus principales virtudes junto a una generación irrepetible que no se amilana ante ningún reto.

Argentina arrancó el partido con un planteamiento muy agresivo, una presión especialmente llamativa que puso en apuros a la Roja en los primeros compases. La salida en tromba de la Albiceleste, que se disfrazó de Chile en cuanto a idea inicial e intensidad en su ejecución, incluso persiguió a los centrales para dificultar la circulación de balón del vigente campeón continental. La idea de Chile era muy similar, por lo que ambos conjuntos provocaron pérdidas e imprecisiones en un partido en el que las fricciones eran habituales. Este escenario indujo a Medel a perder un balón en la salida de balón en una de las jugadas más decisivas del encuentro. Higuaín le robó la cartera y se plantó solo delante a Bravo, con mucho tiempo para pensar cómo batir al arquero chileno. Y el Pipita volvió a perdonar un mano a mano en una final. Higuaín se entretuvo y resolvió mal la jugada. Se le escurrió otra oportunidad histórica.

Pocos minutos después, Messi forzó la segunda tarjeta amarilla de Marcelo Díaz, que fue expulsado a los 27 minutos. El barcelonista asumió el protagonismo, en especial tras la ocasión fallada por Higuaín, y empezó a tirar del carro argentino. Agarró el balón y provocó varias cartulinas (sobre todo las dos de Díaz) hasta que el colegiado Heber Lopes se convirtió en el centro de todas las miradas. No solo porque la segunda tarjeta a Díaz fuese bastante rigurosa, sino porque empezó a discutir con varios futbolistas y expulsó con roja directa a Rojo antes del descanso en otra decisión controvertida. El encuentro se calentó y este se escapó de su control, del mismo modo que algunos futbolistas se perdieron entre las protestas.

El guion cambió en el segundo tiempo, con ambos equipos con 10 hombres sobre el césped. Nadie gastó el primer cambio, por lo que Mascherano pasó a jugar en el eje de la zaga, con Funes Mori en el lateral zurdo. La reestructuración dejó a Argentina sin nadie capaz de robar la pelota en el centro del campo, más todavía al llegar bastante justos Biglia, Banega y Di María en términos de condición física a la final. Chile empezó a rasear la pelota y a moverla de un lado para otro, con paciencia, pues siempre encontraba al futbolista libre de marca. Argentina perseguía sombras, en una presión desordenada, mientras Chile exhibía todos los conceptos tácticos trabajados a lo largo de la última década. En este apartado, estuvo especialmente acertado Jara en la toma de decisiones con la pelota, pues siempre encontraba al compañero mejor ubicado para recibir en ventaja.

Chile vs Argentina - Football tactics and formations
Así empezó la segunda mitad.

Para neutralizar esta situación el Tata Martino introdujo a Kranevitter, que sustituyó a un gris Di María, con escasa incidencia en el choque y poco acertado en la toma de decisiones con el balón. A pesar de esta modificación para reforzar la medular, Argentina quedó a la merced de una selección chilena que no arriesgaba nunca la pelota. La contrapartida a la apuesta de la reanudación fue que apenas se acercó con peligro al arco defendido por Romero. Las posesiones del vigente campeón continental solo las interrumpía Leo Messi mediante acciones individuales. El “10” apenas recibía apoyos, pues únicamente encontró en Banega a alguien parecido a un amigo con quien asociarse, por lo que lo intentó absolutamente todo.

Messi agarró la pelota, regateó a varios rivales, atrajo a distintos adversarios para soltar la pelota en el momento oportuno para el compañero libre, provocó faltas y en alguna ocasión incluso se las apañó para asistir a Higuaín o el Kun Agüero. Leo ejerció de capitán cuando más corta iba Argentina de fútbol, pero la zaga chilena logró minimizar su impacto con un tremendo esfuerzo colectivo. En especial, brillaron Jara, Vidal y Aránguiz en el trabajo defensivo. A Messi le faltó que alguien le acompañara, puesto que ninguno de sus compatriotas logró intimidar a Bravo con regularidad para dividir la atención de la zaga rival. Messi firmó una gran actuación en la que quizás fue su mejor final con Argentina, pero ni siquiera eso bastó para inclinar la balanza.

Messi. Foto: Focus Images Ltd.
Messi. Foto: Focus Images Ltd.

La mejor ocasión del partido antes de la prórroga la desperdició Chile, cuando Funes Mori bloqueó un disparo de Alexis Sánchez en la frontal del área pequeña. En la prórroga, sin embargo, los roles se intercambiaron y Argentina fue empujando a Chile hacia su propia área. Alexis se quedó sin gasolina mientras Otamendi y Mascherano firmaron unos 30 minutos finales prodigiosos, anticipándose a los delanteros rivales en todos y cada uno de los duelos individuales. Solo así se explica que apenas salieran de su campo con la pelota controlada.

En el tiempo extra el héroe fue Bravo, que detuvo de forma espectacular un cabezazo de Agüero en una jugada a balón parado. El choque parecía destinado a decidirse desde los once metros, como en Santiago de Chile la noche del 4 de julio de 2015. Fallaron los primeros lanzamientos dos de los mejores de la Copa, Vidal y Messi, y a partir de entonces solo Biglia erró su penal. Claudio Bravo lo detuvo para culminar una fantástica actuación que entierra definitivamente en la memoria colectiva varios errores groseros en la fase de grupos, que poco importan una vez Chile se ha proclamado campeón del continente por segundo año consecutivo. Es la consecuencia del trabajo bien hecho.

En cambio, la generación de Leo Messi parece maldita, como los protagonistas de los mitos griegos que se enfrentan al destino una y otra vez para terminar perdiendo siempre ante la severidad de los dioses. Argentina está condenada a escalar una montaña empinada cargando con una piedra cada vez más pesada -que en Rusia ya alcanzará los 25 años de responsabilidad histórica sin títulos- para que se le termine cayendo ladera abajo en el último suspiro. Cuando el equipo se planta en una final y vislumbra la cumbre, se lleva un revés y le toca volver a empezar. Sísifo viste la camiseta albiceleste.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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4 comments

Supongo que se siente fatal, en las finales anteriores siempre se decia que fallaban sus companeros (que en esta tambien fallo Higuain); pero aqui el fue quien fallo, ni hablar, para mi debe seguir intentando, si no va a ser junto con Guardiola (tecnico) senalado que solo sirven para el Barcelona.

Biglia tambien fallo. No quiero meterme en la decision de messi de seguir o no, creo que el es el unico que puede decidir lo que es mas correcto para él. Sin hablar de si falla o no, o de si deberia llevar a otros jugadores (yo creo que si), para mi lo mas preocupante es llegar a una final sin hacer nada. Para mi un par de destellos para ir echando atras los partidos y ir a por el siguiente no es futbol. Han llegado a 3 finales seguidas sin saber a que juegan… desaprovechando una gran generacion… para mi no es culpa de los jugadores sino de la mierda de federacion que ve como cada año tecnicos argentinos son elogiados en otras selecciones o equipos mientras los que tienen para dirigir su combinado no saca ni la mitad que puede ser esta seleccion.

El partido lo perdió Martino con la elección de jugadores para la final, y luego con los desacertados cambios. Nunca supo como resolver el equipo. Y se notó que ante la expulsión, no había un plan B.

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