Abel y Aguirregaray en el adiós de Tahití

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Como en todos los partidos en los que ha estado involucrado Tahití en esta Copa Confederaciones, de inicio sabíamos que el rival iba a ganar por goleada y sin hacer demasiados esfuerzos. Por saber, sabíamos desde que se sortearon los grupos y el calendario que todos los equipos rotarían ante los francopolinesios. Uruguay no ha sido excepción y ha cumplido con todas estas previsibles premisas: goleó (8-0), dosificó, jugó relajado y rotó. Goleó porque lo necesitaba, para cubrirse las espaldas ante una hipotética victoria nigeriana ante España. Y rotó más que España, pues ninguno de los titulares salió de inicio ante Nigeria en la segunda fecha del grupo.

Óscar Tabárez alineó a 5 no habituales y a 6 debutantes en la Copa Confederaciones, y volvió a cambiar de esquema táctico. En esta ocasión, el técnico charrúa utilizó una especie de 4-3-3 o 4-3-2-1 a lo Prandelli con laterales muy largos como Álvaro Pereira y Aguirregaray, con Eguren en el mediocentro y Gargano junto a Diego Pérez de interiores, con Gastón Ramírez y Lodeiro caídos a las bandas como “volantes no abiertos” y con el rosanero Abel Hernández en punta. Ni rastro de Cavani, Forlán o Luis Suárez. Era el partido para que los suplentes que creyesen merecerlo le diesen motivos al Maestro Tabárez para jugar más con la Celeste. Tahití era un rival apropiado para ello. Eddy Etaeta mantuvo el 5-4-1 con la misma defensa que debutó ante Nigeria. Solo hubo tres cambios trascendentes en su formación. Por un lado, Hnanyine, interior, debutó en la Copa en el doble pivote junto a Caroine, que pasó a ser el mediocentro posicional. Por otro, debutó el que aparente era el tercer portero, Gilbert Meriel. Y por último, Lorenzo Tehau, que ante España estuvo unos minutos de interior, jugó desde el inicio como falso ‘9’ en la punta del ataque, quitándole el sitio a su hermano gemelo Alvin.

A los dos minutos ya mandaban los charrúas con un gol tras un córner de Abel Hernández. Uruguay llevó la iniciativa desde el principio y no le molestó, pues pudo empujar con facilidad y cuando quiso. La Celeste estuvo prácticamente implantada en campo tahitiano todo el primer tiempo. Con el paso de los minutos fuimos descubriendo el comportamiento de los suplentes uruguayos en ataque posicional. Diego Pérez, sorprendentemente alejado de la zona del ‘5’, ayudaba en la salida de balón y en fase defensiva a un Eguren cómodo en la medular y miraba de vez en cuando a la portería tahitiana. Gargano, interior izquierdo, filtraba la mayor cantidad de pases posibles, aunque avanzaba poco hacia el área porque los volantes adaptados le tapaban el camino. Lodeiro, incapaz de estar en la banda, partía siempre hacia el carril central o incluso a la banda de Gastón Ramírez para estar más cómodo. Y Gastón, algo más cómodo en su costado, también buscaba el carril central, aunque de forma menos obsesiva, pues entraba al área bien con movimientos fuera-dentro. Paradójicamente, esa sensación de comodidad en un puesto que no es el suyo hizo que su partido, así como el de Álvaro Pereira, fuese más discreto.

Aunque los grandes protagonistas de esta versión ofensiva Uruguay fueron Matías Aguirregaray y Abel Hernández.

Aguirregaray fue un constante incordio para la zaga de Tahití. Aparecía en ataque una y otra vez, sirviendo centros o incluso adentrándose en el área pegado a la línea de fondo o con movimientos fuera-dentro. Sabe gestionarse muy bien en los tres cuartos de campo, pues en los últimos tiempos ha jugado más de volante que de lateral. Y se le nota. Tiene conocimientos y mecanismos aprendidos para desbordar, profundizar y dañar propios de un volante. Además, utilizaba el espacio que le dejaba Lodeiro al irse hacia el centro, por lo que Uruguay ganaba un rematador extra de sus posibles centros.

Matías Aguirregaray, en Peñarol tras su paso por CFR Cluj, fue uno de los más destacados de Uruguay. Foto: Jimmy Baikovicius.

Abel Hernández fue el nombrado como mejor jugador del choque tras sus 4 goles y su asistencia. Cifras que sirven para reivindicarse e intentar adelantar en la lista de preferidos de Tabárez a Forlán, Cavani o Luis Suárez –junto al que jugó los últimos minutos y al que asistió en el 8-0–. Sus tantos fueron de distintas clases. El 1-0 en un córner que sirve Lodeiro y peina el experimentado central Scotti, el 6-0 de penalti y otros dos apurando al máximo la mal tirada línea del fuera de juego tahitiana para rematar buenos balones puestos por Lodeiro (2-0) y Gargano (4-0). Además, dispuso de alguna ocasión clara para abultar más sus cifras y colocarse como pichichi del torneo pese a ser uno de los 6 debutantes.

