Los planes B y C de Tabárez

Uruguay estaba muy exigida de cara al partido ante Nigeria. Viendo el poderío de España en el primer partido del torneo, la selección charrúa estaba obligada a sacarle algo a Nigeria en el duelo que muy probablemente vaya a definir la segunda plaza del grupo. Pese a que el marcador fue de 2-1 ante la vigente campeona del mundo, las sensaciones del primer tiempo fueron tremendamente negativas, y Tabárez decidió cambiar cosas. Hasta el esquema del rombo. Plan B. De inicio planteó un 3-4-1-2 con Forlán suelto por detrás de Cavani y Luis Suárez. Prescindió de un liviano Gastón Ramírez así como de Diego Pérez y Gargano para colocar a Cristian Rodríguez y Maxi Pereira de carrileros con un doble pivote con Álvaro González (interior) y Egidio Arévalo Ríos (mediocentro). La campeona sudamericana comenzó muy fuerte, presionando bien arriba a una Nigeria que solo varió al ‘9’ (Ideye Brown en detrimento del fallón Ujah) y a uno de los interiores (Ogu por Mba).

Realmente esa presión ayudó a que Uruguay pudiese controlar el partido a su manera. Los charrúas no son dados a la elaboración, por lo que este control se basó en recuperar bien el esférico, ser verticales y conseguir que las posesiones de las Águilas Verdes fuesen lo menos duraderas posibles, y a ser posible que se desarrollasen en zonas de riesgo bajo. Esto fue suficiente para que Forlán apareciese y, en consecuencia, también Cavani y Suárez. Nigeria, impotente por momentos, no era capaz de conseguir que sus tres hombres más adelantados apareciesen. No llegaba siquiera a llevar el balón a campo contrario. Uruguay consiguió adelantarse de forma merecida tras 20 minutos a balón parado con un centro al área de Forlán posterior a un córner que Lugano remata tras fallo de Omeruo y Efe Ambrose.

Es después del gol cuando Uruguay muestra un juego más acorde a su naturaleza. Con el marcador a favor le cede la iniciativa a Nigeria. Incita a que se adentre en campo uruguayo e intente buscar los huecos en mitad de un sistema de repliegue bien cuidado por Tabárez. Forlán pasa a colocarse momentáneamente en el costado izquierdo, trazándose un 3-4-3 que con el lógico retroceso de los carrileros pasaba a ser un 5-2-3. Nigeria tuvo problemas importantes en esa labor de búsqueda. Los de Stephen Keshi apenas le sacaban partido a las escasas incorporaciones de los laterales, y los escasos problemas se los generaban a los charrúas Musa y Oduamadi desde los costados, zonas bien protegidas por centrocampista, carrilero y central de cada perfil. Ante este escenario era fundamental que los interiores llegasen al área desde segunda línea. Romper las líneas por lo sano resulta harto difícil, pero Obi Mikel lo consiguió en una jugada suelta. Un John Obi Mikel que, como se viene apreciando desde hace ya tiempo, pasa de ser el mediocentro posicional del Chelsea al interior con llegada de Nigeria. Ideye Brown se la dejó en una posición favorable para marcarle un golazo a Muslera después de librarse de forma escandalosamente fácil de un Diego Lugano rígido y lento. Empate en el tanteador.

La Celeste vuelve a estar obligada con ese gol encajado a recuperar su versión de los primeros minutos. Además, Tabárez busca acelerar esa recuperación variando el dibujo. Plan C. Acomodó definitivamente a Forlán en la izquierda para tener a los tres delanteros alineados, dejó fijo atrás a Maxi Pereira y mandó a Álvaro González a la derecha. 4-3-3. Este cambio ensanchó la primera línea de presión y permitió que Uruguay tuviese una red de seguridad también más ancha. Ya no eran solo González y Arévalo Ríos, un doble pivote al uso delante de los centrales que no daba para proteger centro y bandas porque los carrileros bajaban. Ahora eran –de derecha a izquierda y en una “V” que se aplana según sea necesario– González, Arévalo Ríos y Cristian Rodríguez, a una altura que le es más natural en fase defensiva.

La actuación de Forlán y el cambio táctico de Tabárez, claves ante Nigeria. Foto: yonolatengo.

En cualquier caso, los beneficios defensivos del cambio de esquema no se verían de inmediato. Se notaría, eso sí, que Uruguay volvía en el minuto 40 a ser la misma del arranque. Una Uruguay que presionaba arriba, peleona, que acortaba las posesiones nigerianas y que se acercaba con hasta 5 hombres al área contraria. Una Uruguay que recuperó motu proprio y demasiado fácil la iniciativa y el control del partido. Y gracias a una pérdida de Ahmed Musa ya en el segundo tiempo pudo elaborar un gran contragolpe protagonizado por los puntas: Suárez para Cavani, Cavani para Forlán. El balón de la derecha a la izquierda. Forlán llegó en carrera por su carril para marcar un golazo. Definición bestial que fulminó a Enyeama.

Y con 1-2, a replegar de nuevo. Iniciativa cedida de nuevo y casi de golpe a los africanos.

Esa decisión podía traer consecuencias negativas como la primera vez que se hizo, pero lo que Nigeria demostró es que una penetración en el entramado defensivo de Tabárez como la de Obi Mikel en el 1-1 era excepcional y tremendamente complicada de repetir. Y más si el interior que acompaña al blue, Ogu, está desaparecido desde el comienzo. Keshi dio importancia a las llegadas de sus interiores y Metió a Sunday Mba por Ogu. Confió en que el joven interior que le dio la Copa África en enero a su selección estuviese igual de inspirado que Obi Mikel en la primera mitad. Pero lo que se apreció es que Obi Mikel se vino abajo y Mba no respondió. Uruguay replegó bien y evitó que Echiéjilé, Ambrose, el ágil Musa y Babatunde –que sustituyó al lesionado Oduamadi– fuesen excesivamente trascendentes. Los interiores ayudaban a los laterales y la Celeste se mostró más compacta tras el cambio de esquema de Tabárez.

Algún balón le llegó a Ideye, pero Uruguay volvió a demostrar que controlaba el partido sin llevar la iniciativa. Amansó a Nigeria, la dejó sin dinamismo y condenada a ser previsible en sus llegadas. Y con ello se llevó su trabajado y merecido premio. Un premio que Tabárez nunca quiso poner en peligro, y que protegió haciendo gala de cautela con una defensa de 5 (sin despliegue de carrileros) en los últimos diez minutos tras la inclusión de Coates por Luis Suárez.

Su clasificación ahora es muy factible, pues a Nigeria le queda España. Y no solo eso, sino que en el caso de que los de Keshi le causen problemas a los de Del Bosque, los uruguayos cierran el grupo contra una Tahití a la que se le puede sacar la diferencia de goles que exija cada situación. Uruguay no es bonita de ver, pero ha demostrado tener una capacidad más que aceptable de gestión de situaciones y un buen sistema de repliegue. Su estilo es igual de legítimo que el resto. Valora la resistencia y defiende sus ventajas. Es un equipo rocoso. Pero es su naturaleza. Y ya les ha dado una buena recompensa.

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