A Nigeria no le bastó con un Mikel desatado

John Obi Mikel no se pareció al del Chelsea (Foto: Ben Sutherland)

Del Bosque sacó el mismo equipo que ante Uruguay -salvo el portero- y sin embargo el partido no se pareció en nada. Tuvo que ver todo ello con la idiosincrasia del rival: Nigeria, dirigida por un entrenador africano -y no por un europeo que llega a su continente e intenta inculcar de manera exagerada conceptos tácticos que desnaturalizan las virtudes de sus equipos-, es un conjunto valiente. Es tan valiente que no le pide a John Obi Mikel que mantenga la posición y esté pendiente de frenar los contragolpes rivales: le regala la mayor de las libertades y él, con el 10 a la espalda, se siente el crack, el talento, el elegido. Mikel, con su exuberancia, pero también con esa creatividad que aflora en él cuando se suelta y se expresa sin temores ni cadenas, dominó la primera parte. Mikel consiguió que España no jugara a lo que suele jugar. Mikel logró que Xavi, Iniesta, Fàbregas y Busquets no secuestraran la pelota. No: la pelota iba de un lado a otro, a toda velocidad. Era puro frenesí.

 

John Obi Mikel no se pareció al del Chelsea (Foto: Ben Sutherland)
John Obi Mikel no se pareció al del Chelsea (Foto: Ben Sutherland)

Y sin embargo, nadie garantiza que el ida y vuelta vaya a derrotar a España. De hecho, lo más normal es que no sea así. Lo más normal es que España te gane también al ida y vuelta, porque sus atacantes son mejores que los de Nigeria -y eso que Soldado desaprovechó un par de ocasiones muy claras-. En realidad, España ganaba desde casi el inicio del partido, cuando Jordi Alba empezó a anticiparnos que iba a ser el MVP de la tarde de Fortaleza. Fue, pues, con 1-0, cuando Nigeria se vino arriba. Generó una cantidad de llegadas que rara vez se ha visto en un partido de la era de Vicente Del Bosque. Valdés intervino con acierto en algunas de ellas -especialmente en un tiro de Mba-, y en otras fueron los propios africanos los que no acertaron. Con Moses y Emenike, ambos ausentes en esta Copa Confederaciones por lesión, sus opciones de clasificación habrían crecido bastante.

En el descontrol del ritmo alto se sintieron incómodos algunos centrocampistas españoles, pero Pedro Rodríguez se manejó a las mil maravillas. Es lógico que así sea: Pedro no se sabe si es zurdo o si es diestro, y con la selección no se sabe si juega de extremo, de segunda punta o por dónde le da la gana. Así que no necesita que todo esté bajo control: él vive en la abstracción y en la improvisación, y este España-Nigeria pareció gustarle. Le preguntan constantemente si le asusta la llegada de Neymar al Barcelona pero no da la sensación de que tenga que ser él el más preocupado.

Soldado estaba desacertado, así que Del Bosque metió a Torres. Casi en la primera jugada después del cambio, España fabricó la mejor acción colectiva del choque. Intervinieron Pedro y Alba, los mejores del partido, y remató el delantero del Chelsea, que ya lleva cinco en este torneo y ocho en el total de sus participaciones en la Copa Confederaciones -lo que le sitúa a un solo tanto de Cuauhtémoc Blanco y Ronaldinho Gaúcho, los dos máximos anotadores en la historia de la competición-. A partir de aquí, desapareció Nigeria, se evaporó Mikel y Jordi Alba completó su primer doblete como internacional -su primero, de hecho, como futbolista profesional-. España emuló a Brasil en el 9 de 9 y espera retarla en Maracaná. Ambas, sin embargo, tendrán rivales muy cancheros en semifinales.

 

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