Tahití no hizo daño ni tuvo fases de dominio como en el partido ante Nigeria. Chong Hue volvió a ser de nuevo el mejor jugador del lado francopolinesio, aunque tardó en aparecer. Vahirua tuvo algunas acciones sueltas, pero el doble pivote generó nada, los laterales no se incorporaron tanto como otras veces y el falso ’9’ siquiera estuvo cerca de funcionar. Lorenzo Tehau pasó desapercibido y ni generó superioridad en la zona de Eguren en algún contragolpe suelto.  El momento de gloria de Tahití en el partido fue cuando, con 4-0, Meriel –mucho mejor partido que los otros porteros de la expedición– salvó un penalti en dos tiempos lanzado por Scotti y provocado por Aguirregaray. Poco después, Chong Hue provocaría la expulsión de Scotti pero la superioridad numérica le duró 7 minutos a Tahití, hasta que Aguirregaray provocó la falta y la segunda amarilla de Ludivion. Etaeta no cambió el dibujo y se mantuvo con 4 atrás y el falso ‘9’. Tampoco Tabárez fortaleció la defensa, y retrasó a Eguren a la zaga con Coates en un 4-4-1. Poco tiempo después llegaría el 5-0 y Aguirregaray –quién si no– provocaría que el mejor de Tahití, Chong Hue, cometiese penalti en la ayuda defensiva. Y ese no lo falló Abel.

Etaeta acabaría deshaciendo el falso ‘9’ y poniendo a Chong Hue de referencia ofensiva para darle minutos a Atani en la izquierda. Acabó el partido con una especie de 4-1-3-1 atrevidísimo con Tihoni, sustituto de Hnanyine, en la mediapunta. Tabárez solo hizo un cambio: Suárez por Gastón Ramírez. El delantero del Liverpool compartió línea de ataque con Abel en una especie de 4-1-2-1 en el que no había volantes (Lodeiro se centró) pero tampoco se los echaba en falta con las continuas subidas de los laterales. Con ese esquema llegaron los dos goles de Suárez. Uruguay se clasificó para las Semifinales como segunda de grupo, por lo que tendrá que hacerle frente a la anfitriona Brasil.

La grada del Arena Pernambuco de Recife estalló de júbilo con la parada de Meriel en el penalti, al igual que los aficionados locales enloquecieron con el gol de Jonathan Tehau a Nigeria en Belo Horizonte el pasado lunes. Ese cariño y esa sensación de alegría por los tahitianos va más allá de lo que se siente de forma más o menos genérica cuando un equipo pequeño juega contra uno más grande. No se parece tampoco a la filia que el público de Middlesbrough sintió por la peleona (cuartofinalista) Corea del Norte en el Mundial de 1966, porque Tahití siquiera ha llegado a pelear ningún partido. Ante la inferioridad manifiesta no han sido agresivos ni se han sentido impotentes. Han sido tremendamente inferiores a sus rivales pero han conquistado a muchos por hacer gala de su humildad y de incluso su admiración por todos los que estaban junto a ellos. Muchos de los mejores jugadores del mundo y entrenadores de élite han estado junto a ellos por unas semanas porque se lo ganaron en su día. “Nosotros vemos los Mundiales en la televisión. Hoy nos sentimos actores”, decía Etaeta tras el 1-6 ante Nigeria. Han actuado con ellos. Así lo han sentido: se han sentido parte del fútbol.

Podemos debatir sobre nivel deportivo de la Copa Confederaciones, sobre si Australia debe volver a Oceanía, sobre si Oceanía debe fusionarse con Asia o sobre si se debe garantizar el acceso directo de Nueva Zelanda a la Final de la Copa de Oceanía. Pero no está claro que se deba debatir sobre la eliminación de raíz de estos underdogs, a los que les ha tocado la lotería solo por estar en el torneo, y de esa sensación de sentirte parte del mundo. El fútbol ha permitido que se sepa que Tahití existe. Ahora sabemos dónde están, quiénes juegan, cómo juegan y hasta cómo es su cultura. Hemos descubierto desde sus collares característicos y sus saludos hasta los equipos de su liga amateur, su geografía y la relación para con Francia de su país.

El fútbol no solo es espectáculo, también tiene un lado humano. Prueba de ello es que, como mínimo, hemos esbozado una sonrisa al ver cómo los tahitianos les ponían los mencionados collares a sus oponentes en el pasamanos inicial, al ver a todo su cuerpo técnico saludar a Del Bosque uno por uno durante minutos porque para ellos es casi una deidad, al ver el pasillo a un rival que admiran pero que les mete un 10-0, al ver la pancarta con el Obrigado Brasil en su despedida… Se han llevado un rosco y 24 goles en contra, pero han hecho historia igualmente. Se han merecido vivir su sueño. Muy posiblemente no haya una próxima vez. Aun así, hasta la próxima, Tahití.

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